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    RECIBE MI CRISTO ECHADO

    RECIBE MI CRISTO ECHADO
    REENVIALO

    SALMOS

    • PARA LA SALUD
    1.  Para curar enfermedades y proteger contra un daño o peligro:

     SALMO 2
     
    El rey davídico, figura del Mesías
    La rebelión de los reyes vasallos
    2:1 ¿Por qué se amotinan las naciones
    y los pueblos hacen vanos proyectos?
    2:2 Los reyes de la tierra se sublevan,
    y los príncipes conspiran
    contra el Señor y contra su Ungido:
    2:3 "Rompamos sus ataduras,
    librémonos de su yugo". 


    El Señor, defensor de su Ungido
    2:4 El que reina en el cielo se sonríe;
    el Señor se burla de ellos.
    2:5 Luego los increpa airadamente
    y los aterra con su furor:
    2:6 "Yo mismo establecí a mi Rey
    en Sión, mi santa Montaña". 


    Los privilegios del Rey
    2:7 Voy a proclamar el decreto del Señor:
    Él me ha dicho: "Tú eres mi hijo,
    yo te he engendrado hoy. 

    2:8 Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
    y como propiedad, los confines de la tierra.
    2:9 Los quebrarás con un cetro de hierro,
    los destrozarás como a un vaso de arcilla".


    Advertencia contra los rebeldes
    2:10 Por eso, reyes, sean prudentes;
    aprendan, gobernantes de la tierra. 

    2:11 Sirvan al Señor con temor;
    2:12 temblando, ríndanle homenaje,
    no sea que se irrite y vayan a la ruina,
    porque su enojo se enciende en un instante. 

    ¡Felices los que se refugian en él!

    SALMO 6
     
    El Señor ha escuchado mis lamentos
    6:1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. 

    En octava. Salmo de David. 

    6:2 Señor, no me reprendas por tu enojo
    ni me castigues por tu indignación. 

    6:3 Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas;
    sáname, porque mis huesos se estremecen. 

    6:4 Mi alma está atormentada,
    y tú, Señor, ¿hasta cuándo...? 

    6:5 Vuélvete, Señor, rescata mi vida,
    sálvame por tu misericordia,
    6:6 porque en la Muerte nadie se acuerda de ti,
    ¿y quién podrá alabarte en el Abismo? 

    6:7 Estoy agotado de tanto gemir:
    cada noche empapo mi lecho con llanto,
    inundo de lágrimas mi cama. 

    6:8 Mis ojos están extenuados por el pesar
    y envejecidos a causa de la opresión. 

    6:9 Apártense de mí todos los malvados,
    porque el Señor ha oído mis sollozos. 

    6:10 El Señor ha escuchado mi súplica,
    el Señor ha aceptado mi plegaria. 

    6:11 ¡Que caiga sobre mis enemigos
    la confusión y el terror,
    y en un instante retrocedan avergonzados!

    SALMO 9
     
    Has dado una sentencia justa
    9:1 Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo de David. 


    Acción de gracias por la justicia de Dios
    9:2 Te doy gracias, Señor, de todo corazón
    y proclamaré todas tus maravillas.

    9:3 Quiero alegrarme y regocijarme en ti,
    y cantar himnos a tu Nombre, Altísimo. 

    9:4 Cuando retrocedían mis enemigos,
    tropezaron y perecieron delante de ti,
    9:5 porque tú defendiste mi derecho y mi causa,
    sentándote en el trono como justo Juez. 

    9:6 Escarmentaste a las naciones,
    destruiste a los impíos
    y borraste sus nombres para siempre;
    9:7 desapareció el enemigo: es una ruina irreparable;
    arrasaste las ciudades, y se perdió hasta su recuerdo.

    9:8 Pero el Señor reina eternamente
    y establece su trono para el juicio:
    9:9 él gobierna al mundo con justicia
    y juzga con rectitud a las naciones. 

    9:10 El Señor es un baluarte para el oprimido,
    un baluarte en los momentos de peligro. 

    9:11 ¡Confíen en ti los que veneran tu Nombre,
    porque tú no abandonas a los que te buscan!

    9:12 Canten al Señor, que reina en Sión,
    proclamen entre los pueblos sus proezas. 

    9:13 Porque él pide cuenta de la sangre,
    se acuerda de los pobres y no olvida su clamor.

    9:14 El Señor se apiadó de mí, contempló mi aflicción;
    me tomó y me alzó de las puertas de la Muerte,
    9:15 para que pudiera proclamar sus alabanzas
    y alegrarme por su victoria en las puertas de Sión. 


    La derrota de los impíos
    9:16 Los pueblos se han hundido en la fosa que abrieron,
    su pie quedó atrapado en la red que ocultaron. 

    9:17 El Señor se dio a conocer, hizo justicia,
    y el impío se enredó en sus propias obras. Sordina
    Pausa.

    9:18 Vuelvan al Abismo los malvados,
    todos los pueblos que se olvidan de Dios. 

    9:19 Porque el pobre no será olvidado para siempre
    ni se malogra eternamente la esperanza del humilde. 

    9:20 ¡Levántate, Señor! 

    Que los hombres no se envanezcan,
    y las naciones sean juzgadas en tu presencia. 

    9:21 Infúndeles pánico, Señor,
    para que aprendan que no son más que hombres.

    SALMO 12 (11)
     
    Tú, Señor, nos protegerás y nos librarás
    12:1 Del maestro de coro. En octava. Salmo de David. 


    Súplica apremiante
    12:2 ¡Sálvanos, Señor, porque ya no hay gente buena,
    ha desaparecido la lealtad entre los hombres! 

    12:3 No hacen más que mentirse unos a otros,
    hablan con labios engañosos y doblez de corazón. 

    12:4 Que el Señor elimine los labios engañosos
    y las lenguas jactanciosas de los que dicen:
    12:5 "En la lengua está nuestra fuerza;
    nuestros labios nos defienden, ¿quién nos dominará?"


    Respuesta del Señor
    12:6 "Por los sollozos del humilde
    y los gemidos del pobre,
    ahora me levantaré —dice el Señor—
    y daré mi ayuda al que suspira por ella". 

    12:7 Las promesas del Señor son sinceras
    como plata purificada en el crisol,
    depurada siete veces. 

    12:8 Tú nos protegerás, Señor,
    nos preservarás para siempre de esa gente;
    12:9 por todas partes merodean los malvados
    y se encumbran los hombres más indignos.

    SALMO 20 (19)
     
    Señor, da la victoria al rey
    20:1 Del maestro de coro. Salmo de David. 


    Súplica para alcanzar la victoria
    20:2 El Señor te haga triunfar
    en el momento del peligro,
    que el nombre del Dios de Jacob sea tu baluarte. 

    20:3 Que él te auxilie desde su Santuario
    y te proteja desde Sión;
    20:4 que se acuerde de todas tus ofrendas
    y encuentre aceptables tus holocaustos. 

    20:5 Que satisfaga todos tus deseos
    y cumpla todos tus proyectos,
    20:6 para que aclamemos tu victoria
    y alcemos los estandartes
    en nombre de nuestro Dios. 

    ¡Que el Señor te conceda todo lo que pides! 


    Seguridad de alcanzar la victoria
    20:7 Ahora sé que el Señor
    ha dado la victoria a su Ungido,
    lo ha hecho triunfar desde su santo cielo
    con las proezas de su mano salvadora. 

    20:8 Unos se fían de sus carros y otros de sus caballos,
    pero nuestra fuerza está en el nombre
    de nuestro Dios. 

    20:9 Ellos tropezaron y cayeron,
    mientras nosotros nos mantuvimos erguidos
    y confiados. 

    20:10 ¡Señor, concede la victoria al rey,
    escúchanos cuando te invocamos!

    2.  Para combatir el dolor:

    SALMO 37 (36)
     

    Los humildes heredarán la tierra
    37:1 De David. 

    No te exasperes a causa de los malos,
    ni envidies a los que cometen injusticias,
    37:2 porque pronto se secarán como el pasto
    y se marchitarán como la hierba verde. 

    37:3 Confía en el Señor y practica el bien;
    habita en la tierra y vive tranquilo:
    37:4 que el Señor sea tu único deleite,
    y él colmará los deseos de tu corazón. 

    37:5 Encomienda tu suerte al Señor,
    confía en él, y él hará su obra;
    37:6 hará brillar tu justicia como el sol
    y tu derecho, como la luz del mediodía. 

    37:7 Descansa en el Señor y espera en él;
    no te exasperes por el hombre que triunfa,
    ni por el que se vale de la astucia
    para derribar al pobre y al humilde.

    37:8 Domina tu enojo, reprime tu ira;
    no te exasperes, no sea que obres mal:
    37:9 porque los impíos serán aniquilados,
    y los que esperan al Señor, poseerán la tierra. 

    37:10 Un poco más, y el impío ya no existirá;
    si buscas su casa, ya no estará;
    37:11 pero los humildes poseerán la tierra
    y gozarán de una gran felicidad. 

    37:12 El malvado urde intrigas contra el justo,
    y al verlo, rechinan sus dientes;
    37:13 pero el Señor se burla de él,
    sabiendo que se le acerca la hora. 

    37:14 Los impíos desenvainan la espada
    y tienden sus arcos para matar al justo;
    37:15 pero su espada les atravesará el corazón
    y sus arcos quedarán destrozados. 

    37:16 Vale más la pobreza del justo
    que las grandes riquezas del malvado:
    37:17 porque los brazos del impío se quebrarán,
    pero el Señor sostiene a los justos. 

    37:18 El Señor se preocupa de los buenos
    y su herencia permanecerá para siempre;
    37:19 no desfallecerán en los momentos de penuria,
    y en tiempos de hambre quedarán saciados. 

    37:20 Pero los malvados irán a la ruina,
    y los enemigos del Señor pasarán
    como la hermosura de los prados,
    se disiparán más pronto que el humo. 

    37:21 El impío pide prestado y no devuelve,
    el justo, en cambio, da con generosidad;
    37:22 los que el Señor bendice, poseerán la tierra,
    y los que él maldice, serán exterminados. 

    37:23 El Señor asegura los pasos del hombre
    en cuyo camino se complace:
    37:24 aunque caiga no quedará postrado,
    porque el Señor lo lleva de la mano. 

    37:25 Yo fui joven, ahora soy viejo,
    y nunca vi a un justo abandonado,
    ni a sus hijos mendigando el pan;
    37:26 él presta siempre con generosidad
    y su descendencia será bendecida. 

    37:27 Aléjate del mal, practica el bien,
    y siempre tendrás una morada,
    37:28 porque el Señor ama la justicia
    y nunca abandona a sus fieles. 

    Los impíos serán aniquilados
    y su descendencia quedará extirpada,
    37:29 pero los justos poseerán la tierra
    y habitarán en ella para siempre. 

    37:30 La boca del justo expresa sabiduría
    y su lengua dice lo que es recto:
    37:31 la ley de Dios está en su corazón
    y sus pasos no vacilan. 

    37:32 El malvado está al acecho del justo
    con la intención de matarlo,
    37:33 pero el Señor no lo abandona en sus manos
    ni deja que lo condenen en el juicio. 

    37:34 Espera en el Señor y sigue su camino:
    él te librará de los impíos;
    te honrará con la posesión de la tierra
    y tú mismo verás la ruina de los malos. 

    37:35 Yo vi a un impío lleno de arrogancia,
    que florecía como un cedro frondoso;
    37:36 pasé otra vez, y ya no estaba,
    lo busqué, y no se lo pudo encontrar. 

    37:37 Observa al inocente, fíjate en el bueno:
    el que busca la paz tendrá una descendencia;
    37:38 pero los pecadores serán aniquilados
    y su descendencia quedará extirpada. 

    37:39 La salvación de los justos viene del Señor,
    él es su refugio en el momento del peligro;
    37:40 el Señor los ayuda y los libera,
    los salva porque confiaron en él.