jueves, 8 de mayo de 2014

MAHOMA USÓ A JESÚS PARA ENGRANDECERSE

EL JESÚS HIJO DE MARÍA QUE APARECE EN EL CORÁN NO ES EL MISMO QUE ADORAMOS LOS CRISTIANOS 
Un hecho doloroso, la transformación de la Iglesia Católica de la Santísima Trinidad en Syracusa, Nueva York, en la Mezquita de Jesús, Hijo de María, nos lleva a analizar que significa ese título para los cristianos y los musulmanes, y ahí es donde surgen las diferencias.
 Fuentes: Catholic World Report


El cristianismo se basa en la fe depositada hacia una persona, Jesucristo, hijo de Dios, que fue crucificado, murió y resucitó. Pero para los musulmanes Jesús no fue ni hijo de Dios, ni fue crucificado ni resucitó, y es sólo uno profeta anterior que anuncia a Mahoma, como Juan el Bautista anuncia a Jesús, sólo que Juan bautista dice que debe disminuir para que crezca Jesús, y Mahoma hace lo contrario, disminuye a Jesús para crecer él.

En los lugares donde los musulmanes religiosamente observantes son mayoría y en especial en los lugares donde ejercen el poder político, hay mucho más énfasis en las diferencias entre las dos religiones que en las semejanzas. Los cristianos son vistos como inferiores, y que harían bien en mantener cruces, iconos y estatuas fuera de la vista. Cuando están en el poder, los musulmanes practicantes parecen menos interesados en la construcción de puentes que en profanar iglesias y quemarlas.

En Occidente, es una historia diferente. Cuando los musulmanes son primeramente estableciendo en una comunidad, tienden a hacer hincapié en los puntos en común entre las dos religiones, y así obtenemos mezquitas llamadas “Jesús, Hijo de María” y carteles que proclaman “Los musulmanes aman a Jesús también.”
El supuestamente compartido amor a Jesús es una herramienta de reclutamiento primordial para llevar a los cristianos a Islam. Hace unos años, Ibrahim Hooper, portavoz del Consejo de Relaciones Americano-Islámicas, escribió un ensayo titulado “Los musulmanes y los cristianos: más en común de lo que se piensa”, escribe:
“Es bien sabido que los cristianos siguen las enseñanzas de Jesús. Lo que es menos conocido es que los musulmanes también aman y veneran a Jesús como uno de los grandes mensajeros de Dios para la humanidad “ (Washington Post , 12/17/10).

¿Los musulmanes aman a Jesús también? Si es así, ¿por qué los musulmanes tienen tanto desprecio por los cristianos cuando ganan poder sobre ellos? ¿Por qué son tan rápidos para acusar a los cristianos de blasfemia? ¿Y porqué profanar sus iglesias y símbolos religiosos? ¿Podría ser que el Jesús en que creen no sea el mismo que los cristianos adoran?

LAS DIFERENCIAS

Si bien el retrato coránico de Jesús toma prestados algunos elementos del cristianismo-el nacimiento de una virgen, un puñado de milagros- las diferencias son más llamativas que las similitudes.
El Jesús del Corán no es un Judio o un cristiano, él es un musulmán. Él no es el Hijo de Dios, y decirlo es la más grande de todas las blasfemias. Él no fue crucificado. No se levantó de entre los muertos. Él no es el salvador de la humanidad. Y, aunque Ibrahim Hooper dice que Jesús es “uno de los grandes mensajeros de Dios,” su mensaje difiere notablemente del traído por Jesús de Nazaret.

El Jesús musulmán anuncia que él es un profeta enviado por Dios; que él no es Dios y nunca pretendió serlo; y que él trae “noticias de un apóstol que vendrá después de mí cuyo nombre es Ahmed [Mahoma]“ (61:6). Así, por un lado, usted tiene el mensaje, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, y por otro lado tienes el mensaje: “Yo soy un mensajero.” Eso no es poca diferencia.

El Jesús musulmán tiene muy poco que decir sobre cualquier cosa. No hay nada como el Sermón de la Montaña en el Corán.

Cuando los cristianos escuchan que Jesús está en el Corán, tienden a asumir que el Corán debe contener algún relato de su vida. Pero aparte de un cuento extraño y truncado de su nacimiento, no hay nada en el Corán que remotamente podría llamarse una vida de Jesús.

El Jesús del Corán no es más que una voz sin cuerpo. No hay información acerca de dónde vivía o cuando llevó a cabo su ministerio o quienes fueron sus discípulos. En resumen, no hay ningún intento de retratarlo como ser humano reconocible. A juzgar por la atención superficial dado a Jesús en el Corán, Mahoma parece haber tenido poco interés en él como persona.

Sin embargo, Mahoma no podía permitirse el lujo de dejar a Jesús fuera de la foto. ¿Por qué? Porque si Cristo es quien los cristianos dicen que es, entonces no hay necesidad de otro profeta y otra revelación. En otras palabras, las afirmaciones hechas por Jesús de Nazaret, de ser ciertas, habrían dado un giro importante en la carrera profética de Mahoma. La solución de Mahoma a este problema fue incluir a Jesús en el Corán y lo reformuló como un mensajero, y no como el Mesías, entendido como el Hijo de Dios.

La razón por la que Jesús es mencionado con tanta frecuencia como “hijo de María” en el Corán es para reforzar el punto de que él no es el Hijo de Dios. Del mismo modo, cada vez que Jesús aparece en el Corán o cada vez que se menciona por Alá, casi siempre es con el propósito de negar su divinidad. Tome el capítulo 5, versos 113-117, es uno de los pocos lugares en el Corán donde la narrativa de Jesús se eleva (bueno, casi) hasta el nivel de una escena:
“Jesús, hijo de María”, dijo a los discípulos: “¿Puede tu Señor hacer que nos baje del cielo una mesa servida?”… “Señor” dijo Jesús, hijo de María, “has que nos baje del cielo una mesa servida con comida… “ (5: 113-114)

Lo interesante es lo que sucede después. Alá está de acuerdo en enviar a la mesa, pero primero él interroga a Jesús:
“Jesús, hijo de María, ¿alguna vez dijiste a la humanidad: ‘Adorenme a mi y a mi madre como dioses aparte de Dios?” Jesús, el fiel musulmán responde: “Yo no podría nunca han reclamado lo que no tengo derecho a hacer. Si yo hubiera dicho así, usted seguramente lo habría sabido” (5:117).

Por lo tanto, una demostración del poder de Jesús para producir una mesa llena de alimentos se utiliza como una ocasión para rechazar el dogma central del cristianismo. En cuanto a la mesa de la comida, nos quedamos en la duda. ¿Dios envía realmente la comida? No hay otra mención de ello. Mahoma ha hecho su punto, y después de haberlo hecho, se mueve a la siguiente lección.

Observe que la frase “Jesús, hijo de María” se usa tres veces en la escena de la mesa.  ¿Se debía esto a que Mahoma tenía un profundo amor cristiano por Jesús y su madre? ¿O había otro motivo? Teniendo en cuenta que casi todas las páginas del Corán contienen recuerdos de la función profética de Mahoma, parece muy probable que el motivo de Jesús hijo de María sea simplemente un dispositivo para aumentar su propia importancia al reducir el estado de Cristo.

La ironía es que esta estratagema egoísta se ha convertido en el tablón principal para mantener el diálogo entre musulmanes y cristianos a flote. Uno podría pensar que los cristianos se enojarían con Mahoma por la apropiación de Jesús y María para sus propios fines, es decir, negar la condición de Hijo de Jesús. En cambio, esto a veces se pone en términos positivos por parte de los cristianos que parecen pasar por alto, por cualquier razón, el problema en cuestión. Por ejemplo, el documento del Vaticano II Nostra Aetate dice: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes”, y dos de las cinco razones dadas para la estimación es que los musulmanes “veneran” a Jesús y “honran a María.”

Pero una lectura del Corán sugiere que la inclusión de Jesús y María no puede ser el signo de esperanza que muchos cristianos toman. Juan el Bautista dijo de Jesús: “Él debe crecer, y yo disminuir” (Jn 3:30). Mahoma prefiere la otra manera. Para que el aumentara era necesario que Jesús disminuyera. Por lo tanto, lo que encontramos en el Corán es un retrato disminuido de Jesús, que no es completamente repudiado, sino que se utiliza para reforzar las reivindicaciones islámicas.

En Syracusa, algunos católicos aparentemente han tomado la transformación de la iglesia Santísima Trinidad en la Mezquita Jesús, Hijo de María como un signo de continuidad entre el cristianismo y el Islam, pero pueden volverse menos optimistas si supieran el resto de la historia.



 

EVANGELIO 5/05/14

YO SOY EL PAN BAJADO DEL CIELO
Jn 6,44-51
Hoy cantamos al Señor de quien nos viene la gloria y el triunfo. El Resucitado se presenta a su Iglesia con aquel «Yo soy el que soy» que lo identifica como fuente de salvación: «Yo soy el pan de la vida» (Jn 6,48). En acción de gracias, la comunidad reunida en torno al Viviente lo conoce amorosamente y acepta la instrucción de Dios, reconocida ahora como la enseñanza del Padre. Cristo, inmortal y glorioso, vuelve a recordarnos que el Padre es el auténtico protagonista de todo. Los que le escuchan y creen viven en comunión con el que viene de Dios, con el único que le ha visto y, así, la fe es comienzo de la vida eterna.
El pan vivo es Jesús. No es un alimento que asimilemos a nosotros, sino que nos asimila. Él nos hace tener hambre de Dios, sed de escuchar su Palabra que es gozo y alegría del corazón. La Eucaristía es anticipación de la gloria celestial: «Partimos un mismo pan, que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, para vivir por siempre en Jesucristo» (San Ignacio de Antioquía). La comunión con la carne del Cristo resucitado nos ha de acostumbrar a todo aquello que baja del cielo, es decir, a pedir, a recibir y asumir nuestra verdadera condición: estamos hechos para Dios y sólo Él sacia plenamente nuestro espíritu.
Pero este pan vivo no sólo nos hará vivir un día más allá de la muerte física, sino que nos es dado ahora «por la vida del mundo» (Jn 6,51). El designio del Padre, que no nos ha creado para morir, está ligado a la fe y al amor. Quiere una respuesta actual, libre y personal, a su iniciativa. Cada vez que comemos de este pan, ¡adentrémonos en el Amor mismo! Ya no vivimos para nosotros mismos, ya no vivimos en el error. El mundo todavía es precioso porque hay quien continúa amándolo hasta el extremo, porque hay un Sacrificio del cual se benefician hasta los que lo ignoran. 
 Rev. D. Pere MONTAGUT i Piquet (Barcelona, España)




 

miércoles, 7 de mayo de 2014

EL CASTIGO MÁS TONTO

 UN CUENTO HOMENAJE A TODAS LAS MADRES POR TODO LO QUE HACEN Y POR SU CAPACIDAD PARA DAR AMOR Y CARIÑO 

Hubo una vez un rey que quedó huérfano siendo niño y creció rodeado de militares y consejeros que hicieron de él un rey poderoso y sabio, pero insensible. Por eso se cansaba cuando la gente hablaba con pasión de sus madres. Y a tal punto llegó su enfado que decidió darles todo el poder.

- Pues si tan buenas son las madres en todo, que gobiernen ellas. A ver cómo lo hacen.

La noticia fue recibida con gran alegría por todo el mundo, pero resultó ser un fracaso estrepitoso. Las cosas iban tan mal que el rey tuvo que recobrar el mando al poco tiempo. Y cuando pidió a sus consejeros que averiguasen qué había fallado, estos concluyeron que las madres siempre habían dado más importancia a los problemas de sus propios hijos que a los del reino. Y así, llegaban tarde a importantes reuniones cuando sus hijos estaban enfermos, aplazaban los juicios para acudir a recogerlos al colegio, y mil cosas más.

Al oírlo, el rey se puso tan furioso que castigó con el destierro a todas las madres del reino. 

- La que quiera seguir haciendo de madre, que se vaya.

Y no se quedó ni una. 

Poco después, a pesar de su vuelta al gobierno, el reino iba aún peor. Preguntó de nuevo a sus consejeros y estos, tras estudiar el asunto, respondieron:

- La falta de madres ha creado un enorme problema de nutrición que está hundiendo al reino. Eran ellas las que hacían la comida.

- De acuerdo. Contratad un ejército de cocineros - dijo el rey.

Pero tras contratar miles de cocineros, las cosas no mejoraron. Esta vez los sabios encontraron una nueva razón para el desastre:
- La falta de madres ha creado un enorme problema de higiene que está hundiendo al reino. Eran ellas las que limpiaban.

- No hay problema ¡Contratad un ejército de mayordomos! - respondió el rey, muy irritado.

Pero tras contratar a los mayordomos, las cosas siguieron igual. Una vez más los sabios creyeron encontrar la causa:
- La falta de madres ha creado un enorme problema de salud que está hundiendo al reino. Eran ellas las que curaban las pequeñas heridas y ahora todas se infectan y se vuelven graves.

- ¡¡Pues contratad un ejército de enfermeros!! - gritó furioso el rey.

Pero los miles de enfermeros contratados no mejoraron nada. Y tampoco los economistas, sastres o decoradores. Ni siquiera el descubrimiento de grandes minas de oro que permitieron al rey contratar cuantas personas quiso. No encontraba la forma de sustituir totalmente a las madres.

Hasta que un día, mientras paseaba, vio discutir a unos niños. Los había visto jugar mil veces como amigos, pero ahora discutían con tanta ira y desprecio que el rey se acercó para calmarlos.

- Tranquilos, chicos. Los amigos deben tratarse con más cariño ¿Es que por una sola pelea vais a dejar de quereros?

Los niños, avergonzados, detuvieron la pelea y se marcharon cabizbajos. Mientras se alejaban, el rey les oyó susurrar.

- Oye, ¿tú sabes qué es eso de quererse? - dijo uno.

- Sí, claro, es un invento muy moderno de un amigo de mi abuelo - respondió el otro haciéndose el experto - Nos lo enseñarán en la escuela dentro de un par de años. 

El rey lo comprendió todo en un instante. Ahí estaban todos los problemas del reino: ¡nadie estaba enseñando a los niños lo que eran el amor y el cariño! Entonces pensó en quién contratar para hacer esa labor, pero no encontró a nadie: era algo que siempre habían enseñado las madres, y en eso nadie podría sustituirlas.

Y arrepentido por su injusticia y dureza de corazón, mandó buscar y contratar a todas las madres que había expulsado, pagándoles un altísimo salario solo por hacer de madres. Y en poco tiempo el reino resolvió sus problemas y superó ampliamente su antigua prosperidad.

Pero algunos tampoco tardaron tiempo en protestar al rey por estar pagando un salario a quienes harían gratis su trabajo de madres. Y el rey, para refrescarles a todos la memoria, decidió retirar su rostro de todas las monedas del reino, y sustituirlo por la imagen de una madre con su hijo, y una inscripción que decía:
“Ni este ni ningún reino serían nada sin el amor de sus madres.”

P.P.S.



 “Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río”. Ex. 2,3

“y los entregó en manos de los gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte delante de Jehová; y así murieron juntos aquellos siete, los cuales fueron muertos en los primeros días de la siega, al comenzar la siega de la cebada.
Entonces Rizpa hija de Aja tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche”. 2Sam. 21.9-10

“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena”. Jn. 19,25


EVANGELIO 7/05/14

«EL QUE VENGA A MI NO TENDRÁ HAMBRE»
Jn 6,35-40
Hoy vemos cuánto le preocupan a Dios nuestro hambre y nuestra sed. ¿Cómo podríamos continuar pensando que Dios es indiferente ante nuestros sufrimientos? Más aún, demasiado frecuentemente "rehusamos creer" en el amor tierno que Dios tiene por cada uno de nosotros. Escondiéndose a Sí mismo en la Eucaristía, Dios muestra la increíble distancia que Él está dispuesto a recorrer para saciar nuestra sed y nuestro hambre.
Pero, ¿de qué "sed" y qué "hambre" se trata? En definitiva, son el hambre y la sed de la "vida eterna". El hambre y la sed físicas son sólo un pálido reflejo de un profundo deseo que cada hombre tiene ante la vida divina que solamente Cristo puede alcanzarnos. «Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna» (Jn 6,39). ¿Y qué debemos hacer para obtener esta vida eterna tan deseada? ¿Algún hecho heroico o sobre-humano? ¡No!, es algo mucho más simple. Por eso, Jesús dice: «Al que venga a mí no lo echaré fuera» (Jn 6,37). Nosotros sólo tenemos que acudir a Él, ir a Él.
Estas palabras de Cristo nos estimulan a acercarnos a Él cada día en la Misa. ¡Es la cosa más sencilla en el mundo!: simplemente, asistir a la Misa; rezar y entonces recibir su Cuerpo. Cuando lo hacemos, no solamente poseemos esta nueva vida, sino que además la irradiamos sobre otros. El Papa Francisco, el entonces Cardenal Bergoglio, en una homilía del Corpus Christi, dijo: «Así como es lindo después de comulgar, pensar nuestra vida como una Misa prolongada en la que llevamos el fruto de la presencia del Señor al mundo de la familia, del barrio, del estudio y del trabajo, así también nos hace bien pensar nuestra vida cotidiana como preparación para la Eucaristía, en la que el Señor toma todo lo nuestro y lo ofrece al Padre». 

 



 

martes, 6 de mayo de 2014

ICONOGRAFÍA MARIANA

NUESTRA SEÑORA DE GIBRALTAR, EUROPA
La Península Ibérica fue invadida y ocupada por los árabes que llegaron desde África. Las primeras agrupaciones árabes entraron en el año 710 para inspeccionar el terreno. Tarik Abu-Zara arribó a la parte más meridional de Europa, y esta zona fue llamada Tarifa en su honor. En abril del año 711, miles de hombres bajo el mando de Tarik ibn Zellad, se alzaron en las cercanías de La Roca y la renombraron Jebel-Tarik, montaña de Tarik.
Entre los años 742 y 1300 ya habían construido lo que en la actualidad se conoce como Castillo Árabe. En el punto más meridional de La Roca, junto al mar, edificaron una mezquita, un lugar de culto y rezo islámico. Permanecieron en Gibraltar hasta 1309, año en el que los árabes fueron expulsados de Europa.
En 1333 Gibraltar fue ocupado de nuevo por los árabes, donde permanecieron hasta 1462, fecha en la que fueron expulsados.


NUESTRA SEÑORA DE LA ROGATIVA, ESPAÑA
Corría el año de 1535. Por esta época y algún tiempo después, los feroces moros de las Alpujarras, en rebelión continua, devastaban cuanto iban encontrando a su paso; innumerables cristianos perecían a sus manos, y otros, despojados de cuanto poseían, desnudos y hambrientos, se internaban despavoridos en estos territorios tan próximos a la provincia de Granada.
Fuera a causa del excesivo número de necesitados o efecto de haberse debilitado un tanto la caridad en sus habitantes, ello es que no socorrían los vecinos con verdadero amor cristiano tanta desgracia como se arrastraba ante sus ojos.
Habían transcurrido 42 anos y 17 días desde que Jesucristo descendió ante Ruiz Sánchez, en el monte de Benámor; era el 5 de Mayo del 1535, fiesta de la Ascensión del Señor.
El 5 de mayo de 1535, a 30 kilómetros de la ciudad, hacia Poniente, en un sitio que abrazan las sierras del Serbalejo, Matanza y Puerto del Conejo, paraje sumamente frío y erizado de malezas inexpugnables, existe una cañada que llaman del Conejo, la cual era propiedad de Ginés Martínez de Cuenca; éste tenía un hijo de su mismo nombre, mozo de 20 años tan honesto y sencillo, bondadoso y trabajador que de modelo servia en aquella comarca.



SAN MIGUEL ARCÁNGEL




 

EVANGELIO 6/05/14

ES MI PADRE QUIEN OS DA EL VERDADERO PAN DEL CIELO
Jn 6,30-35
Hoy, en las palabras de Jesús podemos constatar la contraposición y la complementariedad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: el Antiguo es figura del Nuevo y en el Nuevo las promesas hechas por Dios a los padres en el Antiguo llegan a su plenitud. Así, el maná que comieron los israelitas en el desierto no era el auténtico pan del cielo, sino la figura del verdadero pan que Dios, nuestro Padre, nos ha dado en la persona de Jesucristo, a quien ha enviado como Salvador del mundo. Moisés solicitó a Dios, a favor de los israelitas, un alimento material; Jesucristo, en cambio, se da a sí mismo como alimento divino que otorga la vida.
«¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?» (Jn 6,30), exigen incrédulos e impertinentes los judíos. ¿Les ha parecido poco el signo de la multiplicación de los panes y los peces obrada por Jesús el día anterior? ¿Por qué ayer querían proclamar rey a Jesús y hoy ya no le creen? ¡Qué inconstante es a menudo el corazón humano! Dice san Bernardo de Claraval: «Los impíos andan alrededor, porque naturalmente, quieren dar satisfacción al apetito, y neciamente despreciar el modo de conseguir el fin». Así sucedía con los judíos: sumergidos en una visión materialista, pretendían que alguien les alimentara y solucionara sus problemas, pero no querían creer; eso era todo lo que les interesaba de Jesús. ¿No es ésta la perspectiva de quien desea una religión cómoda, hecha a medida y sin compromiso?
«Señor, danos siempre de este pan» (Jn 6,34): que estas palabras, pronunciadas por los judíos desde su modo materialista de ver la realidad, sean dichas por mí con la sinceridad que me proporciona la fe; que expresen de verdad un deseo de alimentarme con Jesucristo y de vivir unido a Él para siempre.
Rev. D. Joaquim MESEGUER García (Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España) 







 
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