miércoles, 23 de julio de 2014

REMEDIOS NATURALES Y SOBRENATURALES DEL CIELO A LA HUMANIDAD

“Vendrán tres días de grandes tinieblas. Las velas de cera bendita iluminarán durante estas tinieblas horrorosas. Una vela durará los tres días, pero en las casas de los impíos no arderán. Durante esos tres días los demonios aparecerán en formas horribles y abominables y harán resonar el aire con espantosas blasfemias. Los rayos y centellas penetrarán en las casas, pero no apagarán la luz de las velas benditas los vientos, tormentas y terremotos”. . . “las tres cuartas partes de la humanidad serán aniquiladas. El castigo será mundial”.
Fuentes:  “La Venida del Gran Monarca”, libro alemán publicado en su última edición en 1920 y confiscado en 1944 por la GESTAPO. Remedios para los “Tiempos del Fin” Revelados a Marie-Julie Jahenny (1850 – 1941) “La gran tribulación de los tiempos apocalípticos” libro francés, vol. I: “Veuillez et priez car l´heure est proche” de Michel Servant.

“Si, hijos míos, en estos últimos tiempos, aunque todavía ellos están alejados del fin que se llama fin de los fines de la Tierra, es decir, el fin de toda existencia mortal, comprendedme bien, en estos últimos tiempos la Tierra será testigo de grandes y espectaculares prodigios, sobre todo en el Cielo. Habrá manejos impíos, falsos cristos bajo capa de piedad se van introduciendo en la Iglesia“.

En estas manifestaciones se marca la diferencia entre los últimos tiempos y el fin del mundo, asimismo se insiste en ese castigo a la humanidad mediante el cual el mundo quedará purificado de su pecado.

Remedios naturales y sobrenaaturales revelados a Marie Jahenny por Jesus y S. Virgen para usar contra las calamidades que amenazan el mundo:

1. Los tres días de tinieblas: (27/05/1880) “Solo las velas bendecidas lucirán. Una de estas velas bastará para cada hogar durante los tres días de tinieblas. No lucirán en las casas de los impíos y blasfemos”

2. Plagas mortales: El único remedio para protegernos será: “Tragar un pedacito de papel muy fino en el que ponga: ¡Oh! Jesús, vencedor de la muerte; sálvanos, O Crux Ave”

3. Para los animales: “Se les pondrá al cuello una medalla de San Benito” (La Virgen advirtió a todos que llevaran una medalla de San Benito – Nuestra Señora de las Rosas, María, la ayuda de las madres.)

4. Durante el período de grandes calamidades: Terremotos, guerras, inundaciones, etc. “Recitar la siguiente oración a la Santa Cruz: “Yo te alabo, te adoro, te abrazo, ¡Oh! adorable Cruz de mi Salvador. Protégenos, guárdanos, sálvanos. Jesús te amó tanto, que por su ejemplo, te amo yo. Por su santa imagen, calma mis temores y que sienta sólo paz y confianza”.

5. Grandes tormentas: “Deberá recitarse la siguiente oración a la Cruz, revelada por Nuestro Señor: “¡Oh! Crux Ave, spea unica “et Verbum caro factum est”. ¡Oh! Jesús, vencedor de la muerte, sálvanos”

6. Guerras y revoluciones: “Nuestro Señor le reveló durante un éxtasis: “Para disipar todo miedo y terror, os colocaréis sobre la frente una medalla o estampa bendecida de María Inmaculada. Vuestro espíritu estará en paz. Vuestro corazón no temerá el terror de los hombres. Vuestro espíritu no sentirá los efectos de mi gran justicia”

7. Enfermedades desconocidas: (Recibido durante un éxtasis). “Una medalla de mi Divino Corazón; una medalla que lleve mi Cruz Adorable. Meteréis ambas medallas en un vaso con agua – tanto de cartón como de metal -. Beberéis ese agua que ha sido doblemente bendecida y purificada. Una sola gota en vuestra comida; una gota bastará para eliminar, no ya la plaga, sino el flagelo de mi Justicia. (La medalla milagrosa, por sí misma, reúne las condiciones necesarias). Daréis una gota de este agua a las pobres almas que hayan sufrido el flagelo de enfermedades desconocidas; las que atacan al corazón, al espíritu y a la palabra”

8. Enfermedades diversas: “Para usar en infusión: La hierba de San Juan (Glechoma hederacea) (enredadera de exterior en árboles); especialmente para estados graves y para los dolores en el pecho y jaquecas intensas. El espino (Caetagus oxyacantha) para usar en caso de cólera (que será frecuente y estará muy extendido). Ver abajo la forma de usarla según las indicaciones de la Santísima Virgen. Para fiebres desconocidas: será eficaz la humilde VIOLETA (Viola odorata), el perfume y la virtud de la humildad”

9. Epidemias y epizoóticas: (14/05/1880). “El Señor concede al gran San Benito el poder de aliviar la gran calamidad. Una procesión fervorosa de la imagen, sin miedo ni temor, puede detener esta calamidad”

10. Fuego terreno y celestial: (23/02/1938). “El Sagrado Corazón de Jesús: “El calor será terrible… al hacer la señal de la Cruz con agua bendita se reducirá el calor y se alejarán las chispas. Besaréis cinco veces pequeñas cruces con indulgencias… pequeñas cruces colocadas sobre las cinco llagas de Jesús Crucificado en una imagen sagrada. Tal protección beneficiará a las almas de pobres pecadores que invoquen a mi Madre Inmaculada, Madre de la Salvación, Refugio y Reconciliación de los pecadores”.

11. Objetos protectores: (La Santísima Virgen): “Tened siempre a mano vuestros objetos protectores: vuestras velas bendecidas, vuestras medallas, vuestras estampas y objetos sagrados de donde fluyen todas las gracias”. * Dice la Santísima Virgen (15/04/1900): “Hijitos míos: es la fe, es la confianza la más preciada de todas las oraciones y la que más obtiene”.

12. Refugios: Revelacion deI Divino Corazón de Jesús a Marie-Julie: “Queridos míos: hay tres refugios (para el tiempo de la tribulación): Mi Divino Corazón, mi Divina Cruz y mi querida Inmaculada Madre”. “Santa Ana le dijo lo mismo a Marie-Julie el 26/07/1923: “Tendréis varios refugios a la hora del castigo: La Cruz, el Adorable Divino Corazón y el Corazón Virginal de mi Hija Inmaculada”.

13. Forma de usar el espino según indicaciones de nuestra señora: (05/08/1880): “Habrá una grave enfermedad que la ciencia humana no podrá aliviar. Esta enfermedad atacará primero al corazón; luego al espíritu, y al mismo tiempo a la lengua. Será horrible. El calor que la acompañará será un fuego devorador insoportable y tan intenso que los miembros del cuerpo afectados se pondrán rojos, un rojo feroz e insoportable. Después de siete días, esta enfermedad que habrá sido sembrada como la semilla en el campo (periodo de incubación) se extenderá rápidamente por todas partes, haciendo grandes progresos”. * Hijos míos, solo hay UN remedio que podría salvaros. Conocéis el espino que crece en casi todos los setos. Las hojas del espino (no las ramas) pueden detener el avance de esta enfermedad”. Recogeréis las hojas (no las ramas). Aunque secas, conservarán su eficacia. Las pondréis en agua hirviendo y las dejaréis a remojo unos 14 minutos, cubriendo el recipiente para que no se vaya el vapor. Al comienzo de esta enfermedad deberá usarse este remedio tres veces al día. Esta enfermedad producirá continuos vómitos y náuseas. Si el remedio se toma demasiado tarde, la parte del cuerpo afectada se pondrá negra, y en lo negro aparecerá una especie de raya pálida y amarilla.


APARICIONES EN EL FINAL DE LOS TIEMPOS

APARICIONES MARIANAS EN EL FINAL DE LOS TIEMPOS
San Agustín (354-430 A.D.), doctor de la Iglesia Católica Romana, propuso una fórmula para ayudarnos a discernir la proximidad de la Segunda Venida de Nuestro Señor. ¿Todavía es válida esta fórmula después de todos los siglos que han pasado? ¿Tienen las Apariciones de la Virgen María [1] alguna relación con la Segunda Venida, la Parusía, de Nuestro Señor? ¿Hay algún soporte directo bíblico o histórico para esperar todas estas apariciones?
La mejor manera de buscar las respuestas a estas cuestiones es consultar, confiados en la oración, las Sagradas Escrituras.
Fuente: Hemos sido avisados por la Virgen María. ¿Vamos a escuchar? Ca. 8

Parece bastante claro que “Elías” es más algo más que simplemente un ser humano específico. “Elías” fue representado por Juan el Bautista. Jesús afirma claramente que “Elías” volverá para “restaurarlo todo” y Dios, el Padre, a través de Malaquías, ya nos había informado de lo mismo.

También es algo reconocido en círculos teológicos tradicionales que cuando se dice: “La Ley y los Profetas” quiere decir “Henoc y Elías” o “Moisés y Elías”, es decir, “Elías” parece ser el equivalente a “Profetas”.

Ahora, puesto que “Elías” va a venir otra vez hacia el “fin de estos tiempos” y está sólidamente establecido que Juan el Bautista era ese “Elías” que anunciaba la Primera Venida del Señor, podemos concluir que esta vez, para la Segunda Venida, “Elías” puede tomar una forma diferente.

Se propone que la nueva manifestación de Elías es anunciada, por inferencia, por la Virgen María, específicamente, a través de Sus apariciones en Medjugorje, las cuales empezaron el día que la Iglesia celebra el nacimiento de Juan el Bautista.

La Iglesia Católica Romana proclama a María como la Reina de los Profetas, así, está dentro de Su prerrogativa concedida por Dios el anunciar la manifestación de cualquiera de Sus asuntos.

Malaquías [3:1] profetiza: “He aquí que envío a mi ángel que preparará el camino delante de Mí, y de repente vendrá a su Templo el Señor a quien buscáis, y el ángel de la Alianza a quien deseáis. He aquí que viene, dice Yahvé de los ejércitos.”

Teniendo en cuenta que “angel” significa “mensajero”, también es apropiado que la Virgen María, a quien la Iglesia Católica Romana considera Reina de los Ángeles, sea el mensajero apropiado sobre quien habla Malaquías.

Este mensaje es todavía más subrayado por Jesús Mismo en San Mateo 11:10 “Éste es de quien está escrito: He ahí que Yo envío a mi mensajero que te preceda, el cual preparará tu camino delante de tí.”

Entonces, es ciertamente adecuado que Jesús anuncie la Manifestación de Elías para la Primera Venida y que María lo anuncie para la Segunda Venida. De un modo maravilloso y misterioso, los Profetas y los Ángeles están ligados místicamente en la Reina de los Profetas y de los Ángeles, la Siempre Santa y Virgen María.

Además, el libro del Apocalipsis da confirmación adicional acerca de la misión que María, Reina de los Ángeles, debe cumplir antes de la Segunda Venida de Nuestro Señor. En el capítulo 22 podemos leer:
 “Y me dijo: Estas palabras son seguras y fieles, y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado a su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que han de verificarse en breve”
 “Yo, Juan, soy el que he oído y visto estas cosas. Y cuando las oí y ví, me postré ante los pies del ángel que me las mostraba, para adorarlo.  Mas él me dijo: Guárdate de hacerlo, porque yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. A Dios adora. Y díjome: No selles [sellar = esconder, oscurecer, retener] las palabras de este libro, pues el tiempo está cerca.”
 [3] [Ap. 22]

¿Consiervo? ¿La Virgen María, la Reina del Cielo y de la Tierra? ¡Sí, así es! Ella Misma pronunció esas palabras: “He aquí la esclava del Señor;…” [Lc. 1:38] y después procedió apresuradamente a visitar y servir a Su prima Isabel como una humilde sirvienta. Para comprender totalmente este concepto/paralelismo debemos traer a nuestra atención las palabras y el ejemplo de Nuestro Señor cuando Él lavó los pies de los apóstoles.

La evidencia bíblica concreta que anuncia las Apariciones Marianas hacia el Fin de Estos Tiempos es sobrecogedora. Y no es sólo eso, se nos insta a través de Apoc. 22:10 a “proclamar la información / instrucciones que se nos dan” y NO a esconderla [sellarla].

Entonces podemos aceptar que un acontecimiento como el de Medjugorge [5] fue anunciado y bien documentado ya en los tiempos de Malaquías. Nuestra Señora ha dicho, desde Su púlpito de Medjugorje, que esas iban a ser Sus últimas apariciones en la tierra. Esto coincide con otras manifestaciones Marianas y Cristianas en la tierra. Debería seguirse de esto que el escenario de las Apariciones Marianas en los siglos 19 y 20 fue dispuesto hace unos 2000 años y que estamos a las puertas de el Fin de Estos Tiempos.

Parece entonces que la fórmula propuesta por San Agustín es una realidad. Por tanto, se puede concluir con seguridad que pronto deberíamos ver que muchos judíos se convertirán, que las persecuciones causadas por las fuerzas del anticristo serán una realidad y que, finalmente, Nuestro Señor vendrá envuelto en inimaginable Poder y Gloria.

Sin embargo, antes de que esto ocurra, seremos sin saberlo testigos de las acciones de los “dos testigos”. Su identidad se hará más y más evidente conforme se acerque la Parusía.
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NOTAS

[1] Si el lector no cree en las Apariciones de la Virgen María, con el fin de mantener una coherencia interna, asúmala como una realidad mientras estudia este documento.
[2] Citado de la traducción (española) del Dr. Straubinger, ya que es la única encontrada que hace honor al auténtico mensaje de 2Tesalonicenses 2:3,4.
[3] “…time is at hand.” no es cuando vivía San Juan. Es el momento del tiempo que él estaba “viendo” como testigo, por una Gracia Especial, y dando cuenta de ello. Este marco temporal se hace claro en el versículo 6 del Capítulo 22 del Libro del Apocalipsis.
[5] Esto no debe tomarse una carta en blanco para aceptar los acontecimientos de Medjugorje. Sólo porque una manifestación Celestial sea legítima al comienzo no significa que continúe siéndolo una vez que la volundad de manipulación del hombre interviene.

REINVINDICADOS

LOS MENSAJES DE LA VIRGEN MARÍA A TERESITA CASTILLO EN 1949 SON REINVINDICADOS 
Campaña de oración en Filipinas por la conversión de los chinos que amenazan su patria, basada en revelaciones.
Fuente: Know The Truth

Ahora un predicador y un obispo lanzan una campaña de oración para que el pueblo filipino ore para que China se convierta y no ataque a Filipinas, todo basado en revelaciones que Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias le hizo a la monja Teresita Castillo en 1948 y 1949.

Marwil N. Llasos, OP, uno de los principales mariólogos de Filipinas dice:
“Una de las razones por las que creo que las apariciones de Lipa son sobrenaturales y, por tanto, no diabólicas es que la Aparición pronunció una verdadera profecía. Es cierto que el diablo no puede hacer realidad una profecía. Los autores espirituales y teólogos místicos son unánimes en sostener ese punto de vista. Si fue el diablo el que se aparecía a la Hna. Teresita, no podía pronunciar la verdadera profecía. Él es un mentiroso y padre de mentira (Jn. 8:44 ). El diablo tampoco tiene ningún control sobre el futuro; sólo Dios omnipotente y omnisciente lo tiene”.

Una profecía sorprendente que tiene sentido en la historia reciente, es el mensaje secreto, dado a través de locución interior a la vidente de Lipa, Teresita Castillo, el 17 de octubre 1949, que declaró:
“Reza duro por el sueño de China de invadir el mundo entero. Filipinas es uno de sus favoritos. El dinero es la fuerza maligna que conduce a la gente del mundo a la destrucción”.

Todas las profecías son condicionales. María, la Reina de los Profetas, siempre profetisa la esperanza y nunca la fatalidad, y añadió lo que podemos hacer para frustrar el sueño de dominación mundial de China y, en particular, la invasión de las Filipinas. La Mediadora de Todas las Gracias mencionó:
“Las oraciones, los sacrificios, la abnegación y el rezo diario del rosario ablandará el corazón de mi Hijo como he dicho antes”.

Y continúa Marwil N. Llasos:
“Desde 2011, cuando me topé con la profecía en las memorias de la Hermana Teresita Castillo, he estado hablando sobre esto en cada oportunidad posible. La agresión de China contra las Filipinas y el arma para combatirla se han anunciado por la vidente de Lipa”.
“Lo crean o no, alguien más sabía de las intenciones de la República Popular de China y Filipinas hace más de sesenta años”.

En una charla escalofriante que se celebró en el salón del Santuario de San José en Greenhills, el abogado Marwil Llasos, OP, compartió que ya en 1949, la tensión actual de las relaciones China-Filipina se había dado a conocer a una hermana novicia carmelita llamado Teresita L. Castillo de Lipa, Batangas.

Si esto suena bastante misterioso, Llasos señaló que la aparición tuvo lugar aproximadamente dos semanas después de la derrota del presidente Mao Zedong sobre el Kuomintang encabezado por el general Chiang Kai Shek – cuando China era aún política y económicamente insignificante.

Si Fátima tuvo su Rusia, Lipa, al parecer, tiene su China.

Y Marwil N. Llasos anunció:
Mi posición parece haber encontrado el apoyo de uno de los prelados de alto rango de las Filipinas, Su Eminencia el Cardenal Ricardo J. Vidal, DD , arzobispo emérito de Cebú.
“En una carta abierta del 19 de junio de 2014, el cardenal Vidal hace un llamado a todos los católicos filipinos para pedir la intercesión de la Santísima Virgen en la prevención de las hostilidades entre las Filipinas y la emergente ‘superpotencia’. ‘La primera y única línea de defensa que Filipinas tiene es el manto de protección de la Santísima Virgen María’, dijo el cardenal. El prelado organizó una cruzada de oración”.

El texto completo de la oración ‘Plegaria por el Pueblo Amante de María’ dice así:
“Santísima Virgen María, en medio de la crisis provocada por las reivindicaciones territoriales de China, venimos a tu presencia que buscan tu protección regia y ayuda maternal.
Oramos por la paz y la seguridad de las Filipinas porque tenemos en cuenta el bienestar espiritual de los que avanzan en sus reivindicaciones territoriales en detrimento de la seguridad de nuestro país.
Que el amor de tu Corazón Maternal atraiga al pueblo chino a tu Hijo, Jesús. Que tu Inmaculado Corazón sea el centro desde el cual los rayos de luz y amor del Sagrado Corazón se irradien a través de China, llegando a ser para ellos la fuente inagotable de la que fluirá el agua viva de la Misericordia Divina.
A través de tu intercesión, que el Señor pueda dar la gracia de la fe a los chinos, la esperanza y el amor, y que por tu mediación materna y la gracia, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se adoren en esa vasta extensión de tierra. 
[Basado en el mensaje de Jesús a la Hermana Lúcia de Fátima como está documentado en una carta de la vidente al obispo de Gurza, 27 de mayo de 1943.]
Acuérdate, oh piadosísima Virgen, que Filipinas es un “Pueblo Amante de María”, y que pertenecemos a ti absolutamente, totalmente, siempre y por los siglos.
Somos todo tuyos y todo lo que tenemos es tuyo, oh amantísimo Jesús a través de María, Mediadora de Todas las Gracias”.

También María Mediadora de Todas las Gracias le dijo a Teresita Castillo:
“El Rosario es ahora una oración universal, una oración nacional, una oración de la familia y la oración recomendada por la Santísima Virgen María para la conversión de Rusia, China y todos los países dominados por el comunismo y el paganismo”

UNA LEYENDA

LA LEYENDA DE LA VIRGEN DE MATANZAS EN CUBA 
A lo largo de los siglos, la devoción popular a la Virgen María ha creado en todo el mundo un verdadero tesoro de historias, leyendas, tradiciones e imágenes en que los pueblos católicos han expresado su amor por la madre de Jesucristo. 
Fuente: Voz Catolica
 
En España e Hispanoamérica, casi no hay ciudad, villa o aldea que no tenga su María: una devoción mariana vinculada a la vida, las ansiedades y las esperanzas de los habitantes locales. Algunas de estas devociones son mundialmente conocidas; otras son de significación nacional o regional; y algunas, en cambio, son casi desconocidas, como la que aquí presentamos.

Parece haber tenido su origen en la ciudad cubana de San Carlos y San Severino de Matanzas, donde se escribió un breve folleto (La Habana: Imprenta y Librería “El Iris”, Obispo 22, 1870), del que un solitario ejemplar ha llegado a nuestras manos con su historia sencilla y hermosa –como suelen ser las historias marianas– y una imagen que ha servido de inspiración actual a dos artistas residentes en Miami.
 
De la autora del folleto sólo conocemos el nombre, María del Valle, que no aparece en ninguna de las bibliografías cubanas de la época. Por ser de naturaleza casi desconocida, reproducimos este relato “entre la historia y la leyenda”, tal como fue publicado originalmente, hace ahora 140 años.

Eran los días tenebrosos de 1844, en que la ciudad de Matanzas se replegaba sobre sí misma, para no escuchar el implacable restallar del látigo sobre las espaldas ensangrentadas, o el tronar de las descargas que abatían a los condenados a muerte. Plácido, el poeta infortunado, había caído entre ellos, recitando los versos de su Plegaria a Dios, aquella conmovedora poesía que exculpa plenamente a su alma y condena a sus jueces para siempre.

(Referencia a la sangrienta represión colonial contra la llamada “Conspiración de la Escalera” (1844), durante la cual fueron fusilados en Matanzas numerosos cubanos negros y mulatos, entre ellos el poeta Gabriel de la Concepción Valdés, conocido por su seudónimo de Plácido).

En la paz y el silencio del Valle del Yumurí, sin embargo, parecía como si la vida siguiese un apacible curso, ajena al dolor y al espanto que reinaban en la ciudad. Los amaneceres seguían alegrándose con el canto de los pájaros que despertaban al nuevo día, y engalanándose con su luz siempre nueva, como en la primera mañana en que el Creador convocó la vida sobre el mundo; los atardeceres se gloriaban en el contrapunto delicado de la luz y de las sombras, a cuyo conjuro aparecían y desaparecían, entre los árboles y sobre la hierba, destellos de colores que ningún pintor podrá captar nunca en toda su riqueza. Y las noches eran un puro canto de cigarras queriendo llegar a las estrellas.

Durante una de aquellas mañanas, dos niñas y un niño se internaban en uno de los senderos abiertos en el Valle por el paso lento y persistente de hombres y animales; llevaban el pobre almuerzo a sus respectivos padres, que trabajaban en los campos desde la salida del Sol. Tendría la mayor como doce años; el varón unos siete, y la menor apenas cinco. La mañana era especialmente luminosa, y los árboles estaban más cargados de pájaros que nunca. De pronto, escucharon el ladrido de un perro. 

Era un ladrido fuerte y hondo, como de animal corpulento. Sin embargo, no se sintieron asustados, sino que comenzaron a llamar al perro por todos los nombres que los campesinos del Valle solían darles a los suyos.

El ladrido parecía acompañarles, sin alejarse ni acercarse más, cuando a la menor de los tres, repentinamente, se le ocurrió gritar: “¡Invisible!”

Como si apareciera de repente, un magnífico perro de blanco pelaje se plantó ante ellos, moviendo parsimoniosamente la cola. A pesar de tratarse de un animal desconocido, los niños no sintieron temor alguno, sino que avanzaron hacia el perro, llamándole por el nombre al que parecía haber respondido como a un conjuro. Pero Invisible, si es que así se llamaba realmente, echó a trotar delante de ellos, y en un recodo del sendero desapareció de su vista.

Cuando los niños llegaron al punto en que el perro se les había hecho, efectivamente, invisible, volvieron a escuchar su amistoso ladrido; esta vez, el animal parecía llamarles desde entre los árboles, hacia la derecha del camino. Fue entonces cuando el varón de la partida, recordando el deber que los tres debían cumplir, se negó a abandonar el sendero para seguir al perro. Éste, como si entendiera lo que los niños discutían, ladró otra vez, ahora con mayor insistencia.

¡Pues yo quiero ver a dónde va!”, afirmó la mayor. “¡Y yo también!”, le apoyó la otra. Y el pequeño, rezongando sobre la reprimenda que recibirían cuando se presentasen con el almuerzo frío ante sus padres, no tuvo más remedio que seguir a las dos niñas.

La vegetación se hacía cada vez más intrincada, y el perro desaparecía y reaparecía, haciéndose perseguir por los niños, hasta que los ladridos cesaron abruptamente. En medio del repentino silencio, los niños percibieron —siempre hacia su derecha— un rumor de agua que brotase o corriese muy cerca de ellos.

Apartando los apretados matorrales que les cerraban el paso hacia el sitio de dónde provenía el rumor, se encontraron ante un claro del monte, en cuyo centro se veía brotar un pequeño manantial. El agua corría sobre la hierba como si acabase de surgir de la tierra, y el perro se encontraba al otro lado, inmóvil y expectante como ante la inminente llegada de alguien.

El rumor del agua aumentó inesperadamente, y los niños pudieron ver cómo el manantial brotaba con más fuerza, convirtiéndose en un delgado arroyuelo que empezaba a abrirse cauce a través del claro. Cuando levantaron la vista, el perro ya no estaba allí. Los tres pequeños, sin embargo, no tuvieron tiempo de compartir su sorpresa, pues en el extremo opuesto del claro se erguía ahora una silueta luminosa.

Nos está llamando”, dijo la mayor. “Pero, ¿quién es?”, preguntó la más pequeña. “¡Vamos!”, exclamó el varón. Sin darse cuenta de cómo habían pasado al otro lado del agua, los tres se vieron ante la silueta, que ahora parecía haber crecido en luminosidad. “Es una mujer”, dijo el niño. “Yo no la conozco”, añadió la más pequeña. “No es de aquí”, afirmó la mayor.

No tengáis miedo”, les ordenó la luminosa presencia, con una voz que envolvió a cada uno de ellos en el calor del primer abrazo maternal. “Sí soy de aquí, porque soy de todas partes, y estoy en todas partes”.

¡Es una reina!”, exclamó la más pequeña. “¡Sí, lleva corona!”, la apoyó el niño. “No… ¡Es la Santísima Virgen!”, dijo la mayor, y fue como si su afirmación abriese un silencio que llenara todo el Valle. Desde lo más hondo de aquel silencio, la Señora les respondió: “Soy María”.

Cuando por fin llegaron a donde trabajaban sus padres, los tres niños se interrumpían unos a otros al describir al perro que aparecía y desaparecía; no se ponían de acuerdo en cuanto al sitio donde lo habían visto por primera vez; no sabían decir, a ciencia cierta, si se habían detenido junto a un manantial o un arroyuelo; sus testimonios sólo concordaron al afirmar que la luminosa Señora les había dicho que Ella estaba allí para traer consuelo y esperanza; que siempre estaría allí para velar por todos…

Y, ¿no les pudo haber calentado un poco nuestro almuerzo?”, les interrumpió el padre del varón.

¡No seas salvaje!”, le reprendió el padre de la mayor. “Malo sería que vinieran diciendo que se perdieron por el camino, cuando lo recorren todos los días; o que el tal perro no los dejaba pasar, o que a uno de ellos le dio un dolor…”

“…Pero si vienen diciendo”, continuó el razonamiento el padre de la menor, “que vieron a la Santísima Virgen, a la Santísima Virgen han de haber visto los mocosos, y ¡mucho cuidado con que le vayas a poner la mano encima al chico!

Este relato nos llega desde allí donde la historia y la leyenda se confunden. Había miedo en la ciudad, y sólo unos pocos decían —y esto en voz baja— que la Virgen se les había aparecido a tres niños en el Valle, y que los tres, acompañados por los padres de dos de ellos, habían ido a hablar con el mismísimo señor cura.

Hubo alguno que añadió —y esto era lógico pensarlo—, que le habían llevado un mensaje de parte de la Señora. Y no faltó quien dijese haber escuchado el mensaje mismo, ya de labios de uno de los niños, o transmitido de boca en boca por los campesinos del Valle: que todos rezasen con esperanza y fervor por que cesara el mal que ensombrecía a la ciudad; que se construyese allí una pequeña capilla dedicada a la Virgen de Matanzas; que le pidiésemos a Ella la verdadera paz, que es la que brota del Corazón misericordioso de Jesús como de un manantial inagotable; que la doctrina sencilla y recta de los Doce Apóstoles reaparecería muy pronto, para guiar de nuevo al mundo…

…Y que un día Ella regresará, me atrevo a añadir yo, que nada vi ni oí, porque creer con el corazón es como haber visto y oído con el alma

María del Valle, San Carlos y San Severino de Matanzas, Miércoles 19 de Enero de 1870

ELEVACIÓN

Elevación de la mente a Cristo salvador
De las oraciones atribuidas a santa Brígida
Oración 2: Revelationum S Birgittae libri 2, Roma 1628

Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que anunciaste por adelantado tu muerte y, en la última cena, consagraste el pan material, convirtiéndolo en tu cuerpo glorioso, y por tu amor lo diste a los apóstoles como memorial de tu dignísima pasión, y les lavaste los pies con tus santas manos preciosas, mostrando así humildemente tu máxima humildad.
Honor a ti, mi Señor Jesucristo, porque el temor de la pasión y la muerte hizo que tu cuerpo inocente sudara sangre, sin que ello fuera obstáculo para llevar a término tu designio de redimirnos, mostrando así de manera bien clara tu caridad para con el género humano.
Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que fuiste llevado ante Caifás, y tú, que eres el juez de todos, permitiste humildemente ser entregado a Pilato para ser juzgado por él.
Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, por las burlas que soportaste cuando fuiste revestido de púrpura y coronado con punzantes espinas, y aguantaste con una paciencia inagotable que fuera escupida tu faz gloriosa, que te taparan los ojos y que unas manos brutales golpearan sin piedad tu mejilla y tu cuello.
Alabanza a ti, mi Señor Jesucristo, que te dejaste ligar a la columna para ser cruelmente flagelado, que permitiste que te llevaran ante el tribunal de Pilato cubierto de sangre, apareciendo a la vista de todos como el Cordero inocente.
Honor a ti, mi Señor Jesucristo, que, con todo tu glorioso cuerpo ensangrentado, fuiste condenado a muerte de cruz, cargaste sobre tus sagrados hombros el madero, fuiste llevado inhumanamente al lugar del suplicio despojado de tus vestiduras, y así quisiste ser clavado en la cruz.
Honor para siempre a ti, mi Señor Jesucristo, que en medio de tales angustias, te dignaste mirar con amor a tu dignísima madre, que nunca pecó ni consintió jamás la más leve falta; y, para consolarla, la confiaste a tu discípulo para que cuidara de ella con toda fidelidad.
Bendito seas por siempre, mi Señor Jesucristo, que cuando estabas agonizando, diste a todos los pecador la esperanza del perdón, al prometer misericordiosamente la gloria del paraíso al ladrón arrepentido.
Alabanza eterna a ti, mi Señor Jesucristo, por todos y cada uno de los momentos que, en la cruz, sufriste las mayores amarguras y angustias por nosotros, pecadores; porque los dolores agudísimos procedentes de tus heridas penetraban intensamente en tu alma bienaventurada y atravesaban cruelmente tu corazón sagrado, hasta que dejó de latir y exhalaste el espíritu e, inclinando la cabeza, lo encomendaste humildemente a Dios, tu Padre, quedando tu cuerpo invadido por la rigidez de muerte.
Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que con tu sangre preciosa y tu muerte sagrada redimiste las almas y, por tu misericordia, las llevaste del destierro a la vida eterna.
Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que, por nuestra salvación, permitiste que tu costado y tu corazón fueran atravesados por la lanza y, para redimirnos, hiciste que de él brotara con abundancia tu sangre preciosa mezclada con agua.
Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, porque quisiste que tu cuerpo bendito fuera bajado de la cruz por tus amigos y reclinado en los brazos de tu afligidísima madre, que ella lo envolviera en lienzos y fuera enterrado en el sepulcro, permitiendo que unos soldados montaran guardia.
Honor por siempre a ti, mi Señor Jesucristo, que enviaste el Espíritu Santo a los corazones de los discípulos y aumentaste en sus almas el inmenso amor divino.
Bendito seas tú, glorificado y alabado por los siglos, Señor Jesús, que estás sentado sobre el trono en tu reino de los cielos, en la gloria de tu divinidad, viviendo corporalmente con todos tus miembros santísimos, que tomaste de la carne de la Virgen. Y así has de venir el día del juicio a juzgar a las almas de todos los vivos y los muertos: tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, que has manifestado a santa Brígida secretos celestiales mientras meditaba la pasión de tu Hijo, concédenos a nosotros, tus siervos, gozarnos siempre en la manifestación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

ORACIONES

Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes. Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas”.  
Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.

Antes de cada oración debes hacer: Padrenuestro - Ave Maria.

I

¡Oh Jesucristo ¡Sois la eterna dulzura de todos los que Os aman; la alegría que sobrepasa todo gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos los pecadores. Habéis manifestado no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el instante de Vuestra Concepción y especialmente durante Vuestra Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad, según el plan divino.

Acordaos, Oh Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis Lavado los pies; y después, les distéis Vuestro Sacratísimo Cuerpo, y Vuestra Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra próxima Pasión.

Acordaos de la tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra Alma, como Vos mismo lo afirmasteis, diciendo
”Mi Alma está triste hasta la muerte.”

Acordaos de todos los temores, las angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión. Después de haber orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuisteis traicionado por Vuestro discípulo. Judas; apresado por los habitantes de una nación que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos e injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual.

Acordaos que fuisteis despojado de Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de irrisión. Os cubrieron los Ojos y la Cara infligiendo bofetadas. Después, coronándoos de espinas, pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna, desgarrado con azotes y agobiado de oprobios y ultrajes.

En memoria de todas estas penas y dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión en la Cruz concededme antes de morir, una contrición verdadera, una confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la remisión de todos mis pecados. Amén.

II

¡Oh Jesús, la verdadera libertad de los ángeles y paraíso de delicias! Acordaos del horror y la tristeza con que fuisteis oprimido, cuando Vuestros enemigos como leones furiosos, os rodearon con miles de injurias: salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Os atormentaron a su antojo. En consideración a estos tormentos y a las palabras injuriosas, Os suplico. ¡Oh mi Salvador, y Redentor! que me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y que bajo Vuestra protección, hagáis que yo alcance la perfección de la salvación eterna. Amén.
 
III

¡Oh Jesús, Creador del Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis todo; y todo es sostenido bajo Vuestra amorosa potestad. Acordaos del dolor muy amargo que sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndoos en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron Vuestras Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad. Extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y estirones violentos, en toda dirección, dislocaron Vuestros Huesos.

¡Oh Jesús!, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la Cruz, Os suplico concederme la gracia de temeros y amaros. Amén.

IV

O Jesús, Médico Celestial! elevado en la Cruz para curar nuestras llagas con las Vuestras! Acordaos de las contusiones y los desfallecimientos que habéis sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal grado, que no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todos Vuestros sufrimientos, no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”
Por esta inmensa misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os hago esta súplica: conceded que el recuerdo de Vuestra muy amarga Pasión, nos alcance una perfecta contrición, y la remisión de todos nuestros pecados. Amén.

V

¡Oh Jesús!, ¡Espejo de Resplandor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra Divinidad, habéis vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serian condenados por sus pecados; y Os habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores.

Por este abismo de compasión y piedad y principalmente por la bondad que demostrasteis hacia el buen ladrón, diciéndole: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis misericordia de mí. Amén.

VI

¡Oh Jesús. Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que habéis sufrido, cuando, desnudo y como un crimina! común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz. También! fuisteis abandonado de todos Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy amada Madre. En Vuestra agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos; luego, la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a Maria: “mujer, he aquí a tu hijo!” Y a Juan: “ He aquí a tu Madre!

Os suplico, Oh mi Salvador, por la espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que tengáis compasión de mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, ten piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén.

VII

¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión, ten compasión de mí! En profundo gesto de amor, habéis exclamado en la Cruz: “Tengo sed” Era sed por la salvación del género humano. Oh mi Salvador os ruego que inflaméis nuestros corazones con el deseo de dirigirnos a la perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.
  
VIII

¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu! Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos. Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra vida, y también a la hora de la muerte para servir de remedio y consuelo a nuestras almas. Amén. 

IX

¡Oh Jesús, Virtud real y gozo del alma! Acordaos del dolor que habéis sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte, insultado y ultrajado por los judíos. Clamasteis en alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Por esta angustia, Os suplico, Oh mi Salvador, que no me abandonéis en los terrores y dolores de mi muerte. Amén.
  
X

¡Oh Jesús. Principio y Fin de todas las cosas. Sois la Vida y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis sumergido en un abismo de penas, sufriendo dolor desde la planta de los Pies hasta la cima de la Cabeza. En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas, enseñadme a guardar, por puro amor a Vos, todos Vuestros Mandamientos; cuyo camino de Vuestra Ley Divina es amplio y agradable para aquellos que Os aman, Amén.

XI

¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En memoria de las llagas que penetraron hasta la médula de Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos, presento esta súplica. Yo, miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado. Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra mí. Escondedme en los huecos de Vuestras Llagas hasta que Vuestra cólera y justìsíma indignación hayan cesado. Amén.

XII

¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, Sello de la Unidad. y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con que fuisteis herido, desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas, Oh dulce Jesús, por la efusión de Vuestra adorable Sangre. ¡Oh, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros, en Vuestra Carne virginal! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer por nosotros que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡Oh amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de Vuestros sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón, Vuestro Amor aumente cada día hasta que llegue a contemplaros en la eternidad. ¡Oh Amabilísimo Jesús! Vos sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que Os pido concederme en el Cielo. Amén.

XIII

¡Oh Jesús! ¡Fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas Vuestras fuerzas, tanto morales como físicas, inclinasteis la Cabeza y dijisteis: “Todo está consumado”. Por esta angustia y dolor, os suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia. Amén.

XIV

¡Oh Jesús! ¡Unico Hijo del Padre Celestial! esplendor y semejanza de su Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole: “¡Padre en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!” Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra misericordia para redimirnos, habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, Os suplico, Oh Rey de los santos, confortadme. Socorredme para resistir al demonio, la carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y desterrada que regresa a Vos. Amén.
 
XV

¡Oh Jesús! ¡Verdadera y fecunda Vid! Acordaos de la abundante efusión de Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo. Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el lagar.

De Vuestro Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz., la muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Substancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada; y disecada la médula de Vuestros Huesos. Por esta amarga Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os suplico, Oh dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando yo esté sufriendo en la agonía de mi muerte. Amén.
  
 XVI

¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón, a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación Os sea agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén. 


 

«A LO LARGO DEL CAMINO» 230714

UNA VEZ SALIÓ UN SEMBRADOR A SEMBRAR
Mt. 13,1-9
Quisiera que centráramos nuestra reflexión de hoy en el hecho de que Jesús se sentó para enseñarle a la gente. Una de las cosas que está perdiendo nuestra generación es la capacidad de estar a solas con Jesús, la capacidad de sentarse con Jesús a la orilla del lago y escuchar su enseñanza sin prisa.
Nuestro mundo agitado nos mete en un torbellino de actividades en donde, si acaso dedicamos algo de nuestra jornada a la oración y la escucha del Señor en su palabra, la mayoría de las veces es a la carrera. Me gusta imaginarme esta escena en donde la gente, sin prisa, se sentó a la orilla del mar a escuchar con atención las palabras de vida que el Maestro les anunciaba.
Quizás no puedas hacerlo todos los días, pero al menos, de vez en cuando, date tiempo para estar a solas con Jesús. Toma tu Biblia y sal a dar un paseo; busca un lugar tranquilo y ahí, en el silencio de tu corazón, y sin prisas, escucha la voz del Maestro, escucha su palabra. Te aseguro que regresarás a tu casa lleno de vida y del amor de Dios.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro