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miércoles, 16 de octubre de 2013

CURACIÓN EN SILOÉ


PISCINA DE SILOÉ: CURACIÓN DEL CIEGO DE NACIMIENTO
P. Santiago Quemada.



"Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: "Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?". Respondió Jesús: "Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo." Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: "Vete, lávate en la piscina de Siloé" (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo". (Jn. 9, 1-7)

La historia cuenta que Jesús puso arcilla en los ojos de un hombre y le dijo que se los lavara en las aguas puras de la piscina. Lo hizo y se le devolvió la vista. Arqueólogos en Jerusalén han encontrado los restos de la piscina de Siloam, donde la Biblia asegura que Jesús curó la vista de un ciego. Es muy interesante este milagro pues ayuda a identificar los lazos entre las acciones de Cristo y los antiguos rituales judíos. Bajo lo que ahora es el barrio árabe de Silwan, los arqueólogos han empezado a sacar de la tierra los restos de la piscina. Allí todavía corre agua en la canaleta que la trae de una cercana fuente natural. Esta piscina fue usada por los judíos para actos rituales durante unos 120 años hasta finales del año 70, cuando los romanos destruyeron el templo judío. Muchos de los actos de Jesús están relacionados directamente con los rituales judíos y esta curación del ciego es un ejemplo de ello. Jesús puso arcilla en los ojos del hombre y le dijo que se los lavara en las aguas puras de la piscina, lo cual restauró su vista, según consta en el Evangelio de San Juan, capítulo 9, 1-7.


Durante los últimos cuatro meses, los arqueólogos han develado el área de 50 metros de largo de la piscina y un canal que llevó agua hacia ella desde la fuente deSilwan. Hace pocos años, un camino de piedra que llevaba desde ella al templo fue encontrado. "Desde el momento en que encontramos esto hace cuatro meses estábamos ciento por ciento seguros de que era la piscina de Siloam'', dijo el arqueólogo Eli Shukron. Stephen Pfann, estudioso de la Biblia, asegura que las aguas de esta piscina eran consideradas tan puras que podrían curar incluso a un leproso. Pfann indicó que Jesús con seguridad eligió curar al ciego con el agua más pura disponible, debido a que la gente con discapacidades tenía prohibido ingresar al templo."


El lugar está en la ciudad de David y se puede vistiar. Se trata de un lugar Santo, pues Jesús lo conocía bien ya que estuvo allí muchas veces. El agua pura que cura y limpia es símbolo del agua del bautismo que lava nuestros pecados. Siempre necesitamos de agua para limpiarnos, y de la misma manera esta piscina y este agua son imagen de la necesidad que siempre tenemos de la gracia para purificarnos de nuestras faltas.





lunes, 24 de junio de 2013

LA PRESENCIA ROBADA


LA GRUTA DE LOURDES
Fue reabierta al público el sábado 22/06/2013, tras graves inundaciones que tuvieron lugar el pasado 19/06/2013, que causaron desperfectos en toda el área del Santuario.  Para celebrar esta reapertura os invio a leer el siguiente milagro eucarístico sucedido en Lourdes
-Revista Lourdes-Fátima, 04/1984



En Lourdes, a la hora de la procesión con el Santísimo, los enfermos, alineados por donde ha de pasar la Custodia, piden la salud a Jesucristo, y el Prelado da la bendición con el Santísimo a cada enfermo. Y suceden con frecuencia curaciones repentinas de enfermedades declaradas incurables. Arturo Frérotte de Nancy, de 32 años de edad, estaba enfermo de una tisis aguda. En el hospital, los médicos confesaron que tenía completamente destruidos ambos pulmones. En agosto tuvo lugar una peregrinación de enfermos a Lourdes, y Arturo pidió ser inscrito en ella. La Junta directiva, visto el certificado de la comisión médica, rehusaba admitirlo por temor de que muriese durante el camino. Arturo, sin embargo, supo con su insistencia vencer aquella indecisión: que yo pueda ver a la Virgen de Lourdes, exclamaba, y mi curación es un hecho. Llegó el 30 de agosto, y estaba ya en Lourdes. Arturo fue trasladado por dos robustos jóvenes a la plaza del Rosario, en donde se celebraba la Misa. Todos oraban; al llegar la comunión, quiso Arturo acercarse a recibir a Jesús; pero se abrigaba el temor de que no podría retener la sagrada partícula por causa de la tos. Sin embargo, apenas hubo recibido a Jesús Sacramentado, cesaron al punto así la tos como los estremecimientos de la calentura.

El diez fue de nuevo trasladado al hospital, en donde los médicos apreciaron una leve mejora, que, sin embargo, no daba ninguna esperanza. Había cesado la fiebre y aun desaparecido la tos; pero quedaban huecas las enormes cavidades de sus pulmones. Arturo no se desanimó. El 16 se hallaba sobre su lecho alineado con los otros enfermos en la anchurosa plaza del Rosario. Treinta mil personas hacen corte o acompañan en procesión a Jesús Sacramentado. Ya comienza la conmovedora bendición de los enfermos, y entretanto, nuestro Arturo aguarda que Jesús pase junto a él; ya lo tiene allí mismo... cuando, en un arranque súbito de fervor, exclama: ¡Señor, haced que pueda andar! Mientras el Obispo levanta sobre él la custodia para bendecirlo, Arturo siente en su corazón la palabra de Jesús que le dice: ¡Levántate y anda! Impulsado como por una fuerza indescriptible, salta de su camilla, y curado ya, póstrase a los pies de Jesús; después lo acompaña en la procesión, y, dos horas más tarde, en la oficina médica de comprobaciones, después de un examen minucioso, se le reconoció perfectamente sano. Jesús Sacramentado acababa de curarle.

Los milagros de Lourdes nos demuestran que Jesucristo está verdaderamente en la Eucaristía.





sábado, 1 de junio de 2013

MILAGRO EUCARÍSTICO


CURACIÓN PRODIGIOSA DE UNA ENFERMA
Ocurrió durante una procesión del Corpus en España
Prodigios Eucarísticos, P. M. Traval, S. J.


En San Luis, pueblo no muy distante de Mahón (España), vivía una pobre viuda llamada Juana Cardona Vicent, que ejerció un verdadero apostolado entre la gente ruda del pueblo. A los cincuenta y nueve años de edad, le sobrevino una grave dolencia de estómago, que no le permitió alimentarse más que con caldo de pescado, y, después de veinte años de este sufrimiento, aún se agravó su estado a consecuencia de un aire que la dejó notablemente encorvada, sin poder enderezarse ni mirar al Cielo. Corría el año 1880, y la pobre mujer hacía ya ocho meses que estaba en cama sin poderse mover de ella. Con motivo de acercarse la festividad del Corpus Christi, sintió en su alma gran fe y confianza de que el Señor la podría curar. Rogó, pues, a los vecinos que la bajaran a la puerta de la calle cuando pasase la procesión, e hizo suplicar al sacerdote que llevaba el Santísimo Sacramento que, al estar junto a ella, le acercase un poco la Custodia para adorar a su buen Jesús en la Hostia sacrosanta.

Presente estaba todo el pueblo, compadecido del triste estado de la pobre enferma, y he aquí que en el momento mismo de dirigirse el sacerdote con la Sagrada Forma hacia la puerta de la casa donde yacía la enferma, con gran sorpresa y admiración de la muchedumbre, se verificó el instantáneo prodigio de quedar completa y radicalmente curada de su doble enfermedad, siendo testigos de tan gran maravilla todo el pueblo y el señor cura párroco, don Pedro Pons Bauzá, que llevaba el Santísimo Sacramento.

Vivió todavía diez años sin experimentar el más mínimo dolor. Durmió, por fin, el sueño de los justos en 1890, a los noventa años de edad.






viernes, 11 de junio de 2010

LOS LIRIOS DE SAN ANTONIO...

MARIA REINA Y MADRE PARA SIEMPRE... visitanos: http://mariamcontigo.ning.com/ TRAS LOS PASOS DE UN SANTO... http://mariamjuanpbloii.blogspot.com/

LOS LIRIOS DE SAN ANTONIO

San 
Antonio De PaduaEl lirio o la azucena es símbolo de la pureza y porque así como el más ligero contacto empaña esa flor candidísima, así toda culpa —aunque leve— afea la pureza del alma.

A los Santos que se distinguieron durante su vida por su inocencia, se los representa con esta flor en los brazos, en las manos o junto a sí.

A San Antonio de Padua no sabríamos conocerle si no viéramos sus imágenes con el lirio o con el divino Niño Jesús, lirio de los valles, que se recrea entre lirios. Es que San Antonio conservó el candor virginal toda su vida y, si el lirio o azucena es la representación de la virtud de la pureza, no podía faltarle este símbolo.

Y parece que San Antonio siente predilección por el lirio y cómo se goza de ver sus imágenes con esta flor y sus altares adornados con las azucenas, que recuerdan a las gentes el deber de amar y conservar a toda costa la delicadísima virtud de la pureza. Hasta tal punto que a tan bellas y blancas flores del campo se las llama lirios de San Antonio.

La devoción de los lirios de San Antonio es antiquísima, aunque en la liturgia eclesiástica aparezca casi nueva. En 1680, en el pueblo de Mantesca de Agesso, le quitaron al Santo de las manos la flor o lirio artificial, sustituyéndole por uno natural recién tomado del jardín. Dejaron esta flor en manos de San Antonio después de la fiesta y por todo un año se conservó la azucena fresca, como si acabaran de cortarla, con el mismo aroma que se percibía en toda la iglesia.

En Marcase de Sicilia sucedió otro caso singular. Expulsados los franciscanos por la revolución, la gente acudía a la iglesia el trece de junio. Terminada la fiesta, se cerró la iglesia, olvidando retirar las flores del altar. Transcurrido largo tiempo, volvieron a la iglesia y encontraron marchitas todas las flores, menos los lirios y las azucenas que rodeaban la imagen de San Antonio. Toda la ciudad acudió a ver el prodigio y las gentes se llevaron como reliquias los frescos y aromáticos lirios de San Antonio.

El pueblo cristiano tiene veneración especial al lirio de San Antonio porque, además de estar convencido de que con ello complacen al glorioso Taumaturgo de Padua, han visto en él un símbolo de protección y auxilio que el Santo de los Milagros otorga en favor de sus devotos que le suplican su valimiento para conservarse en tan apreciada virtud.

Aumentóse de un modo extraordinario esta veneración porque San Antonio ha utilizado algunas veces estas flores como instrumento para conceder favores y obrar milagros. Recuérdese el siguiente caso. Una señora de Montreal (Canadá), tomó el hábito de religiosa en el Convento de Nuestra Señora de los ángeles de Asís (Italia), y se llamó Sor Margarita de Santa Clara.

Con motivo de una fundación en América, hubo de embarcarse y no bien llegó a Nueva York, cuando sintió un pequeño dolor en la lengua, que fue aumentando insensiblemente. Llamado un especialista, declaró que se trataba de un cáncer maligno y que era indispensable la operación.

Ante tal augurio, Sor Margarita recurrió a Dios, suplicándole, por intercesión de San Antonio, que le socorriese. Súbitamente la buena Hermana se acordó que tenía un pétalo de un lirio bendecido en la fiesta de San Antonio y aquella noche, antes de acostarse (era la víspera del día señalado para la operación) estuvo algún tiempo en fervorosa oración y luego se aplicó el pétalo a la lengua, en el sitio donde tenia el cáncer.

Al día siguiente, al levantarse, ¿cuál no sería su sorpresa y alegría al ver que tenía la lengua completamente sana? Cuando el doctor especialista, que no era católico, llegó para practicar la operación, quedó sorprendido al ver que ni señal quedaba del cáncer. La Hermana le dijo que San Antonio la había curado. El doctor ratificó que semejante caso no podía realizarse sino por un milagro...

SAN ANTONIO Y LA MULA...


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San Antonio y la mula

Predicaba San Antonio de Padua en Rímini (Italia). Allí los herejes patarinos habían desfigurado el dogma de la presencia real, reduciendo la Eucaristía a una simple cena conmemorativa.

Antonio, en su predicación, ilustró plenamente la realidad de la presencia de Jesús en la Hostia Santa. Mas los jefes de la herejía no aceptaban las razones del Santo e intentaban rebatir sus argumentos. Entre ellos, Bonvillo, que era el principal y se hacía el sabiondo, le dijo:

-Menos palabras; si quieres que yo crea en ese misterio, has de hacer el siguiente milagro: Yo tengo una mula; la tendré sin comer por tres días continuos, pasados los cuales nos presentaremos juntos ante ella: yo con el pienso, y tú con tu sacramento. Si la mula, sin cuidarse del pienso, se arrodilla y adora ese tu Pan, entonces también lo adoraré yo.

Aceptó el Santo la prueba y se retiró a implorar el auxilio de Dios con oraciones, ayunos y penitencias.


Durante tres días privó el hereje a su mula de todo pienso y luego la sacó a la plaza pública. Al mismo tiempo, por el lado opuesto de la plaza, entraba en ella San Antonio, llevando en sus manos una Custodia con el Cuerpo de Cristo; todo ello ante una multitud de personas ansiosas de conocer el resultado de aquel extraordinario compromiso contraído por el santo franciscano.

Encaróse entonces el Santo con el hambriento animal, y, hablando con él, le dijo:

-En nombre de aquel Señor a quien yo, aunque indigno, tengo en mis manos, te mando que vengas luego a hacer reverencia a tu Creador, para que la malicia de los herejes se confunda y todos entiendan la verdad de este altísimo sacramento, que los sacerdotes tratamos en el altar, y que todas las criaturas están sujetas a su Creador.

Mientras decía el Santo estas palabras, el hereje echaba cebada a la mula para que comiese; pero la mula, sin hacer caso de la comida avanzó pausadamente, como si hubiese tenido uso de razón, y, doblando respetuosamente las rodillas ante el Santo que mantenía levantada la Sagrada Hostia, permaneció en esta postura hasta que San Antonio le concedió licencia para que se levantara. Bonvillo cumplió su promesa y se convirtió de todo corazón a la fe católica; los herejes se retractaron de sus errores, y San Antonio, después de dar la bendición con el Santísimo en medio de una tempestad de vítores y aplausos, condujo la Hostia procesionalmente y en triunfo a la iglesia, donde se dieron gracias a Dios por el estupendo portento y conversión de tantos herejes.


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