lunes, 26 de marzo de 2012

SIMBOLOS Y AMULETOS


LA TRAMPA DE NEW AGE CONTRA LA FE DE LA IGLESIA CATOLICA

SIMBOLOS Y AMULETOS QUE RECOMIENDA LA NEW AGE | ALIANZA DE AMOR                                                                                                   

A PURA ESPERANZA


La Anunciación del Señor
Evangelio según San Lucas 1, 26-38


(La lectura de la Encarnación del Señor puede resultarnos complicada en estos tiempos cuaresmales, pues por defecto tendemos a mirar solamente los horrores de la Pasión, a revestirnos de ese rictus luctuoso y semifúnebre. La Anunciación del Señor a María se nos hace algo fuera de tiempo, contraria a esta rítmica adquirida durante cuarenta días de cuidadosa elaboración y reflexión.
 
Y si esto así sucede, bendito sea Dios que nos desinstala de todos los supuestos, nos altera las rutinas y jamás dejará de sorprendernos.

La Encarnación y la Pasión del Señor expresan el mismo, único e infinito amor de Dios con nosotros.

Es tiempo santo, momento sagrado. 
 
Es una aldea ignota e insignificante en la historia del pueblo elegido, es un poblado nunca nombrado en las Escrituras, quizás porque la Salvación acontece en donde menos la esperamos, en sitios insospechados o, mejor aún, sospechosos de que nunca nada bueno suceda.
 
Es una muchachita judía, una jovencita campesina que no cuenta para casi nadie, excepto para los ojos de Dios, y que sin embargo cambiará la historia de la humanidad en clave de esperanza y liberación.
 
Hace cosas raras este Dios nuestro. Se comporta como un enamorado, anda pidiendo permiso, saluda con gentileza, no impone ni atropella. Su fuerza de vida, que llamamos Espíritu, es toda delicadeza que nada vulnera, que crea, que invariablemente genera vida, que nunca vulnera sino que plenifica.

Es una muchacha la que decide en nombre de todos nosotros. La creación contiene la respiración, pues Dios salvará si ella dice que sí.
 
Es la conjunción -cónyugues!- eterna de Dios y y los pueblos, ofrenda perpetua para toda mujer y todo hombre a través de toda la historia.
 
Con María y como María, hoy volvemos a decidir si cambiamos el rumbo de este mundo que está tan lejos de ser santo, si nos vamos a permitir que se nos salude desde la alegría y la fidelidad.

Es Dios que se hace vecino, amigo, hermano, un hijo a nuestras puertas. 
 
Asume nuestra frágil y quebradiza condición humana para hacerla plena, para vestirla de eternidad en una confianza inusitada. Es un Dios a pura esperanza, que cree y confía totalmente en nosotros, con una fé diametralmente opuesta a la escasa confianza que solemos depositar en Él y en su proyecto para toda la humanidad.)

Paz y Bien



domingo, 25 de marzo de 2012

FIN DE LOS TIEMPOS


P. ALFREDO SÁENZ, SJ.

Sacerdote jesuita argentino, es entrevistado sobre el tema del Fin de los Tiempos (Roberto O'Farrill - Programa El Pulso de la Fe) el 2 de Marzo del 2008, en México.




Parte 1 de 4 Roberto O'Farril entrevista al Teologo José Alberto Villasana y habla acerca de las diferentes interpretaciones del fin de los tiempos. El pulso de la FE

 

Parte 2 de 3 Roberto O'Farril entrevista a José Alberto Villasana sobre el final de los tiempos y sus interpretaciones


Parte 3 de 3 Roberto O'Farril entrevista al Teologo José Alberto Villasana y habla sobre las interpretaciones del fin de los tiempos. El pulso de la Fe









ADVERTENCIA



ADVERTENCIA SOBRE EL YOGUI SRI SRI SHANKER Y "EL ARTE DE VIVIR"

 EL YOGUI SRI SRI SHANKER Y "EL ARTE DE VIVIR"

Autor: Julio de la Vega-Hazas Ramírez. Miembro de la RIES. Sacerdote español del Opus Dei y Doctor en Teología. Julio de la Vega-Hazas está especializado en moral y en sectas, de hecho, uno de sus libros se titula "El complejo mundo de las sectas". | Fuente: Aci




¿QUIÉN ES SRI SRI RAVI SHANKAR?

En febrero de 2008, el entierro de Maharishi Mahesh Yogi acabó por despejar las dudas sobre la naturaleza de sus enseñanzas a quien todavía pudiera tenerlas. Falleció en Holanda, pero sus restos fueron trasladados a orillas del Ganges para recibir el homenaje que correspondía a lo que en verdad era, un gurú hindú. Su criatura, Meditación Trascendental (MT), era un vehículo de transmisión de su religión, el hinduismo, en Occidente, disfrazado de técnicas de meditación para combatir el estrés. Su presentación como técnica ajena a cualquier religión atraía personas y abría puertas que hubieran permanecido cerradas ante algo con etiqueta religiosa. Pero, en realidad, el “estrés” del que liberaba no era para Maharishi otra cosa que el karma hindú –la carga negativa acumulada tanto de la actual como de pasadas vidas-, y justificaba su posición ante sus correligionarios diciendo que “Occidente todavía no está preparado para la verdad”.
 
Una personalidad como de la Maharishi difícilmente puede preparar un sucesor con el mismo empuje. MT tiene un sucesor al frente de su entidad –Maharaja Nader Raam-, pero posiblemente su principal continuador haya que verlo fuera de esa institución. Sri Sri Ravi Shankar se inició con Maharishi Mahesh Yogi, pero pronto le abandonó para crear su propio grupo, El arte de vivir (AV). Ravi Shankar está mostrando el mismo empuje que Maharishi tuvo en los años 70, y AV se ha convertido en el gurú que más dinero controla desde su institución. Ha podido hablar en lugares tan insólitos como el parlamento etíope o Iraq, e incluso ha visitado Pakistán, algo verdaderamente insólito para un personaje de este tipo. A la vez, es difícil encontrar alguien sobre quien se emitan valoraciones tan dispares. Para unos, es una verdadera encarnación de un santón de la India; para otros, alguien que ha dado con algo verdaderamente útil para el acelerado hombre moderno, o bien un charlatán que sólo vende humo a quien se deja engañar, un actor que sólo busca ganar dinero con un show que no se diferencia mucho de vender un elixir milagroso, un exponente del NewAge o simplemente “otro gurú oriental”. De ahí que surja la pregunta: ¿quién es realmente Sri Sri Ravi Shankar? ¿Encaja en alguna de estas etiquetas, es una mezcla de todo esto o es algo distinto? Lo cierto es que no resulta fácil responder por lo resbaladizo del personaje, pero intentaremos dar una respuesta, utilizando la vía que a mi juicio es más clarificadora a este respecto: la comparación con su maestro, Maharishi Mahesh Yogi.

Una primera semejanza radica en lo más aparente: la imagen. Maharishi, en los años 60 y 70, adoptó una estética bastante al gusto de lo que entonces era la modernidad hippy, con un aspecto de hombre tranquilo que ha encontrado la paz. Shankar la ha adaptado a la mentalidad actual, de forma que se presenta como el hombre tranquilo que ha encontrado el secreto de la salud, tanto física como mental. Tanto en uno como en otro la imagen se ha cuidado hasta el extremo, de forma que es poco menos que imposible saber a ciencia cierta quién se oculta tras el estereotipo mostrado. Shankar, nacido en 1956, continuamente presume de tener más edad de la que aparenta, aunque lo cierto es que, sin el “arreglo” con el que se deja ver –sobre todo, con la barba teñida de negro-, aparenta la edad que tiene. Más difícil de creer es que duerma tres horas al día y que su estado interior sea el de un niño, como también manifiesta con frecuencia. Lo único que se puede concluir con certeza es que todo esto es fruto de una cuidadosa operación de imagen, airada una y otra vez por una propaganda incesante.

Más importante es la presentación, no ya de la persona, sino del “producto•”. Maharishi ofrecía una sencilla meditación en la que, en un principio, se trataba de repetir unas palabras que permitían al sujeto armonizar su interior. El yogui aseguraba que era una técnica sin significado religioso, pero en realidad las palabras eran términos sánscritos con significado religioso (se defendía diciendo “pero no para los meditantes”). Shankar ofrece unas técnicas respiratorias con las que se puede eliminar el estrés y sentirse bien. En principio las técnicas de respiración no tienen idioma ni religión, pero los dos coinciden en el objetivo –el estrés-, y es más significativo de lo que parece a primera vista que Shankar hable de “arrojar fuera” el estrés. Se refiere al mismo como si fuera no tanto un estado anímico o nervioso, sino como algo con una cierta entidad propia que uno lleva dentro y que debe expulsarse mediante la debida técnica. O sea, de modo más disimulado aún que en Maharishi, nos encontramos de nuevo con el karma hindú, debidamente presentado con un estudiado envoltorio occidental y aséptico.

Otra característica común es lo esquivos que se han mostrado ambos cuando se les pregunta por el carácter religioso de su enseñanza. La salida más frecuente es decir que se trata de cosas perfectamente compatibles con cualquier religión, de forma que quien atienda sus cursillos no tiene ninguna necesidad de abandonar su religión. La respuesta tiene su truco. Para un occidental, decir que algo es compatible con cualquier credo religioso connota que se trata de algo no religioso por ser “neutral”. Para un hindú eso no es así. Las religiones orientales son bastante sincretistas: tienden a ver como asimilable todo lo que viene de otra parte. Aunque, claro está, asimilable no es lo mismo que compatible. Por eso lo que sucede es que cualquier otro credo se ve desfigurado en sus contenidos, aunque se mantenga en lo posible su terminología. Con respecto al cristianismo, por ejemplo, se puede mantener la afirmación de la divinidad de Jesucristo... sólo que en el mismo sentido en que es divino el gurú de turno. Y, sobre esto último, conviene fijarse en el título adoptado por Shankar. “Sri” significa “señor”, y el líder de AV afirma que su repetición obedece al deseo de distinguirse del músico llamado Sri Ravi Shankar. Pero lo cierto es que podía haber marcado la diferencia de muchos modos, y la repetición del término lo convierte en un superlativo utilizado para referirse a la divinidad. De hecho, hay testimonios suficientes de que, dentro de su organización, Shankar es aclamado como lo que en realidad quiere ser: un líder religioso divinizado por sus seguidores. También aquí hay un paralelismo con Maharishi.

Todas estas semejanzas, claro está, no son casualidad. Shankar estuvo poco tiempo con Maharishi, pero el suficiente para aprender bien la sustancia de MT. Su semblanza oficial –una verdadera hagiografía- señala que Shankar ya sabía de memoria el Bhagavad Gita –el largo poema que constituye el principal de los escritos védicos- a los cuatro años. Pero su hermana no tiene empacho en declarar que detesta la lectura: “Nunca ha leído un libro; lee una página y ya se queda dormido”. ¿Dónde ha aprendido, pues? Sólo cabe una respuesta: de Maharishi. Los dos han demostrado ser sujetos inteligentes y astutos. Los dos han demostrado ser ególatras. Por eso no podían estar juntos mucho tiempo. Shankar, cuando estimó que ya había aprendido lo suficiente, se fue. Por los testimonios familiares que conocemos, lo que mostró desde la infancia no era un conocimiento del Bhagavad Gita, sino una ambición desmedida, una buena inteligencia y un temperamento audaz, que le impulsaba a arriesgar para conseguir lo que quería. Dejó los estudios –con esa afición por la lectura no es de extrañar-, dejó su primer trabajo, dejó a Maharishi... y acabó saliéndose con la suya. 

En Occidente, con frecuencia, las organizaciones religiosas venidas de la India son catalogadas como sectas, como movimientos new age o como negocios, y se les aplican los correspondientes esquemas, que suelen ser incompletos, cuando no simplemente falsos. Lo que más raramente se hace es algo que resulta muy esclarecedor al respecto: ver qué se piensa en la India. AV tiene su sede principal en las afueras de Bangalore. Allí tiene su ashram, sólo que no coincide con la idea tradicional que evoca este término, la de una finca en la que se encuentra una comunidad monástica o semimonástica que vive de la tierra (en régimen vegetariano). Incluye una zona residencial con un lago artificial, helipuerto, grandes comedores, cibercafés, librería, farmacias, y la sede de un canal de radio difundido por satélite. Pero lo más llamativo es que no se trata de un caso aislado. Otras organizaciones, algunas desconocidas fuera de la India y otras bien conocidas (Osho, ISKCON), mueven mucho dinero, y AV figura en cabeza. La entrada a las festividades anuales del grupo cuesta cinco mil rupias. La clientela más buscada es la nueva clase económicamente desahogada creada con el rápido crecimiento económico en la India. Aquí es donde se ve con más claridad que las técnicas de respiración no van solas. Lo que se ofrece, de una manera u otra y en todas partes, es solaz y meditación. Las declaraciones mismas de Shankar, si se examinan detenidamente, incluyen la meditación en su oferta. Como ocurre en MT con los breves mantras, los ejercicios respiratorios no son más que el principio. ¿De qué? Pues de algo que se puede resumir con una sola palabra: yoga. 

En la India no se ponen objeciones a que montajes religiosos ganen millones de dólares, y menos aún cuando, como suele ocurrir –y AV no es una excepción-, financian algunas obras asistenciales y educativas. En 2005, una santona de Kerala, Amma Amritanandamayi, se permitió el lujo de donar un millón de dólares para los damnificados del huracán Katrina en Estados Unidos. Cuando los precios son altos o incluso disparatados, tampoco se oculta. A la entrada del ashram de un gurú llamado Baba Ramdev hay un gran cartel que dice: “Miembro ordinario: 11.000 rupias; miembro de honor: 21.000 rupias; miembro especial: 51.000 rupias; miembro de por vida: 100.000 rupias; miembro reservado: 251.000 rupias; miembro fundador: 500.000 rupias” (diez mil rupias equivalen a unos 250 dólares). No se suelen poner reparos a que la vida de estos maestros pueda estar rodeada de lujo. Lo que sí se cuestiona, y mucho, es la autenticidad de los gurúes y sus movimientos. Sin algo parecido a una iglesia que controle de alguna forma a los “hombres de Dios”, cualquiera puede instalar su tienda. Y hay de todo: desde verdaderos estudiosos que viven lo que enseñan, hasta embaucadores que prácticamente no han invertido ni un minuto en meditación yóguica. Ravi Shankar no se ha librado de la polémica. Tiene enfervorizados seguidores que le veneran como un ser divino, y tiene detractores que le ven como el prototipo de curandero charlatán, un “tranquilizante de ricos” que ofrece “conciencia cósmica en cuatro fáciles lecciones”; en resumidas cuentas, un timo. ¿Cuál es la realidad? Es cierto que ha aprendido algunas técnicas de su mentor Maharashi, pero también lo es que difícilmente puede dedicarse en serio a la meditación quien se muestra incapaz de dedicar un cuarto de hora a la lectura. Además, como sucedía con Maharishi, se echa en falta el poder ver o conocer algo más del personaje que una cuidadosa puesta en escena. 

De todas formas, por poner un ejemplo comparativo, si encontráramos una academia de idiomas que promete milagrosos dominios del inglés en cuatro meses y sin esfuerzo, lo cierto es que, bien o mal, lo que enseña es inglés. Por su parte, lo que propaga Shankar, ¿es o no una religión? Cuestionado sobre ello, hace gala de una calculada ambigüedad: su respuesta es que no se trata de religión, sino de espiritualidad. Esto tiene un muy buen cartel en una sociedad occidental en la que muchas personas quieren lo que podríamos denominar efectos benéficos de la religión en el espíritu, pero sin religión, sin el compromiso moral con una fe y unas normas morales. Se crea así una demanda de sosiego espiritual tomado como un producto de mercado más. Quien lo ofrezca con poco esfuerzo y sin compromiso tiene atractivo, y para muchas de estas personas el coste económico es lo de menos, de forma que pagan con gusto los 375 dólares que cuesta el curso semanal (22 horas) de respiración de Ravi Shankar. Eso sí, hay que hacerlo bien, con un buen marketing, pues hay bastante competencia en un mercado que, sólo en Estados Unidos, mueve seis mil millones de dólares al año. Ahora bien, una cosa es cómo se mira en Occidente, y otra en Oriente. Shankar afirma que las religiones son como la piel de banana, mientras que la espiritualidad es la banana misma, lo comestible. Esto coincide bien con la visión que se tiene desde el hinduismo de las iglesias cristianas y otras religiones. El hinduismo no tiene una estructura centralizada, ni un credo o una moral perfectamente establecidos. Tiene una colección de escritos antiguos, unas cuantas ideas comunes que se desprenden de los mismos, unos maestros que surgen, vienen y van... y una meditación. Cuando Shankar desprecia como una cáscara inútil la organización que tienen otros, está haciendo una apología de su propia religión. 

Ahora bien, ¿se trata de hinduismo o de un exponente de new age? La clave es lo que hay que entender por yoga. Está muy extendida la idea de que se trata de una técnica de relajación, o una técnica de meditación cuyo contenido puede ponerlo cada uno a su gusto, siendo así compatible con cualquier creencia. En una palabra, método, no sustancia. Sin embargo, basta con leer el capítulo 6º del Bhagavad Gita para desmentirlo. Ya al principio se lee lo siguiente: “Lo que se denomina renuncia, debes saber que es lo mismo que el yoga, o el vincularse con el Supremo, ¡oh, hijo de Pandu!, porque jamás puede uno convertirse en yogui, a menos que renuncie al deseo de complacer los sentidos” (n.2). La relajación corporal no se contempla aquí como un fin en sí mismo, sino como un medio para algo de otro orden: “Uno debe mantener el cuerpo, el cuello y la cabeza erguidos en línea recta, y mirar fijamente la punta de la nariz. De ese modo, con la mente tranquila y sometida, libre de temor y completamente libre de la vida sexual, se debe meditar en Mí en el corazón y convertirme en la meta última de la vida” (nn.13-14). En el hinduismo, esa unión final –fusión- con el infinito que pregona no se consigue precisamente con unas técnicas de respiración, sino que tiene un coste ascético mucho mayor: “Practicando así un control constante del cuerpo, la mente y las actividades, el yogui, con la mente regulada, llega al cielo espiritual mediante el cese de la existencia material” (n.15). Este cese de la existencia material es el nirvana, algo bastante distinto a ese estado placentero que creen algunos. Sí que se considera como algo placentero, pero a la vez extático; es decir, que exige un ejercicio continuo para desprenderse de todo lo sensorial, por “vaciar” los sentidos, y eso es precisamente el yoga, Así se entiende otro versículo del mismo texto: “Se dice que una persona está elevada al yoga cuando, habiendo renunciado a todos los deseos materiales, ni actúa para complacer los sentidos, ni se ocupa en actividades fruitivas” (n.4). La idea se remacha en varias ocasiones, como por ejemplo en este otro versículo: “Cuando un yogui disciplina sus actividades mentales mediante la práctica del yoga y se sitúa en la trascendencia, libre de todos los deseos materiales, se dice que él está bien establecido en el yoga” (n.18). El Bhagavad Gita reconoce que se trata de un ejercicio muy difícil, pero para quien se queda en el camino sin conseguirlo tiene un consuelo: tendrá en el futuro reencarnaciones muy favorables, que le facilitarán poder continuar donde lo ha dejado. 

Quien conozca bien la historia del pensamiento sabrá que el método es inseparable de la sustancia, por la sencilla razón de que el primero es la vía racional para llegar a la segunda. Pero, en todo caso, esto tiene poco que ver con el New Age y la vida fácil que proclama. En algún aspecto, es la antítesis, pues el bienestar que persigue este último es precisamente aquello de lo que debe desprenderse quien quiera alcanzar el nirvana. Lo que ocurre es que se da una extraña simbiosis entre los dos términos. El movimiento New Age siempre ha tenido un ojo puesto en Oriente, para sacar de ahí elementos que concordaban con esa especie de neopaganismo difuso que propugna. El panteísmo –no muy claro en su conceptuación, como suele suceder con los panteísmos- hindú se transforma así en culto a la diosa naturaleza, mientras que la meditación queda convertida en técnica de autoayuda. A su vez, el hinduismo, con su sincretismo, su flexibilidad para adoptar elementos extraños y su facilidad de hacer malabarismos con los términos, se aprovecha de ello para presentarse como un producto arreligioso coincidente con la moda intelectual y disfrazar su oferta de acuerdo con ello. Maharishi y Shankar son buenos ejemplos, pero desde luego no los únicos ni los primeros, ni probablemente sean los últimos. Para complicar el panorama, a esto hay que añadir los rasgos personales de cada grupo u organización, que casi siempre son un reflejo de la persona que lo ha creado. Un mercado tan suculento en el que se ha convertido todo lo que suena a técnica fácil de autoayuda es muy tentador, tanto en Occidente como en Oriente, y no debe extrañar por tanto que proliferen charlatanes, farsantes y vendedores de “elixires” milagrosos. En la India más de uno señala a Ravi Shankar como vendedor de “jarabe de yoga”, lo que puede ser un etiquetado bastante bueno. Desde luego, lo que se ve muestra más a un actor que a un profundo meditante o un asceta que recorre la senda señalada por la literatura védica. 

¿Cuál es el secreto del éxito de Shankar, si es que hay alguno? En realidad, está a la vista. Preguntado por Maharishi a la muerte de éste, Shankar se limitó a decir, un tanto misteriosamente, que había perdido realismo. ¿Qué quería decir? Maharishi había querido conducir a todo el mundo, sin que en un principio fueran conscientes de ello, por su senda yóguica, y soñaba con una “conciencia cósmica” que armonizara el mundo. Pero no parecía querer darse cuenta del todo que la inmensa mayoría de los que acudían a sus cursos de MT no querían eso, y el conflicto surgía cuando se enteraban de a dónde los quería llevar. El realismo de Shankar es que se limita a dar lo que buscan. Y lo que buscan es una técnica de relajación para sentirse bien. El yoga no es eso, pero indudablemente incluye eso. Sólo unos pocos –y más en la India, lógicamente- quieren algo más, y Shankar también se lo da, lo viva él o no. Para él, es una necesidad: su organización necesita un “núcleo duro” si quiere mantener una respetabilidad, especialmente en su propia tierra. 

Por lo demás, ¿cuál es el efecto de sus cursillos? En un mundo de prisas, que parece haber adquirido un aborrecimiento al silencio y a meditar, un rato de ello tiene necesariamente que sentar bien. Lo que sucede es que la gente suele intuir que en el silencio y el ambiente de reflexión surgen cuestiones muy comprometedoras, sobre todo acerca del sentido mismo de la vida. Por eso lo rehuyen. Y Shankar tiene éxito porque lo ofrece eludiendo todo compromiso: es sólo una técnica. Pero, a la vez, no deja de ser un sucedáneo, y ocurre como con todo sucedáneo: da el pego en un principio, pero no tarda en revelarse como una falsificación. Lo que imparte AV viene así a ser como una pastilla o un sedante: tiene un efecto inmediato positivo, pero efímero. Al poco se pone de manifiesto que es un parche, no una solución. ¿Engaña Shankar? Quizás sí, pero a quienes buscan ser engañados, a quienes van en busca de la receta mágica en vez de encarar sus problemas y las auténticas soluciones a los mismos. Sri Sri Ravi Shankar lo que da es, efectivamente, “jarabe de yoga”.


¡Ayúdenos a meter los valores al cine!

¿GURÚ O JESÚS?

 IMPACTANTE CONVERSIÓN DE DISCÍPULO HINDÚ; HOY, SACERDOTE CATÓLICO

Por Jaime Duarte Mtz

El sacerdote belga José María Verlinde (Doctor en Filosofía y Teología) y autor del libro "La experiencia prohibida", nos cuenta en este IMPACTANTE video su experiencia de búsqueda de sentido, de Cristo en su vida (más bien, de cómo Cristo lo buscó hasta Oriente).

Entre otras cosas, habla de cómo en 1968 -época de gran efervescencia y de movimientos de protesta- cuando era investigador de química nuclear se inició en las ideas hindúes (como meditación). Luego, se convirtió hasta en secretario particular del gurú de los Beatles Maharishi Mahesh Yogi, con quien practicó el Yoga y la "meditación trascendental"; así, 
como discípulo suyo viajó con este casi tres veces por todo el mundo.

 
Más adelante, en su camino de encuentro y conversión con Jesús, se vio involucrado en prácticas ocultas (como "curaciones energéticas", horóscopos, magia y brujería). Así, fue médium y fue engañado por gente esotérica, quien le decía que esos poderes venían de "ángeles" o "entidades" espirituales. Sin embargo, descubrió que eran en realidad... demonios.


Tras muchas oraciones, fue liberado de esos poderes e influencia maligna. Así, continuó su caminar, sintió el llamado a la vida sacerdotal y en 1983 fue ordenando sacerdote. Actualmente es
 prior de la comunidad monástica de la Familia de San José, en Francia, y hoy da testimonio de su experiencia a todo el mundo.

Oremos porque Jesús se encuentre con todos aquellos que se han apartado de su camino de Amor y Salvación.


 

 

 

sábado, 24 de marzo de 2012

FELIZ DIA AL COMUNICADOR DEL EVANGELIO


COMUNICADOR DEL EVANGELIO, MIL FELICIDADES HOY TU DIA

Marzo 24



Padre de bondad,
Tú en el principio eres Palabra
que alienta la Creación y la santifica,
eres la Voz que conduce a tu pueblo,
Voz a través de muchas voces.

En tu infinito amor, Padre,
nos regalas a tu Hijo, que es la gran Buena Noticia
para los hombres y mujeres de buena voluntad.

En tu Iglesia, Padre,
reconocemos la presencia del Espíritu,
la luz que alumbra nuestras voces en el camino hacia Ti.

Nos escogiste, Señor,
para unir y hacer común,
para entregar y multiplicar,
en todas las verdades, la única verdad.

Haznos pregoneros del amor,
comunicadores de la paz,
sembradores de esperanza.
Ayúdanos a descubrir tu rostro
en la historia diaria de nuestro mundo.

No nos dejes perder nunca el asombro,
fortalécenos frente a la fatalidad y la desesperanza,
haz que busquemos la verdad con inagotable sed de Ti,
y que siempre estemos cerca de los pobres y marginados,
de los que sufren y no tienen voz.

Danos, Señor, la humildad de nuestra Madre, María,
para hacer de nuestras vidas instrumentos de tu amor. 

Amén.

jueves, 22 de marzo de 2012

JÉRÔME LEJEUNE


Dr. Jérôme LejeuneJérôme Lejeune nació en París en 1926. Estudió medicina y a los 32 años de edad, en 1958, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21. Este descubrimiento le valió ser galardonado con el prestigioso premio Kennedy en 1962.

En ese mismo año, fue designado como experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se crea para él, en la Facultad de Medicina de la Sorbona, la primera cátedra de Genética fundamental.

El Dr. Jérôme Lejeune era reconocido por todos, tanto por su fidelidad a la Iglesia como por su excelencia como científico. Se esperaba que recibiera el Premio Nobel. Pero en 1970 se opuso firmemente al proyecto de ley de aborto terapéutico de Francia. Esto causó que cayese en desgracia ante el mundo progresista. Prefirió mantenerse en gracia ante la verdad y ante Dios: matar a un niño por estar enfermo es un asesinato. Siempre utilizó argumentos racionales fundamentados en la ciencia.

Llevó la causa pro vida a las Naciones Unidas. Se refirió a la Organización Mundial de la Salud diciendo: “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribe a su mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio Nobel”. Tenía razón, ya que nunca se lo dieron. No querían a un científico que se opusiera a la agenda abortista.

Lejeune también rechazó los conceptos ideológicos que se utilizan para justificar el aborto, como el de "pre-embrión".

Juan Pablo II reconoció la excelencia del Dr. Lejeune nombrándolo Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el 26 de febrero de 1994. Murió el 3 de abril del mismo año, un Domingo de Pascua.

Con motivo de su muerte, Juan Pablo II escribió al Cardenal Lustinger de Paris diciendo: “En su condición de científico y biólogo era una apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”.

El 22 de agosto de 1997, el Papa Juan Pablo II quiso acercarse al cementerio de Chalo-Saint-Mars, para orar ante el sepulcro del Dr. Lejeune. Cuando su esposa agradeció a Juan Pablo II ese gran gesto, el Papa le respondió: “Señora Lejeune: doy gracias a Dios por todo el bien que hizo su esposo, y por haber podido realizar hoy aquí, mi deseo de rendirle homenaje”. La sintonía con el Papa Juan Pablo II era bien conocida. El día en que Juan Pablo II sufrió un atentado, el 13 de mayo de 1981, habían almorzado juntos el Papa y el matrimonio Lejeune. Cuando la pareja regresó en avión a su país, se enteraron del atentado y el Dr. Lejeune cayó enfermo. Curiosamente, fue dado de alta el mismo día en que el Pontífice dejó el hospital.

El doctor Jérôme Lejeune fue invitado por el Senado de Francia tres años antes de su muerte, para que ofreciese su documentada opinión sobre el tema del aborto. Una de las opiniones fuertemente arraigada en dicha cámara, era la que sostenía que hay embarazos que deben ser interrumpidos, cuando los antecedentes o el pronóstico parecen ser irreversiblemente malos. Cuando se le otorgó la palabra al Dr. Lejeune, planteó un caso: "Tenemos un matrimonio en el que el marido es sifilítico terciario incurable, y además decididamente alcohólico. La mujer está desnutrida y sufre tuberculosis avanzada. El primer hijo de esa pareja muere al nacer; el segundo sobrevive, pero con serios defectos congénitos. Al tercer hijo le ocurre lo mismo y se le suma el hecho de ser infradotado mentalmente. La mujer queda embarazada por cuarta vez. ¿Qué aconsejan ustedes hacer en un caso así?". Un senador del bloque socialista manifestó categóricamente que la única solución para evitar males mayores, era practicar un "aborto terapéutico" inmediato. Lejeune hizo un largo y notorio silencio; bajó la cabeza por unos segundos en medio de su expectante mutismo; volvió a alzarla y dijo: "Señores Senadores, pónganse de pie, porque este caballero acaba de matar a Ludwig van Beethoven".

En la XIII Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, el 25 de Febrero de 2007, se anunció la apertura de la causa de beatificación del Profesor Jerome LeJeune.

El 11 de abril de 2012, en la catedral de Notre-Dame, la diócesis de París celebrará el final de la encuesta diocesana de la causa de beatificación y canonización de Jérôme Lejeune.

ENTREVISTA

Clara Lejeune-Gaymard En 2011, Clara Lejeune-Gaymard, hija del doctor Lejeune, concedió una entrevista a Carrie Gress, de Zenit, con motivo de de la publicación del libro "Life is a blessing: Biografía de Jérôme Lejeune", cuya autora es Clara. "Mi padre siempre dijo que un niño con Síndrome de Down es más niño que otros", dice la hija de quien fue íntimo amigo y colaborador de Juan Pablo II. Y asegura que "se gasta mucho dinero en realizar el diagnóstico y en matarlos, hasta tal punto que si pudiéramos tener sólo un 10% de este dinero para investigación,podríamos haber conseguido ya lacura". Jérôme Lejeune había comido y departido con Juan Pablo II los trazos de la Evangelium vitae el 13 de mayo de 1981, el fatídico día del atentado. A continuación, podrán leer el artículo.

- Su padre fue el renombrado científico de genética de Francia, quien viajó por el mundo dando a conocer sus numerosos descubrimientos científicos, incluyendo el origen genético del Síndrome de Down. ¿Por qué su nombre no es muy conocido por su importante trabajo?

Clare Lejeune: Es una buena pregunta.

Cuando él hizo el descubrimiento de la trisomía 21 lo podría haber llamado “Lejeune” como hacen muchos científicos cuando realizan descubrimientos. Pero él no era ese tipo de hombre y pretendía realizar dos cosas.

La primera tenía que ver con todas las cosas humillantes que se decían sobre los niños con síndrome de Down, como que la madre había tenido un mal comportamiento sexual o que su herencia familiar era mala.

Estos niños eran escondidos, especialmente en Francia o el resto de Europa. Él quiso devolver su dignidad a estos niños y a sus padres diciéndoles que estaba en su código genético y que no venía de familia ni de un mal comportamiento.

También fue la primera vez que se descubrió que una enfermedad podía venir del código genético, de manera que se abría la puerta a la medicina genética y a la comprensión de que un cromosoma podía ser la causa de una enfermedad.
Sólo seis meses antes del descubrimiento, se decía que era imposible que el código genético pudiera causar una enfermedad. Así que él consiguió la prueba de lo contrario.

Y la segunda cosa que quería era proteger a los no nacidos.
Era muy conocido en Francia y muy conocido también en la comunidad científica porque ayudó a construir la primera cátedra conocida en genética en Israel y en España y trabajó con científicos en Estados Unidos. En Francia participó siempre como columnista en la prensa sobre cuestiones genéticas.

En 1969, comenzó la campaña del aborto en Europa, Francia y Estados Unidos. Y desde que él se declaró en contra, se le cerraron todas las puertas. Ya no formó parte de la actualidad. Nadie lo quiso entrevistar cuando realizó su descubrimiento.
Creo que en 1971fue a Estados Unidos y realizó un discurso en el National Institute for Health y después de esto mandó un mensaje a mi madre diciendo: “Hoy he perdido mi Premio Nobel”. En el discurso él habló sobre el aborto, diciendo, “ustedes están transformando su instituto de salud en un instituto de muerte”. Y esto no fue bien acogido.

- El libro sobre la vida de su padre es una serie de instantáneas de la vida de su familia que ilumina no sólo el trabajo científico de su padre, también su profunda fe. ¿Qué le hizo decidir escribir sobre él con este estilo?

Clare Lejeune: Yo estaba embarazada cuando él estaba enfermo, esperando a mi sexto hijo, y durante este tiempo esperaba que él pudiese vivir los suficiente para poder conocer a mi hija. Él murió el 3 de abril y ella nació el 13 de abril, así que nunca llegó a conocer a su abuelo.
Antes de morir le pregunté si me daba permiso para escribir un libro sobre él. Aunque temía que dijese que no ya que era un hombre muy humilde, sin embargo él contestó: “Haz lo que quieras. Si quieres dar testimonio de la vida del niño con síndrome de Down, haz lo que quieras”.

Tenía claro que quería escribir algo para mi pequeña. Al principio escribí treinta hojas y cuando fuimos de vacaciones con un periodista le conté que estaba escribiendo un libro para que mi hija pudiese conocer a su abuelo. Él las leyó y me dijo que debería escribir un libro.

El modo en que quería escribirlo no era el de la biografía cronológica, sino como retratos diferentes de una persona. Hay un capítulo sobre nuestra vida en Dinamarca, uno sobre él como médico, otro como cristiano.

Cada capítulo es una pieza diferente del puzzle y al final te encuentras con el retrato de la persona entera.

- Su padre sufrió mucho en su carrera por su postura pro-vida.
¿Se basaban sus convicciones sólo en su fe o también se apoyaba en su investigación científica?

Clare Lejeune: Principalmente en que era médico, no en su fe. Cuando eres médico has jurado el Juramento Hipocrático de no hacer daño. Y él siempre decía que el respeto a la vida no tenía nada que ver con la fe, aunque, por supuesto, está en la fe el respetar la vida.

Por eso fue tan odiado por los partidarios del aborto. Era difícil luchar contra él porque sus argumentos eran de base científica.
Quiso explicar que la vida comenzaba en la concepción, él quiso contar una historia que fuese inteligible para todos, como Pulgarcito. Esta es una historia para niños o una leyenda, pero es una realidad.

Es muy raro que la humanidad haya sido capaz de contar una historia así sin saber si era verdad, porque cuando se escribió no había fotos de bebés en el útero.

La vida comienza en el mismo instante de la concepción cuando los genes de la madre y los del padre se unen para formar un nuevo ser humano que es absolutamente único.

Todo el patrimonio genético está ya allí. Es como la música de Mozart en la partitura. La vida entera está ya ahí.
A los dos meses, el embrión lo tiene todo, las manos, los ojos, el cuerpo. Es un cuerpo muy pequeño, pero después de dos meses lo único que hace es crecer. Si se pudiese coger el mismo dedo pequeño, se podría observar su huella dactilar.

Muchos investigadores mantienen distancias con aquellos cuya vida afecta a su trabajo. Su padre parecía tener un enfoque distinto. ¿Cómo era su relación con los pacientes y sus familias?

Clare Lejeune: Cuando él se convirtió en doctor, su primer trabajo fue en un hospital donde él vio a un niño con síndrome Down.

Entonces fue cuando decidió que quería saber por qué tenían una cara especial y todo lo demás. Se podría decir que esta fue realmente su vocación. Realmente quería encontrara una manera de tratarlos y a esto dedicó su investigación.

El hizo este descubrimiento porque amaba a estos niños y a sus familias y quería ayudarles.

No fue consecuencia de este descubrimiento el querer cuidar a los niños de síndrome Down, sino que fue al revé, porque él quería cuidar a estos niños, realizó este descubrimiento. Y esto explica su relación con ellos.

Después de su muerte, su familia creó una fundación para continuar su trabajo, especialmente el de encontrar una cura para el síndrome Down. ¿Qué hace esta fundación y cómo trabaja?

Clare Lejeune: Mi padre quiso crear esta fundación cuando todavía estaba vivo, porque él sabía que tendría que retirarse y quería que su investigación continuase. Al principio fue su proyecto.

El día antes de morir, fui a verlo y me dijo que estaba muy triste por sus pacientes, porque ellos no entenderían que los había tenido que dejar. Dijo: “los estoy abandonando y ellos no van a entender porque ya no estaré con ellos nunca más”.

Yo le contesté: “Ellos lo entenderán. Lo entenderán mejor que nosotros”.

Y me dijo: “No, ellos no lo entenderán mejor, pero si más profundamente”. Y después de esto, cuando él murió, nosotros pensamos que podríamos hacer algo más por ellos.

Después de año y medio pusimos en marcha una fundación dedicada al la investigación y tratamiento no sólo del síndrome Down sino también de otros síndromes de enfermedades mentales de origen genético.

Creamos un centro en Francia de investigación genética y tenemos un comité que distribuye las ayudas a los diferentes grupos que están en todo el mundo.

Hemos fundado 60 proyectos con 32 equipos en los Estados Unidos, y estamos en proceso de comenzar una fundación en los Estados Unidos que se encargará de más investigación y tratamiento.

El tratamiento real no existe en la actualidad, ya que los investigadores están trabajando en solucionar este problema genético. El patrimonio genético de los niños es correcto, simplemente se repite como un disco rallado. Mi padre siempre decía que un niño con síndrome Down es más niño que otros; es cómo si no estuviese acabado del todo. Así que si ese gen pudiese ser silenciado el niño podría ser normal.

Y este es realmente el futuro de la medicina, reparar el código genético. Por tanto no es descabellado que podamos tratarlos algún día.

La dificultad estriba en que se gasta mucho dinero en realizar el diagnóstico y en matarlos, hasta tal punto que si pudiéramos tener sólo un 10% de este dinero para investigación, podríamos ya haber conseguido la cura.

Su padre fue amigo de Juan Pablo II, sirviendo muchos años como miembro de la Academia Pontificia de Ciencias y como el primer presidente de la Academia Pontificia para la Vida.

¿Cómo era su relación con Juan Pablo II ?

Lejeune-Gaymard: Él no diría que fue un amigo cercano del Papa. Pero así fue en verdad.

La historia comenzó cuando fue elegido para la Academia Pontificia de Ciencias por Pablo VI, no Juan Pablo II. Pero cuando este llegó a Papa, le pidió a mi padre que acudiese allí porque quería saber todo sobre la clonación, investigación en embriones, etc...

Así que desayunaron juntos y desde entonces él le llamaba cada vez que necesitaba explicaciones particulares. Comían juntos cada seis meses.

En 1981, el 13 de mayo, mi padre comió con mi madre y con el Papa. Después cogieron un taxi para ir al aeropuerto, volaron a casa y cuando aterrizaron, se enteraron de que el Papa estaba entre la vida y la muerte porque le habían disparado. Ellos fueron los últimos con los que estuvo antes de ir a la plaza.

Mi padre, aquella tarde, sufrió unos dolores inexplicables, tanto que fue hospitalizado durante tres días. Experimentó sufrimientos similares a los del Papa y una fiebre que desembocó en piedras en el riñón.

Nunca le gustó hablar de la conexión entre su enfermedad y la del Papa, pero ésta realmente existió.

Antes de que mi padre muriese, recibió un telegrama del Papa que decía que esperaba que se encontrase mejor. Cuando él murió, el domingo de Pascua, llamamos para decirle al Papa que mi padre había muerto.

Teníamos un buen amigo, el ex ministro de justicia de Francia, que nos llamó aquel día porque al ver en la televisión, la bendición del Papa, notó que el Papa parecía muy triste. Dijo, “creo que Jerome ha muerto”.

Cuando Juan Pablo II vino a Francia en 1997, quiso visitar y rezar ante la tumba de mi padre.

En ese momento, flanqueados por muchos guardias y miembros de seguridad, nos dejaron estar presentes a nuestra familia.

Tuve que negociar para que se permitiese estar presente a personas discapacitadas, ya que mi padre no entendería que el Papa viniese sin dar permiso a sus otros niños, los discapacitados, de estar allí también.


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