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jueves, 13 de octubre de 2016

LA VERDADERA FE

LA FE DE ABRAHAM
¿Qué tuvo de especial la fe de Abraham? ¿De qué forma demostró Abraham su fe, y qué lecciones podemos aprender de esto?



Abraham fue un forastero y peregrino en la tierra de Canaán de la misma forma en que los cristianos en la actualidad son extranjeros en los caminos del mundo.

El apóstol Pablo escribió acerca de la fe de Abraham en Rom. 4,3:
“En efecto, ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia.”

Esta cita es de Gén. 15,6. ¿A cuál ejemplo de fe se estaba refiriendo Pablo?

El profundo ejemplo de la fe de Abraham

La respuesta está en Gén. 15,4-6: Mas he aquí que la palabra de Yahveh le dijo: «No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas.» Y sacándole afuera, le dijo: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas.» Y le dijo: «Así será tu descendencia.» Y creyó él en Yahveh, el cual se lo reputó por justicia.

Esta fe extraordinaria, inamovible que Abraham tuvo en el poder y las promesas de Dios era lo que Pablo estaba recordando.
 
“El cual, esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones según le había sido dicho: Así será tu posteridad. No vaciló en su fe al considerar su cuerpo ya sin vigor - tenía unos cien años - y el seno de Sara, igualmente estéril. Por el contrario, ante la promesa divina, no cedió a la duda con incredulidad; más bien, fortalecido en su fe, dio gloria a Dios, con el pleno convencimiento de que poderoso es Dios para cumplir lo prometido.” (Rom. 4,18-21).

Pablo recalcó que la creencia de Abraham no se debilitó por el hecho de que él casi tenía 100 años, él no era débil en la fe. Él era fuerte en la fe. La fe es una profunda convicción de que las palabras de Dios son verdad y de que Dios llevará a cabo todo lo que Él ha prometido. Abraham simplemente creyó que Dios haría lo que Él dijo.

Nada es demasiado difícil para Dios. Nada es imposible para Dios. Esto es un ejemplo para nosotros hoy, que nuestra fe en Dios debe ser fuerte.

Una etapa anterior en la fe de Abraham
 
“Yahveh dijo a Abram: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición.” “Marchó, pues, Abram, como se lo había dicho Yahveh, y con él marchó Lot. Tenía Abram 75 años cuando salió de Jarán.” (Gén. 12,1-2, 4).

Heb. 11,8 nos dice qué fue lo extraordinario de esta partida: “
Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba.”.

Abraham partió, y el confió y creyó que Dios lo guiaría a él y a su familia en medio de ese territorio desconocido. No hubo preguntas ni dudas. Él mostró su fe al salir. Este fue un profundo acto de fe.

La fe de Abraham continuó

Después, Abraham llegó a la tierra de Canaán, y continuó siendo un forastero y peregrino en tierra extraña. Pero él le creyó a Dios, quien le había prometido que un día, él y sus descendientes heredarían esta tierra.


Gén. 13,14-17 registra la promesa a Abraham: Dijo Yahveh a Abram, después que Lot se separó de él: «Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el norte, el mediodía, el oriente y el poniente. Pues bien, toda la tierra que ves te la daré a ti ya tu descendencia por siempre. Haré tu descendencia como el polvo de la tierra: tal que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tu descendencia. Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo he de dar.»

«Por la fe, peregrinó por la Tierra Prometida como en tierra extraña, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas. Pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.» Heb. 11,9-10 nos registra este proceso: “En la fe murieron todos ellos, sin haber conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde lejos y confesándose extraños y forasteros sobre la tierra. Los que tal dicen, claramente dan a entender que van en busca de una patria; pues si hubiesen pensado en la tierra de la que habían salido, habrían tenido ocasión de retornar a ella. 16. Más bien aspiran a una mejor, a la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de ellos, de ser llamado Dios suyo, pues les tiene preparada una ciudad...”(Heb. 11,13-16).

Nosotros también vivimos nuestra vida como extranjeros y peregrinos en esta tierra, esperando con paciencia y fe, que sea establecido el Reino de Dios en la tierra, gobernando desde Jerusalén. Nosotros también somos residentes temporales que desean una ciudad celestial mejor—una ciudad que llegará en el futuro.

La prueba de la fe de Abraham

¡La fe de Abraham fue probada! Heb. 11,17 nos relata la prueba suprema de la fe de Abraham: “
Por la fe, Abraham, sometido a la prueba, presentó a Isaac como ofrenda, y el que había recibido las promesas, ofrecía a su unigénito...”.

Abraham creyó que Dios podía levantar a Isaac de la muerte, si era que Dios no le perdonaba la vida a Isaac (Gén. 22).

Abraham debió haber creído que Dios tenía una muy buena razón para pedirle que sacrificara a Isaac, y que de alguna forma Isaac hubiera sido levantado de la muerte para cumplir las promesas que Dios había hecho con respecto a él. La disposición de Abraham de entregar a su hijo, era un prototipo de la disposición de Dios el Padre de dar su único hijo engendrado (Cristo) como un sacrificio. Nosotros, que somos de la fe de Abraham también debemos creer que Dios puede resucitar de la muerte.

Las lecciones de la fe de Abraham

Ya que la fe de Abraham se menciona con tanta frecuencia en la Biblia, hay muchas lecciones que podemos aprender. Primero que todo, Abraham fue justificado por fe. Dios ordenó que todos debíamos ser justificados por fe. Esto significa que somos declarados sin falta por él por la sangre del sacrificio de su hijo Jesucristo y por fe en Dios.


Rom. 4,9-11 explica el significado de la justicia por la fe:  “Entonces, ¿esta dicha recae sólo sobre los circuncisos o también sobre los incircuncisos? Decimos, en efecto, que la fe de Abraham le fue reputada como justicia. Y ¿cómo le fue reputada? ¿siendo él circunciso o antes de serlo? No siendo circunciso sino antes; y recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que poseía siendo incircunciso. Así se convertía en padre de todos los creyentes incircuncisos, a fin de que la justicia les fuera igualmente imputada..”

Entonces, ya sea que seamos judíos o no, aquellos que tienen la justicia de la fe, la fe les es contada por justicia por Dios y son hijos de nuestro padre Abraham (v. 12). Al seguir las pisadas de Abraham todos deben tener fe.

El mensaje del evangelio llegó a Abraham

Debemos recordar que las promesas que Dios le dio a Abraham se cumplen por medio de la fe. Abraham y sus descendientes, sus verdaderos descendientes que tienen fe, van a heredar las promesas que Dios le hizo a Abraham. Como dice Rom. 4,13: “
En efecto, no por la ley, sino por la justicia de la fe fue hecha a Abraham y su posteridad la promesa de ser heredero del mundo.”.

Las promesas que le hicieron a Abraham son parte del mensaje del evangelio. Abraham escuchó y creyó en el evangelio. Gál. 3,8 dice: “
La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció con antelación a Abraham esta buena nueva: En ti serán bendecidas todas las naciones.”. (La escritura que se está citando es una combinación de la promesa en Gén. 12,3; 22,18.)

Este es un buen ejemplo para todos aquellos que escuchan el evangelio en la actualidad. No todos obedecen. “
Pero no todos obedecieron a la Buena Nueva. Porque Isaías dice: ¡Señor!, ¿quién ha creído a nuestra predicación? Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo.” (Rom. 10,16-17).

En la descendencia de Abraham serían bendecidas todas las naciones de la tierra. Somos bendecidos por medio de la simiente justa de Abraham, que es Jesucristo.

Fe y obras

Hay una gran diferencia entre confiar en nuestras propias “obras” y confiar en Dios, con el fin de ser justificados y ser salvos. Y hay una diferencia entre confiar en la ley, como los judíos hicieron, y hacer buenas obras que demuestren obediencia y fe viva.

Abraham es el objeto de la lección en este sentido: “
¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril? Abraham nuestro padre ¿no alcanzó la justificación por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe alcanzó su perfección? Y alcanzó pleno cumplimiento la Escritura que dice: Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia y fue llamado amigo de Dios.» Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente.” (Sant. 2,20-24).

Nuestra fe se perfecciona a medida que hacemos buenas obras.

Debemos hacer buenas obras en fe, como nuestro padre Abraham. Como dice en Jn. 8,39: “
Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham.» Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham.” (v. 40).

Abraham creyó la verdad de labios de los mensajeros de Dios y de la boca del Señor.

La fe de Abraham es fe viva

Necesitamos hacer lo que hizo nuestro Padre Abraham. Necesitamos creer que Dios puede hacer lo imposible y que nada es demasiado difícil para Dios. Necesitamos creer en el poder y las promesas de Dios, sin dudar. Necesitamos creer y estar dispuestos a obedecer voluntariamente a Dios, salir de este mundo y apartarnos del pecado.

También necesitamos confiar en la guía y dirección de Dios al llevarnos a un territorio desconocido. En nuestro viaje como extranjeros y peregrinos en el mundo, necesitamos mirar en fe al venidero Reino de Dios y en la nueva Jerusalén. Nuestra fe en la herencia futura en el mundo que vendrá debería motivarnos a vivir nuestra vida por fe.

Finalmente, por medio del ejemplo de Abraham, vemos que debemos demostrar nuestra fe en Dios por la obediencia y haciendo buenas obras que demuestran nuestra fe. Nuestra fe es perfeccionada al hacer buenas obras.

Tener fe y hacer buenas obras es una fe viva. “
Y al contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe.” (Sant. 2,18).

En verdad, Abraham nos mostró su fe por sus obras. ¿Va a seguir el ejemplo de Abraham? Éste es un gran paso que usted puede dar. Que Dios le ayude a hacer esos cambios imprescindibles en su vida de tal forma que pueda heredar la misma recompensa que Abraham, ¡cuando Jesús regrese y establezca el Reino de Dios aquí en la tierra!


DIOS CONTIGO







miércoles, 31 de agosto de 2016

JEROBAM I

PECÓ E HIZO PECAR A ISRAEL
Jeroboam fue el primer monarca del norteño Reino de Israel, tras la muerte de Salomón que condujo a la división de reino de Israel y sus tribus. Gobernó los territorios de diez de las tribus israelitas. Su historia es narrada en el Primer Libro de Reyes. Reinó durante el siglo X  A.C., posiblemente entre 928 y 910 A.C,
Fuentes: Wikipedia | Sermones | bibliehistory | vidas


I. El principio de la historia.

A. Jeroboam era un líder fuerte (valiente, esforzado, activo). 1Rey, 11,28: “Y este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón al joven que era hombre activo, le encomendó todo el cargo de la casa de José”.
 
B. Dios le dio el trono. 1Rey. 11,29: “Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.  30  Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos,  31  y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus”. 


1. Dios iba a romper el reino de la mano de Salomón porque (1Rey. 11,4), “cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.  1Rey. 11,5:  Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. 1Rey. 11,6:  E hizo Salomón lo malo ante los ojos del Señor, y no siguió cumplidamente al Señor como David su padre”.

2. El profeta Ahías lo repite. 1Rey. 11,33: “por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre”.
 
C. Por causa de esta profecía acerca de Jeroboam dice 1Rey. 11,40: “Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón”.

D. Cuando Roboam, el hijo de Salomón, reinó en el lugar de su padre, el pueblo le pidió que bajara los impuestos (1Rey. 12,4), pero no les escuchó. El menospreció el reino como si no tuviera valor alguno. Lo que este hijo de Salomón hizo fue un acto insensato casi sin paralelo. Entonces Jeroboam era el hombre más prominente y, por eso, como dice 1Rey. 12,20: “aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel”. De esa manera Jeroboam ascendió al trono. Solamente las tribus de Judá y Benjamín se quedaron con Roboam.
  
E. Todo esto “era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat” (1 Rey. 12,15).
F. Dios prometió bendecir el reino de Jeroboam. A través de Ahías, Dios le había dicho a Jeroboam, “si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel” (1Rey. 11,38). Así fue que Jeroboam tuvo la oportunidad de tener un reinado “firme” como lo era el de David.
 
II. Pero Jeroboam no era fiel a Dios.

A. No era fiel porque era mucho más político que religioso. 1Rey. 12,26: “Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David,  1Rey. 12,27:  si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá.  1Rey. 12,28:  Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. 1Rey. 12,29:  Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.  1Rey. 12,30:  Y esto fue causa de pecado”. 
  
1. Si hubiera sido fiel a Dios, habría tenido la plena seguridad de un reinado firme, pero por su falta de fe en Dios y pensando humanamente, buscó la manera de confirmar su reino.

2. Tantos hombres simplemente no pueden aprender que los caminos de Dios son perfectos y los humanos son muy defectuosos.

B. Por ser completamente profano, no sólo hizo los dos becerros de oro, sino que “Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Lev. 32  Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar”; es decir, instituyó una religión idólatra pero trató de más o menos imitar las prácticas de la ley de Moisés para satisfacer al pueblo.
  
C. Por lo tanto, catorce veces el historiador registra que “Jeroboam, hijo de Nabat, pecó, y ha hecho pecar a Israel”. Tuvo grandes cualidades de liderazgo. Era valiente, esforzado y activo. Era muy popular con el pueblo. Pero ¿a dónde guió al pueblo? 

D. Dice el texto, “Jeroboam … ha hecho”. ¿Qué hizo? ¿Qué logró durante su reinado de 22 años? Pecó … y ha hecho pecar a Israel.

E. Llegó a ser el ejemplo, el modelo, de los reyes desobedientes y rebeldes, pues otros reyes siguieron el ejemplo de Jeroboam. Ha hecho pecar a Israel. Ha hecho pecar a otros reyes.
 
III. Otros ejemplos de los que pecaron (o pecan) e hicieron (o hacen) pecar a otros.

A. Balaam. Ap. 2,14: “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación”. Véanse Núm. 25,1-3; 31,15, 16. Dice 2Pe. 2,15: “Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad”; es decir, él quería aceptar el dinero del rey Balac para maldecir a Israel, pero cada vez que abrió su boca para maldecirles, habló más bien palabras de bendición, porque él era profeta y Dios estaba con su boca. Fallando eso, entonces enseñó a los moabitas a seducir a los israelitas a cometer fornicación e idolatría con ellos y de esa manera Dios mismo mató a muchos miles de ellos (los israelitas), como explica Núm. 25.

B. Todos los falsos maestros. Mal. 2,8: “Mas vosotros (sacerdotes, v. 1) os habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos”. Mt. 15,14: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”. En este texto Jesús condena las tradiciones de los hombres (v. 8, 9). Los maestros caen en el hoyo, pero llevan consigo a sus seguidores. Sant. 3,1: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”.

C. Los líderes infieles hacen que el pueblo peque. 1Sam. 2,22: “Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. 1Sam. 2,23  Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.  1Sam. 2,24  No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Dios”.

1. ¿Por qué eran así los hijos de Elí? V. 29, Dios dijo a Elí, “has honrado a tus hijos más que a mí”. Pero ¿cómo? 1Sam. 3,13: “porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los reprendió”. 

2. Por lo tanto, Elí compartió la culpa de sus hijos. Los padres que no disciplinan a sus hijos los hacen pecar. Es reacción en cadena: los padres no disciplinan a sus hijos, entonces los hijos son rebeldes y pecan, y hacen pecar a otros (“hacéis pecar al pueblo de Dios”). 

3. El ejemplo malo de los padres “hace pecar” a los hijos. La enseñanza mala o la falta de enseñanza buena “hace pecar” a los hijos. Ef. 6,4: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.

D.  Los que causan divisiones. Hech. 20,30:, “de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”. Rm. 16,17: “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos”. Para los tales los miembros de la iglesia son pura mercancía. 2Ped. 2,3: “por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas”. 3Jn. 10: Diótrefes “no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohibe, y los expulsa de la iglesia”. Tales hombres pecan y hacen pecar a otros. 

E. Mujeres que usan ropa deshonesta. Mt. 5,28: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Es cierto que el hombre puede codiciar a la mujer más modesta, pero las mujeres que visten ropa indecente provocan a los hombres a codiciarlas. 1Tim. 2,9: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia”. Tales mujeres no “hacen pecar” a los hombres. Hermanas, nunca tengan vergüenza de ser mujeres castas, respetuosas, modestas, como mujeres que profesan piedad.

F.  Mat. 5,32: “Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio”. Desde luego, si ella comete adulterio, ella tiene culpa, pero el que la repudió a no ser por causa de fornicación comparte su culpa.

G. Rm. 14,20: “No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come.  21  Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece”. Hay cosas que son inocentes en sí que los cristianos pueden practicar sin pecar, pero si tal práctica hace pecar a otro hermano, es pecado para los dos. 1Cor. 9,19: “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número.  1Cor. 9,20:  Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley;  1Cor. 9,21  a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley.  1Cor. 9,22  Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos”. Hagamos todo lo posible por no “hacer pecar” a otros. 

H. Mt. 18,6: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.  Mt. 18,7: ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” Si alguno tropiezo por causa de su propia ignorancia y debilidad, es desastroso, pero es doblemente desastroso cuando alguien causa que otro tropiece.


Conclusión

Jeroboam, Balaam, los hijos de Elí, etc. pecaron y “han hecho pecar” a otros. Es lo que hacen todos los falsos maestros, el que repudia a su cónyuge a no ser por fornicación, y en realidad es lo que hacen todos los que son malos ejemplos para otros.

Lev. 19,14: “delante del ciego no pondrás tropiezo”. Is. 57,14: “Allanad, allanad; barred el camino, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo”.

D. Satanás obra a través de todos los que se presten para su servicio para hacernos caer, pero todo cristiano debe anhelar ayudar, edificar y salvar almas, y nunca ser tropiezo para otros. Tampoco debemos regocijarnos cuando alguien tropieza: Prov. 24,17: “Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes,  Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón”. 1Jn. 2,10: “El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo”.

E. 1Tim. 4,16: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”. 2Cor. 6,3: “No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo”.

DIOS CONTIGO





lunes, 25 de julio de 2016

HISTORIA SAGRADA

 BALAAM (BALAÁN)  Y SUS PROFECÍAS
La historia de Balaam aparece en Núm. 22 - 24 y 31,8-16; Deut. 23,6; Jos. 13,22 y 24,9-10. También se le menciona en Neh. 13,2; Miq. 6,5; 2Pe. 2,15; Jud. 11 y Ap. 2,14. 
~ The Catholic Encyclopedia. Vol. 2.~


Balaq, rey de Moab, alarmado por las victorias de Israel sobre los amorreos, envió mensajeros con regalos a Balaam, hijo de Beor, quien vivía en Petor del Río (el Pitru de los textos cuneiformes) para inducirlo a venir y maldecir a Israel. En esos tiempos antiguos, los hombres le daban gran importancia a la maldición, como por ejemplo la del padre a su hijo, y Balaam tenía una fama especial en este aspecto. Balaq le mandó a decir con sus mensajeros: “Sé que el que tú bendices queda bendito y el que maldices, maldito”. Cuando los emisarios hubieron dado su mensaje, Balaam consultó al Señor sobre si debía ir o no, y al negársele el permiso, en la mañana les dio la respuesta negativa a los embajadores. Osadamente Balaq envió otra embajada, compuesta de hombres más ilustres, príncipes, con instrucciones de ofrecer a Balaam lo que él quisiera, con tal que viniera y maldijera a Israel. De nuevo Balaam consultó al Señor y obtuvo permiso para ir, con la condición que haría lo que Dios le mandara. En vista de lo que sigue, algunos comentaristas piensan que este permiso fue arrancado con su importunidad, y que al hacer su petición Balaam estaba impulsado por motivos mercenarios, y ya se había decidido a maldecir a Israel. 

A la mañana siguiente Balaam ensilló su burra y salió con los principales de Moab. En el camino la burra dio muchas muestras de alarma; se apartó bruscamente del camino, le aplastó el pie a Balaam contra una pared y finalmente se echó al suelo bajo Balaam, de modo que éste la golpeó cruelmente e incluso la amenazó con matarla. Entonces Dios le concedió a la burra el don de hablar, y le reprochó su crueldad hacia ella. Al mismo tiempo los ojos de Balaam se abrieron y vio la causa de la extraña conducta de su burra, es decir, el ángel del Señor parado en el camino con la espada desenvainada bloqueándole el camino. El Ángel regañó a Balaam por su cruel conducta hacia la burra y le dijo que fue la acción de la burra lo que había salvado su vida. Finalmente, le permitió a Balaam continuar su viaje, pero sólo con la condición de que hablara sólo lo que él le mandara. Balaq salió al encuentro de Balaam en las fronteras del Arnón, y fueron juntos a Quiryat Jusot, donde se ofrecieron los debidos sacrificios. Al otro día Balaq llevó a Balaam a Bamot Baal, desde donde se podía ver las inmediaciones del campamento de Israel. Sacrificaron siete novillos y siete carneros y Balaam se fue aparte a consultar al Señor, el profeta regresó donde Balaq y se negó a maldecir a Israel. Por el contrario los elogió diciendo: “¿Quién contará el polvo de Jacob, quien numerará la polvareda de Israel? Muera mi alma con la muerte de los justos, sea mi paradero como el suyo.” 

Entonces Balaq llevó a Balaam a la cumbre del Monte Pisgá para ver si desde allí podría maldecir a Israel. Pero después de los mismos ritos y formalismos, Balaam de nuevo pronunció una bendición más enfática que la anterior. “He aquí que me ha tocado bendecir, bendeciré y no me retractaré.” “Ya que no le maldices por lo menos no le bendigas”, exclamó Balaq. Pero resolvió probar al profeta una vez más y lo llevó a la cima del Monte Peor que mira hacia el desierto. Allí se ofrecieron sacrificios de nuevo, pero sin más formalidad, Balaam, bajo la influencia del espíritu de Dios” prorrumpió en el hermoso panegírico a Israel que comienza con las palabras: “Qué hermosas son tus tiendas, Jacob, y tus moradas, oh Israel!” Lleno de ira Balaq despidió a Balaam para su tierra. Pero antes de partir el profeta emitió su cuarto pronunciamiento sobre el glorioso futuro de Israel y el destino de sus enemigos. Su visión, también, penetrando más allá del Reino de Israel terrenal, parece haber divisado el reino mesiánico por venir. “Lo veo, aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel,” etc. 

Balaq y Balaam se separaron, pero antes de regresar a su propio país, Balaam residió con los madianitas. Allí parece que él instigó a sus hospederos a enviar mujeres madianitas y boabitas entre los israelitas para seducirlos y apartarlos de su alianza con Yahveh (Núm. 31,16). Esto fue mientras el pueblo de Israel acampaba en Sittim, y no hay duda que está estrechamente relacionado con los problemas y desórdenes sobre Baal de Peor, mencionado en Núm. 25. El castigo infligido por Dios a los Israelitas fue notable: les azotó una plaga que mató a 24,000 (25,9); ni siquiera Balaam escapó. Él fue asesinado, junto con los cinco reyes de Madián, en la guerra que sostuvo Israel contra esa nación narrada en Núm. 31. 

 

Opinión Conservadora



La opinión usual o conservadora sobre el episodio de Balaam es que es una narrativa histórica en el sentido ordinario. Lo sobrenatural juega un importante papel en ella, pero se afirma que la credibilidad de la narración requiere sólo una creencia en los milagros, y que la aceptación de la mayoría de las partes más importantes de la Biblia requiere tal creencia. El episodio de la burra parlante es muy extraño; pero no más extraño que el de la serpiente parlante en el Paraíso. Balaam predice el futuro, pero eso también lo hacen los profetas de Israel. 

Se discute la pregunta sobre quién era Balaam. ¿Era él un profeta en el verdadero sentido de la palabra, o un adivino? No parece posible decir que él era un profeta en el mismo sentido que Isaías o alguno de los grandes profetas de Israel. Por otro lado, en Núm. 24,2 se dice que habló bajo la influencia del “espíritu de Dios”. Ciertamente, a través de su conexión con Balaq, él parece haber actuado bajo la influencia del Espíritu de Dios. Pero cuando su estado de vida se mira como tal, no puede ser considerado como que perteneció a la orden de los profetas. Santo Tomás de Aquino los llama “un profeta del diablo”. La Escritura no lo llama profeta, sino un adivino, y Balaq se le acercó con el precio del vaticinio. Además, la forma en que se unió a Balaq en culto idolátrico parece descartar la idea de haber sido un genuino siervo de Yahveh. La profecía es un don que se da para el bien de los otros. Balaam fue usado para el bien de Israel.

 

Opinión Crítica



Los críticos modernos tienen una opinión diferente sobre ese episodio, en conformidad con sus conclusiones generales sobre el Hexateuco. Para ellos la narrativa de Núm. 22,23 y 24 es parte de la historia profética. Es decir, en estos capítulos no hay vestigios del escritor sacerdotal P, aunque a él se le asigna el pasaje 25,6-18 que contiene un relato del crimen y castigo de Zimrí y Kozbi. Aunque los críticos concurren que los capítulos 22,23 y 24 son obra de dos escritores llamados el yahvista y el elohista, ellos no encuentran fácil repartir esa parte de Números entre los dos autores. Ciertamente, en el único punto que concuerdan es que el capítulo 22 pertenece al elohista, con la excepción de los versículos 22-35, que se los asignan al yahvista. Esta sección contiene el episodio de la burra, y los críticos dicen que destruye la secuencia de la narración. Así en el versículo 20 Balaam obtiene permiso de Dios para irse con los príncipes de Moab; pero en el versículo 22 Dios está enojado con él, aparentemente por su partida. Aunque esta aparente inconsistencia ha sido explicada variamente por comentadores conservadores, los críticos argumentan sobre ella y otros casos similares, que el episodio de la burra (v. 22-35) ha sido hábilmente adaptado dentro del resto del capítulo, pero que en realidad es obra de otro escritor, y que el relato original que está interrumpido en el versículo 20 continúa en el versículo 36. Pruebas adicionales de autoría doble a menudo son poco claras. Así, se dice que hay un duplicado en 22,3: “Y los moabitas se estremecieron ante él, y no pudieron soportar su asalto”. Seguramente esto es débil en extremo. ¿Acaso la tendencia natural al paralelismo del escritor judío no lo explica suficientemente? 

La referencia a eventos históricos en la cuarta profecía de Balaam lleva a muchos críticos a fijar la fecha de su composición no antes del reinado de David. Se dice que la guerra de Núm. 24,17 es la guerra de David contra los moabitas. Pero, dejando a un lado el don de profecía, sabemos que escritos de esta clase, como los Salmos, a menudo son retocados en épocas posteriores a la de su composición. A lo más, por lo tanto, parece legítimo concluir que este pasaje muestra signos de haber sido expandido y reeditado en este período. 

DIOS CONTIGO




sábado, 23 de julio de 2016

HISTORIA SAGRADA

LA TORRE DE BABEL 
La Torre de Babel debe su nombre al verbo 'balbál' que significa confundir; Babel es el lugar en donde Yahvé confundiría a los hombres al ejercer sobre éstos el poder de que hablaran lenguas diferentes. El hecho provocaría la dispersión de los seres humanos sobre la Tierra en grupos o tribus.
Gén. 11,1-9
Fuente: A&A


El mundo entero hablaba la misma lengua con las mismas palabras... Pero los hombres se dijeron unos a otros: - Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos y para no dispersarnos por la superficie de la tierra... El Señor se dijo: Vamos a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo. El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y dejaron de construir la ciudad. Por eso se llama babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra (Gén. 11,1-9).

En el libro del Génesis encontramos historias muy elocuentes y provechosas para la vida. Una de ellas es la Torre de Babel. Nos relata que el mundo entero hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Los hombres decidieron construir una torre que llegaría al cielo y el Señor confundió sus lenguas para que no se entendieran en sus planes soberbios.
 
La torre no se concluyó. Nos imaginamos que cuando un obrero pedía el martillo, el otro le pasaba un clavo porque no se entendían. Su lenguaje era confuso.

La plaga de la incomprensión que azotó a los constructores soberbios se repite en nuestro tiempo. Hoy existe una confusión comunicativa por el uso equívoco de varias palabras que viene, ya no de Dios, sino de los mismos hombres.

Es el problema de la ambigüedad de los términos con que se proponen varias leyes o derechos que amenazan valores fundamentales de la persona humana.

En parlamentos y foros mundiales existen numerosas expresiones que ocultan su contenido verdadero para ser utilizadas, después, en ámbitos políticos desconociendo su genuino alcance.

La enumeración de algunas expresiones y conceptos, en campo ético, manifiesta el problema de la manipulación lingüística.

El primer vocablo corresponde al aborto siendo uno de los más debatidos y conflictivos por las verdades que encierra. Así el aborto viene revestido con distintos nombres, como: “el derecho a la libre elección del embarazo”, “derecho a la interrupción del embarazo”, “derecho a disponer del propio cuerpo” y “derecho a la libre maternidad”, entre otros. Esta sinfonía de palabras pretende, en realidad, esconder la situación de la muerte del no nacido.

Expresiones de este tipo producen un efecto anestésico que evita un rechazo casi intuitivo de las prácticas abortivas.
Continuando la lista, pasamos a la “píldora del día después” como la denominación perfecta para expresar un producto potencialmente abortivo. También las clínicas pro-aborto se hacen llamar “centros de salud reproductiva”.

La expresión de “sexo seguro”, en oposición a la pureza, contiene todo el mundo de los anticonceptivos que incita a las relaciones prematrimoniales desterrando todo valor de responsabilidad lo que resulta totalmente contrario al amor de donación.

El concepto de “discriminación” provoca una reacción simpática. Entonces en nombre de la “no-discriminación” se presentan proyectos parlamentarios para las uniones de hecho, de homosexuales y lesbianas hasta con la posibilidad de adopción.

A este punto se podrían formular frases que no dicen lo que realmente se debe entender. Por ejemplo: es necesario fomentar los “centros de salud reproductiva” para defender “el derecho a la libre maternidad” y promover la “no-discriminación” femenina. Como en la Torre de Babel, las palabras crean confusión y se hace imposible construir una cultura del amor.

La tempestad conceptual arrecia y en medio de la lluvia se ve el engaño sistemático de querer ver lo malo como bueno.

Dentro de las causas principales de esta ambigüedad conceptual se halla, en el fondo, una visión antropológica de carácter utilitarista que determina al hombre en categorías de placer (cálculo de placer y dolor) y utilidad (cálculo de intereses y preferencias). Desde esta perspectiva el criterio de juicio para actuar es un concepto subjetivo y más bien hedonista de “felicidad”. Es bueno lo que produce más cantidad de felicidad (como satisfacción de los propios deseos e intereses) o menos cantidad de mal (entendido como dolor).

Como consecuencia lógica está la desorientación de la conciencia en los hombres que conduce, primero a dudas, en torno a temas bioéticos y después a errores en la toma de decisiones que marcan profundamente la vida del ser humano.

El recordado Papa Juan Pablo II insistía en la urgencia de construir “la Civilización del amor” como opuesta a la “cultura de la muerte”. En la realización conjunta de esta obra arquitectónica, a diferencia de la “Torre de Babel”, es necesaria la claridad y exactitud a la hora de promover leyes o derechos ya que estos deben estar dirigidos a salvaguardar la dignidad de la persona humana.


 DIOS CONTIGO


 
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