martes, 18 de junio de 2013

PADRE CABAÑUELAS


LA MISA MILAGROSA DEL PADRE CABAÑUELAS
Un prodigio eucarístico en el Santuario de Guadalupe (Cáceres, España)
-Fray José Torrejón, O.F.M.-


El Venerable padre Cabañuelas, o fray Pedro de Valladolid, que era su nombre en religión, protagonista del suceso prodigioso que nos ocupa, fue uno de los eximios varones que ilustraron con su virtud la incipiente vida religiosa en el cenobio guadalupense en los primeros tiempos de su establecimiento en él de la Orden de San Jerónimo, en 1389.

Son los discípulos aventajados, él y otros más, del Venerable padre fray Fernando Yáñez de Figueroa, ilustre cacereño de la más rancia nobleza y primer prior del monasterio, que brillan por su santidad a lo largo de la primera mitad del siglo XV, algunos de los cuales, ocho en total, han quedado inmortalizados por el pincel de Zurbarán en otros tantos lienzos de los once que decoran la sacristía del Santuario de Guadalupe. Los tres restantes son escenas de la vida de San Jerónimo.

El padre Cabañuelas abrazó, siendo muy joven, la vida religiosa y siempre se distinguió por su acendrada devoción a la Eucaristía, en cuya contemplación y meditación gastaba gran parte de las horas del día y de la noche. Pero quiso el Señor aquilatar aquella su fe en el gran Misterio, permitiendo al enemigo de las almas viniera a turbar su imaginación con terribles dudas sobre la presencia real de Cristo en el Sacramento del Altar, dudas que se acrecentaban hasta producirle tremenda angustia, mientras celebraba el Santo Sacrificio.

El suceso milagroso que disipó todas sus dudas y le curó radicalmente de todas sus incertidumbres para el resto de su vida, podemos situarlo cronológicamente hacia 1420, como a los cincuenta años de su edad, y es él mismo quien nos lo refiere, aunque en tercera persona, en una relación que de su puño y letra se halló entre sus papeles después de su muerte, y que transcribimos a continuación.

"A un fraile de esta casa, dice, acaeció que un sábado, diciendo Misa, después que hubo consagrado el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, vio una cosa como nube que cubrió el ara y el cáliz, de manera que no veía otra cosa sino un poco de la cruz que estaba detrás del ara, lo cual le puso gran temor y con muchas lágrimas rogaba al Señor que pluguiese a su piedad de manifestarle qué cosa era aquélla y lo librase de tan gran peligro. Y estando así muy atribulado y espantado, poco a poco se fue quitando aquella nube; y, desde que se quitó, no halló la Hostia consagrada y vio la hijuela que estaba sobre el cáliz, quitada; y acató en el cáliz y lo vio vacío. Y cuando él vio esto, comenzó a llorar muy fuertemente, demandando misericordia a Dios y encomendándose devotamente a la Virgen María.

"Y estando así afligido, vio venir la Hostia consagrada puesta en una patena muy resplandeciente, y púsose sobre el cáliz; y comenzó a salir de ella gotas de sangre, en abundancia. Y desde que la sangre hubo caído en el cáliz, púsose la hijuela encima del cáliz y la Hostia encima del ara, como antes estaba. Y el dicho fraile, estando así muy espantado y llorando, oyó una voz que le dijo: Acaba tu oficio, y sea a ti en secreto lo que viste".
El momento en que Zurbarán lo representa en el lienzo, uno de los mejores, junto con “La Perla", por la belleza de su composición, expresión de los rostros, luminosidad y colorido, de cuantos salieron de su pincel, es aquel en que, viendo aparecer de nuevo por el aire la resplandeciente patena con la Hostia consagrada, cae de rodillas, entre atónito y arrobado, reconociendo y rindiendo su inteligencia a la evidencia del milagro, mientras que el lego que le servía, de rodillas también, semeja no haberse percatado lo que también hace notar el padre Cabañuelas en su relación del prodigio eucarístico operado en aquella "Misa milagrosa".

El hecho fue pronto conocido y divulgado por todos los ámbitos de la nación, y hasta los mismos reyes de Castilla, don Juan II y su esposa doña María de Aragón, junto con el príncipe don Enrique, el futuro Enrique IV, acudieron a Guadalupe, por conocer y tratar al siervo de Dios, elegido ya a la sazón prior del monasterio, quedando tan prendados de su virtud y santidad, que la reina le eligió por su consejero en materias del espíritu, y mandó en su testamento que, cuando trajeran sus restos al Santuario, colocaran a su lado los del padre Cabañuelas, como en efecto se hizo.

Aún nos queda un precioso testimonio de la "Misa milagrosa": los corporales y la hijuela, con unas gotas de sangre, usados en la misma, reconocidos ante notario apostólico en el siglo XVII, fueron declarados auténticos y son hoy la más preciada reliquia con que se honra el relicario guadalupense, como fueron también preclara reliquia eucarística, expuesta a la veneración de los fieles, entre dos velas encendidas, en el Congreso Eucarístico Nacional de Toledo, octubre de 1926.

El padre Cabañuelas murió el 20 de marzo de 1441, en olor de santidad, muy querido y venerado de todos.




 

lunes, 17 de junio de 2013

NO COMETAS EL MISMO ERROR



BENDITO INICIO DE SEMANA



JESÚS PULSA



ORAR CON EL EVANGELIO
XII Domingo T.O. Ciclo C
26/06/2013



SÉ TU MISMO



SÉ TU MISMO EL SACRIFICIO
Y EL SACERDOTE DE DIOS

De los sermones de san Pedro Crisólogo


Os exhorto, por la misericordia de Dios, nos dice san Pablo. Él nos exhorta, o mejor dicho, Dios nos exhorta por medio de él. El Señor se presenta como quien ruega porque prefiere ser amado que temido, y le agrada más mostrarse como Padre que aparecer como Señor. Dios, pues, suplica por misericordia para no tener que castigar con rigor.

Escucha cómo suplica el Señor: «Mirad y contemplad en mí vuestro mismo cuerpo, vuestros miembros, vuestras entrañas, vuestros huesos, vuestra sangre. Y si ante lo que es propio de Dios teméis, ¿por qué no amáis al contemplar lo que es de vuestra misma naturaleza? Si teméis a Dios como Señor, ¿por qué no acudís a él como Padre?

»Pero quizá sea la inmensidad de mi pasión, cuyos responsables fuisteis vosotros, lo que os confunde. No temáis. Esta cruz no es mi aguijón, sino el aguijón de la muerte. Estos clavos no me infligen dolor, lo que hacen es acrecentar en mí el amor por vosotros. Estas llagas no provocan mis gemidos, lo que hacen es introduciros más en mis entrañas. Mi cuerpo al ser extendido en la cruz os acoge con un seno más dilatado pero no aumenta mi sufrimiento. Mi sangre no es para mí una pérdida, sino el pago de vuestro precio.

»Venid, pues, retornad, y comprobaréis que soy un padre, que devuelvo bien por mal, amor por injurias, inmensa caridad como paga de las muchas heridas».

Pero escuchemos ya lo que nos dice el Apóstol: Os exhorto -dice-, a presentar vuestros cuerpos. Al rogar así, el Apóstol eleva a todos los hombres a la dignidad del sacerdocio: A presentar vuestros cuerpos como hostia viva. 

¡Oh inaudita riqueza del sacerdocio cristiano: el hombre es, a la vez, sacerdote y víctima! El cristiano ya no tiene que buscar fuera de sí la ofrenda que debe inmolar a Dios: lleva consigo y en sí mismo lo que va a sacrificar a Dios. Tanto la víctima como el sacerdote permanecen intactos: la víctima sacrificada sigue viviendo, y el sacerdote que presenta el sacrificio no podría matar esta víctima.

Misterioso sacrificio en que el cuerpo es ofrecido sin inmolación del cuerpo, y la sangre se ofrece sin derramamiento de sangre. Os exhorto, por la misericordia de Dios -dice-, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

Este sacrificio, hermanos, es como una imagen del de Cristo que, permaneciendo vivo, inmoló su cuerpo por la vida del mundo: él hizo efectivamente de su cuerpo una hostia viva, porque, a pesar de haber sido muerto, continúa viviendo. En un sacrificio como éste, la muerte tuvo su parte, pero la víctima permaneció viva, la muerte resultó castigada, la víctima, en cambio, no perdió la vida. Así también, para los mártires, la muerte fue un nacimiento: su fin, un principio, al ajusticiarlos encontraron la vida y, cuando, en la tierra, los hombres pensaban que habían muerto, empezaron a brillar resplandecientes en el cielo.

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva. Es lo mismo que ya había dicho el profeta: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo.

Hombre, procura, pues, ser tú mismo el sacrificio y el sacerdote de Dios. No desprecies lo que el poder de Dios te ha dado y concedido. Revístete con la túnica de la santidad, que la castidad sea tu ceñidor, que Cristo sea el casco de tu cabeza, que la cruz defienda tu frente, que en tu pecho more el conocimiento de los misterios de Dios, que tu oración arda continuamente, como perfume de incienso: toma en tus manos la espada del Espíritu: haz de tu corazón un altar, y así, afianzado en Dios, presenta tu cuerpo al Señor como sacrificio.

Dios te pide fe, no desea tu muerte; tiene sed de tu entrega, no de tu sangre; se aplaca, no con tu muerte, sino con tu buena voluntad.







domingo, 16 de junio de 2013

PALABRAS DE VIDA



PALABRAS DE VIDA 16/06/2013

sábado, 15 de junio de 2013

PALABRA Y OBRA



HOJITAS DOMINICALES PARA NIÑOS


DE LAS IMÁGENES SAGRADAS


CONVERSANDO CON AMIGOS EVANGÉLICOS SOBRE LAS IMÁGENES SAGRADAS
Por José Miguel Arráiz



Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo sobre el tema de las imágenes sagradas, que suele ser bastante polémico y piedra de tranca con nuestros hermanos. Lo he reproducido este sí más retocado y parafraseado que el anterior, porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué, aunque se que en este y otros temas, los mejores argumentos no convencerán a todos. Los nombres, por supuesto, no son reales.


Miguel: Estuvo muy interesante nuestra última conversación, y te podría decir que entiendo su doctrina respecto a los santos, pero ¿por qué representarlos con imágenes? ¿No dice claramente la Biblia que está prohibido hacerlas?: “No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás” (Éxodo 20,4-5)


Marlene: Efectivamente, ¿dónde dice la Biblia que se deben adorar imágenes?


José: Ok, permíteme que te explique exactamente que creemos.


Miguel: Por favor.


José: Ante todo has de entender que las imágenes para nosotros no tienen el mismo significado que para los paganos que las consideraban realmente dioses. Nosotros no las adoramos, y sabemos perfectamente que son solo representaciones, ya sea de Cristo o de sus santos.


Marlene: Pero las hacen igualmente.


José: Si, pero aquí tenemos que entender a qué se refería el mandamiento, y en qué consistía exactamente la prohibición de hacer imágenes. ¿Ustedes creen que prohibía hacer cualquier tipo de imágenes?


Miguel: No, evidentemente no. El problema no es hacer una imagen, sino que se le adore.


José: ¡Exacto!. Y prueba está en que la misma tienda del encuentro[1] fue construida por orden divina y estaba llena de imágenes, lo mismo el Templo también las tenía, imágenes de seres que están en el cielo, como los ángeles, y que están en la tierra, como los animales. Incluso la misma Arca de la Alianza tenía dos enormes ángeles en la parte superior (Éxodo 25,18-19; 26,4; 1 Reyes 6,18-19.23-29.32-33.35; 13,23-25.35-36). Queda claro que estas no violaban la prohibición dada por Dios.


Miguel: Si, eso lo sé, porque no las adoraban.


José: Estamos de acuerdo entonces que no hay que sacar el texto de contexto y lo que se prohíbe no es la mera fabricación de imágenes sino su adoración. Otra prueba de que el mandamiento no se refiere a cualquier tipo de imágenes, ni siquiera religiosas, es que allí se usa la palabra hebrea פֶּסֶל (pésel) que significa “ídolo”, mientras que en la misma lengua existen palabras para referirse a otro tipo de imágenes no idolátricas sino representativas, como por ejemplo la palabra צלם (tselem) o la palabra צלם (pittuach) para referirse a imágenes representativas o decorativas.


El mandamiento también comienza diciendo “ No habrá para ti otros DIOSES delante de mí” (Éxodo 20,3). Por lo tanto, una traducción adecuada que se apega más al texto hebreo y al contexto sería “No te hagas ningún ÍDOLO ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra” (Éxodo 20,4).


Y si una imagen no es un ídolo, esto es, una imagen que sea considerada como un Dios en sí misma, no representa ningún problema y podemos tener nuestros templos llenos de ellas, tal como lo estaba el templo de Salomón, el cual luego de ser reconstruido fue visitado por Jesús sin que este objetara en lo absoluto la presencia de imágenes.


Allí está también el caso de la serpiente de bronce (Números 21,9), mandada a construir por Dios, nunca representó un problema hasta que parte del pueblo se corrompió y comenzó a adorarla y tuvo que ser destruida (2 Reyes 18,4).


Marlene: Pero al rezarle y ponerse de rodillas ante ellas las adoran. Ese es el problema.


José: Recuerda que en nuestra conversación pasada hablamos de que el gesto de ponerse de rodillas tiene un significado diverso dependiendo de la intención con que se haga. Cuando lo hacemos ante una imagen lo hacemos como un acto de veneración.


Marlene: Un acto de veneración ante un objeto inanimado. En los ejemplos que pusiste en nuestra conversación anterior, vimos que los justos si se ponían de rodillas ante profetas y hombres de Dios sin llegar a adorarles, y allí puedo entenderlo porque eran personas vivas, ¿pero imágenes de yeso que no pueden ver ni escuchar?.


José: Efectivamente, sabemos que las imágenes no ven ni oyen porque solo son eso: imágenes, pero para nosotros un gesto dirigido hacia una imagen realmente está dirigido a quien la imagen representa. Cuando los ancianos de Israel se postraban ante el Arca de la Alianza, no se postraban delante de una caja de madera, sino delante de Dios.


Además, si recuerdas bien nuestra conversación pasada, hablamos también de que aquellos que ya gozan de la visión beatífica se enteran a través de Dios de lo que acontece. Si esto es así, ¿por qué no habrían de enterarse de que ante una imagen de ellos se ha hecho un gesto de reverencia o veneración?.


Y yo entiendo que puede parecer exteriormente que un gesto de veneración de parte de un católico es similar al de un pagano idólatra que adora la imagen en sí misma, pero hay una diferencia sustancial que está en la intención del corazón de quien lo hace, y como considera éste el significado de la imagen.


Marlene: Puede ser que tu lo entiendas de esa manera, pero ¿cómo saber que todos los católicos lo entienden así? Eso no es lo que parece cuando les vemos ponerse de rodillas ante una imagen.


José: Como les decía anteriormente, no debemos olvidar que no vemos el interior de las personas y acusarles de idolatría según lo que las apariencias nos expone a caer en juicio temerario.


Yo, incluso cuando era un niño pequeño, cuando veía una imagen y la tocaba, sin mucho conocimiento religioso entendía que esa imagen no era Dios, y ni siquiera al santo a quien representaba, pero consideraba que por estar bendecida por Dios de alguna manera algo de esa bendición podía pasar a través de ella. Ciertamente era una fe sencilla, tal como la de aquellos que buscaban que la sombra de San Pedro les cubriera para sanarse (Hechos 5,15), o que sanaban con tocar los pañuelos de San Pablo (Hechos 19,12). También está el conocido caso de la hemorroisa que al tocar el manto de Jesús sanó (Marcos 5,26-31). ¿Consideran ustedes que esas personas creían que fueron sanadas por pañuelos, mantos y sombras?


Miguel: Claro que no. Fueron sanadas por el poder de Dios.


José: De la misma manera ocurre con la fe de la gente sencilla. Aun los más humildes en el fondo de su corazón saben que una imagen no es un Dios, ni mucho menos Dios.


Aquí mismo en nuestro país ocurrió un milagro portentoso en el año 1669 cuando la peste diezmaba a la población. Según sabemos la desesperación era tanta, que los caraqueños sacaron en procesión una imagen de Jesús, la del Nazareno, que ocupaba uno de los altares de la iglesia erigida en honor a San Pablo, El Ermitaño. En la procesión los caraqueños imploraban la desaparición de la peste, y cuando las plegarias eran más sentidas, la imagen del Nazareno, de la iglesia de San Pablo tropezó con las ramas de un limonero haciendo caer los frutos. Los caraqueños exclamaron ¡Milagro! y corrieron a hacer guarapos con los limones, y cuando los enfermos lo tomaban, sanaban. ¿Quien cree que los sanó? ¿La imagen del Nazareno o la fe de esa gente sencilla que vio en ese suceso una respuesta providencial a sus oraciones y creyó? ¿No recuerdan que dice la Biblia sobre el que tuviere la fe como un granito de mostaza? (Mateo 17,20)


Miguel: Ok, pero la Biblia también prohíbe hacer imágenes de Dios. Recuerda que también dice: “Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahveh os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea: figura masculina o femenina, figura de alguna de las bestias de la tierra, figura de alguna de las aves que vuelan por el cielo, figura de alguno de los reptiles que serpean por el suelo, figura de alguno de los peces que hay en las aguas debajo de la tierra. Cuando levantes tus ojos al cielo, cuando veas el sol, la luna, las estrellas y todo el ejército de los cielos, no vayas a dejarte seducir y te postres ante ellos para darles culto. Eso se lo ha repartido Yahveh tu Dios a todos los pueblos que hay debajo del cielo” (Deuteronomio 4,16)


José: Si lees detenidamente el texto, allí se explica la causa de la prohibición. Se prohibía representar a Dios con imágenes para que las personas inmersas en aquella cultura no fuera a pensar que Dios tenía la forma de una creatura. ¿Recuerdas cuando intentaron representar a Dios como un becerro de oro (Éxodo 32,4)?, de eso precisamente les advertía. Pero Dios luego se reveló en forma humana, pues Cristo es la “Imagen de Dios invisible” (Colosenses 1,15), y si le vieron y tocaron.


Miguel: Supongamos que es cierto y no está prohibido hacer imágenes de Jesucristo, ¿Cómo explicas que también hagan imágenes de Dios Padre? ¿Eso no está prohibido?


José: Representaciones puramente simbólicas que le muestran como un anciano de muchos días[2] para dar a entender que existe desde la eternidad y de él proceden todas las cosas. Hoy no existe para nosotros el riesgo de que alguien crea que realmente Dios Padre es como un anciano con barba blanca, ni tampoco se hacen esas imágenes para adorarlas.


Marlene: Igualmente pienso que lo mejor es no correr riesgos, si las imágenes son solo eso, representaciones, no son indispensables para nuestra salvación. Lo mejor es no tenerlas y no exponer a nadie a que caiga en pecado de idolatría.


José: Lo que sucede es que los católicos no creemos que esa sea la solución a los problemas que tenemos en la Iglesia. Nosotros no vamos a destruir todas las imágenes solo porque algún católico pueda malentender la enseñanza de la Iglesia. La solución del problema por el contrario es catequizarles para que ellos llegando a la madurez de la fe eviten caer en ese tipo de errores. Lo mismo ocurre con el tema de los santos: no podemos negar la gran verdad que significa reconocer que tenemos una familia en el cielo, solo porque alguien pueda caer en algún exceso y darles el lugar que solo corresponde a Dios. No mutilar, negar, sino profundizar, aclarar, explicitar y es siempre la forma en que creemos debemos abordar los problemas, porque no podemos negar una verdad solo porque exista el riesgo de que algunos la malentiendan.
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NOTAS

[1] Traducida en algunas Biblias como Tabernáculo de reunión, Tabernáculo del testimonio, etc., en el lenguaje bíblico generalmente designa el santuario movible en forma de tienda de los hebreos antes de la erección del Templo de Salomón construido por orden de Dios y con sus instrucciones.
[2] La figura de Dios como un “anciano de días” está inspirada en el libro de Daniel 7,9-10, donde el profeta le ve con “vestiduras blancas como la nieve, y como lana limpia los cabellos de su cabeza; de llamas de fuego era su trono”.




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