viernes, 3 de febrero de 2012

EVANGELIZAR CON EL SILENCIO Y LA PALABRA

Por Eleuterio Fernández Guzmán

 

El Santo Padre ha tenido a bien dar a conocer el Mensaje con el alentará la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Aunque aún quedan unos meses para tal día, el próximo 20 de mayo, resulta importante tener en cuenta, con el tiempo necesario, que lo que dice Benedicto XVI tiene mucho que ver con cada uno de nosotros porque, al fin y al cabo la evangelización a través, entre otras formas, de la red de redes (conocida como Internet) es incumbencia de quien en ella ha caído.

Por otra parte, que el Vicario de Cristo hiciera público el citado Mensaje en la festividad de San Francisco de Sales (a la sazón patrón de los periodistas) es significativo de lo que significa tal Jornada para el sucesor de Pedro.

Dice el Santo Padre que «En el silencio hablan la alegría, las preocupaciones, el sufrimiento, que precisamente en él encuentran una forma de expresión particularmente intensa. Del silencio, por tanto, brota una comunicación más exigente todavía, que evoca la sensibilidad y la capacidad de escucha que a menudo desvela la medida y la naturaleza de las relaciones».

Y en el silencio, en la soledad que, desde nuestro corazón, ilumina nuestra vida y de la que sacamos lo mejor (y lo peor) que tenemos, podemos encontrar a nuestro Creador. No lo encontramos, sin embargo, por optar por un silencio incapaz de revelarnos al Padre sino por uno que lo esté incardinado en nuestra alma y del que podemos obtener dulces frutos de nuestro gozo.

En el silencio, inseparable amigo de nuestro proceder en el mundo, optamos por descubrir a Dios. Y lo hacemos sin por ello desprendernos de nuestro ser humano sino, muy al contrario, reconociendo que somos hijos del Padre y que, por eso mismo, se nos manifestará en la súplica que le dirigimos de hacerse presente. Y en Dios, que es Padre Bueno y Misericordioso, no prevalece la ausencia sino el darse en la oración que le dirigimos y en la que esperamos su aliento y su ánimo de Creador.

Y es que en el silencio «hablan la alegría, las preocupaciones, el sufrimiento, que precisamente en él encuentran una forma de expresión particularmente intensa. Del silencio, por tanto, brota una comunicación más exigente todavía, que evoca la sensibilidad y la capacidad de escucha que a menudo desvela la medida y la naturaleza de las relaciones» a tenor de lo dejado dicho por Benedicto XVI. Y la alegría, las preocupaciones y el sufrimiento son modelos a seguir en los que debemos mirarnos y porque, en realidad, es lo que Dios quiere, como camino, para nosotros y para nuestra existencia. Silencio que es cauce de dicha y de evangelización al servir como origen de la fe que decimos tener y que manifestamos, también, en la quietud de una relación esperanzada con Quien quiso, por su libérrima voluntad, que existiéramos.

Pero, además, «El silencio es precioso para favorecer el necesario discernimiento entre los numerosos estímulos y respuestas que recibimos, para reconocer e identificar asimismo las preguntas verdaderamente importantes» porque, ante los excesivos estímulos que recibimos del exterior a nosotros mismos, mantener un espacio de quietud en nuestro día a día ha de servir para llevar a cabo una conveniente limpieza de lo que nos sobra y que ensucia nuestra alma y, así, nuestra vida.

Descubrir, entonces, las respuestas de aquello que es importante y que nos puede servir para llevar la evangelización allá donde estemos, ha de ser el resultado de mantener, cuando sea conveniente, un estado de silencio interior.

Pero, además, en la contemplación «emerge asimismo, todavía más fuerte, aquella Palabra eterna por medio de la cual se hizo el mundo, y se percibe aquel designio de salvación que Dios realiza a través de palabras y gestos en toda la historia de la humanidad» y desde la misma se nos impele a evangelizar como hicieron aquellos que, en los primeros tiempos del cristianismo, supieron decir sí a la llamada de Cristo y a su envío al mundo.

Y es, así, con la palabra (en sus diversas formas expresada) como se lleva el mensaje de Jesucristo al mundo. Por eso, a través de los diversos medios de comunicación que hoy día están a nuestro alcance, el llamarse hijos de Dios ha de suponer el hecho mismo de llevar a los demás, a nuestro prójimo más o menos cercano, a Quien supo crear y ponernos, a su imagen y semejanza, a la cabeza de un mundo entregado para mantenerlo propio de la creación de Sus manos y el aliento de su espíritu.

Cabe, pues, el silencio pero cabe, también, la palabra que lleva a Dios a quien lo desconoce o a quien, habiéndolo conocido, lo ha olvidado y lo ha dejado escondido en algún cajón de su corazón con siete candados preso.

Y termina el Santo Padre su Mensaje con lo siguiente:
Palabra y silencio. Aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización: silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo
Saber, pues, mantener un espacio interior de donde fluya lo bueno y mejor que tiene nuestra fe y, luego, luego, darlo al mundo en forma de evangelización a través de la palabra. Y que cada cual sepa hacer rendir los talentos que Dios le ha dado, sin devaneos con el mundo ni con lo mundano.


LA SANTERIA ES INCOMPATIBLE CON LA SANTIDAD DE LA FE CRISTIANA


A esta altura de nuestros conocimientos, debemos ser conscientes de que somos un alma que contiene un cuerpo y de que a igual que los demás, vivimos en contacto inmaterial con otros seres de otros planos, de otras dimensiones, con otras vibraciones, es decir, con entes que voluntariamente o no, son enviados por otras mentes físicas o astrales, y que al traspasar nuestro ser, nos crean otra receptividad digna de analizar.
Por:  Guillermo Gazanini Espinoza 

El texto anterior es una cita del sitio www.santeriamilagrosa.com/santeria.php, en el que se promueven las práctica de un culto proveniente de las islas del Caribe y las Antillas. Hablamos de la santería, misma que ha causado curiosidad, extrañeza y fascinación al conocer que ahí se usan imágenes de santos y vírgenes a quienes se atribuyen poderes sobrenaturales, divinidades para lograr las causas imposibles, el éxito en los negocios, la adivinación del futuro, la solución de problemas amorosos o bien la curación de enfermedades imposibles para la medicina.

Debido a la situación crítica que México padece, los santeros parecen tener un éxito considerable al recibir a personas necesitadas de sus servicios. Promocionan sus poderes y supuestos milagros en periódicos, sitios web y redes sociales y garantizan el trabajo mientras el cliente, desde luego, muestre los billetes y, al final, la fe requerida para conseguir lo imposible. Algunos afirman contar con estudios especializados en el manejo de objetos santeros y mágicos útiles para su labor; como «expertos» destacan la profesionalidad de su trabajo y un alto índice de probabilidades de que sus clientes obtengan los favores solicitados.

La santería: definición, historia y doctrina

¿Qué es la santería? A manera de síntesis, muy apretada, este culto pudo haber tenido su origen en reinos de norte de África durante los siglos XVII y XVIII. Desde 1810, las crisis de los reinos yorubas africanos fueron aprovechadas por las potencias imperialistas facilitando la esclavitud que llegó a los territorios ultramarinos de América. Entre 1800 y 1840, miles de yorubas fueron enviados a países urgidos de mano de obra esclava: Brasil y Cuba. En las tierras del nuevo mundo, la religión de los sometidos tuvo personas que se encargaron de las ocupaciones principales, como fueron los babalawos consagrados a Orumila, deidad de la adivinación. Otros se dedicaban a la música y los cantos, esenciales en los rituales yorubas para rendir culto a su multitud de divinidades menores.

Al pasar el tiempo, y la cristianización de los esclavos, fue dándose una especie de sincretismo que conjugó el pantheon yoruba con los santos católicos. Mientras se dedicaba un altar a santa Bárbara, vestida con un manto rojo, espada en mano y un rayo, los esclavos africanos la asociaban a una deidad de sus ancestros, Changó, rey guerrero cuyo color era el rojo y tenía como arma el rayo para castigar a los hombres.

Este ejemplo, como otros, advierte la facilidad con la que los rituales africanos estructuraron la nueva cultura que se adoptó a las circunstancias del cautiverio. La difusión de los cultos yorubas santeros se dio después de la revolución hacia 1959 cuando la emigración de cubanos practicantes de la santería esparció este culto y ritos por países americanos como República Dominicana, México, Estados Unidos y Venezuela.

La santería cree en un ser supremo, Olorun, creador del universo. Tiene por atributos el de ser omnisciente y justo, pero en su poder no puede entrar en contacto con los seres humanos por ser totalmente distinto y apartado; se requieren deidades intermedias que conceden los favores solicitados por lo que los santeros, quienes tienen que ser iniciados especialmente, se relacionan con los orishas o santos, emanaciones de Olurum. Los orishas son intérpretes del destino y necesitan ser honrados y complacidos con rituales, oraciones y sacrificios; velas, comida o elementos naturales en su honor.

A ellos se les dedica una especie de altar, cuya imagen se asocia con la de los santos y vírgenes católicos como Obatalá, la virgen de la Merced; Yemayá, la virgen de la Regla; Orúnla, san Francisco de Asís; Changó, santa Bárbara; Eleguá, san Antonio de Padua; Oyá, la virgen de la Candelaria; Obá, santa Catalina; Oshún, la virgen de la Caridad del Cobre; Babalú Ayé, san Lázaro; Ogún, san Pedro; Ochosi, san Norberto; Osaín, san José y san Silvestre; Orisha Oko, san Isidro Labrador; Jimaguas, santos Cosme y Damián.

Discernimiento católico

Independientemente de los orígenes de la santería como un «sistema religioso», se ha de advertir el manejo, en muchas ocasiones, fraudulento que los santeros han hecho al promocionar sus servicios. Por otro lado, el pueblo católico, en su mayoría, ha sido formado con creencias erróneas sobre el poder de los santos, en una idolatría que no es propia de la fe cristiana. Como se ha advertido, las necesidades personales empujan a solicitar los favores de cualquier divinidad, no importa la forma que sea. En resumidas cuentas, es la desafortunada confusión de que la religión sea vista como un sistema mágico negando la realidad de Dios trascedente y personal.

El monoteísmo cristiano, en sus orígenes, tuvo el gran mérito y novedad de negar la existencia de divinidades servidores o subordinadas a Dios. La lucha del paganismo y el cristianismo hizo que ésta última triunfara por ser una religión trascedente con implicaciones en la historia humana donde Dios se muestra como el Ser en quien se mantienen todas las cosas. El concepto de santidad, desde el judaísmo y que impacta a las escrituras cristianas, fue fundamental para la expansión de una fe contraria al paganismo idolátrico.

Todos los elegidos y consagrados por el bautismo tienen esa calidad, llamados a la perfección porque Dios es Santo; posteriormente, el santo fue reconocido como la persona que se encuentra en el cielo por los méritos propios y virtudes heroicas que hicieron de su vida un testimonio auténtico y fiel del seguimiento de las enseñanzas de Cristo, hasta llegar a la creencia de que la Iglesia en la tierra goza de su intercesión para conseguir la gracia de Dios.

Desafortunadamente no asimilamos el hecho de que la santidad no implica, en forma alguna, hechos mágicos a través de la relación con seres poderosos que elevamos en los nichos de nuestras iglesias. Santería y santidad son incompatibles desde la fe en el Dios único, ningún santo tiene poder por sí mismo, ninguno tiene las facultades para garantizar el futuro y ni siquiera ellos son capaces de realizar los milagros de los cuales la Iglesia se vale para las eventuales canonizaciones. Los cristianos entendemos y creemos que Dios es el único con el poder para intervenir en la historia humana y sostener todo por su providencia y los santos, por su intercesión, manifiestan la realidad de Dios quien crea, redime y santifica.

La urgencia es cambiar esta mentalidad, dejar a un lado al católico santero para engendrar cristianos católicos conscientes de pertenecer a una nación santa, pueblo de la propiedad de Dios y con consecuencias concretas en la vida ordinaria, como advirtió el papa Benedicto XVI en la audiencia general del 13 de abril de 2011: La santidad «no consiste en realizar acciones extraordinarias, sino en unirse a Cristo, en vivir sus misterios, en hacer propias sus actitudes, sus pensamientos y sus comportamientos. Una vida santa no es fruto de un esfuerzo personal, sino también de la acción del Espíritu del Señor Resucitado, que desde el interior comunica y transforma. La raíz última de la vida cristiana está en la gracia bautismal, con la cual se comunica la vida del Resucitado. No es otra cosa que la caridad vivida plenamente. Pero para que esa caridad crezca en el alma, y fructifique en cada fiel, se debe escuchar con gusto la Palabra de Dios, y con la ayuda de su Gracia, cumplir su Voluntad, participar con frecuencia de los sacramentos, apoyándose en la oración, en el servicio abnegado a los hermanos, y en la práctica de cada una de las virtudes. Todos estamos llamados a la santidad, ésa es la medida misma de la vida cristiana».


jueves, 2 de febrero de 2012

SAN NILO

PROFECIAS SIGLO V
San Nilo

Después del 1900, hacia mediados del siglo 20, las personas de ese tiempo se volverán irreconocibles. Cuando el tiempo del advenimiento del Anticristo se acerca, las mentes de las personas crecerán en confusión por las pasiones carnales, y el deshonor y la injusticia se volverán más fuertes. Entonces el mundo será irreconocible. La apariencia de las personas cambiará, y será imposible distinguir a los hombres de las mujeres debido a su inmodestia en el vestido y estilo de pelo. Estas personas serán crueles y serán como los animales salvajes debido a las tentaciones del Anticristo. No habrá respeto por padres ni superiores, el amor desaparecerá, y los pastores cristianos, obispos, y sacerdotes se volverán hombres vanos, fallando completamente en distinguir el camino recto del errado. En ese momento, las morales y tradiciones de los Cristianos y de la Iglesia cambiarán. Las personas abandonarán la modestia, y la dispersión reinará. La falsedad y la codicia alcanzarán grandes proporciones, y desgracias vendrán a aquéllos que amontonen tesoros. Lujuria, adulterio, homosexualidad, hechos secretos y asesinatos gobernarán en la sociedad. 

En ese momento del futuro, debido al poder de tan grandes crímenes y libertinaje, se privarán las personas de la gracia del Espíritu Santo que recibieron en el Santo Bautismo e igualmente el remordimiento. 

Las Iglesias de Dios serán privadas del temor de Dios y de pastores piadosos, y desgracia vendrá a los cristianos que permanezcan en el mundo en ese momento; ellos perderán su fe completamente porque les faltará la oportunidad de ver la luz del conocimiento en ninguna persona. Entonces se separarán del mundo e irán a santos refugios buscando alivianar sus sufrimientos espirituales, pero por todas partes encontrarán obstáculos y constreñimiento. Y todos esto resultará del hecho de que el Anticristo quiere ser Señor de todo y convertirse en gobernante del universo entero. Producirá milagros y señales fantásticas. Dará también sabiduría depravada a un infeliz para que descubra una manera de que el hombre pueda mantener una conversación con alguien de un extremo de la tierra al otro. En aquel tiempo, los hombres también volarán a través del aire como los pájaros y descenderán al fondo del mar como los peces. Y cuando hayan logrado todo eso, estas personas infelices gastarán sus vidas en medio del confort sin saber, pobres almas, que esto es un engaño del Anticristo. ¡Y, el impío! así completará la ciencia con la vanidad que se saldrá del camino correcto y guiará a las personas a perder la fe en la existencia de Dios en tres hipóstasis. 


Entonces el bondadoso Dios verá la caída de la raza humana y acortará los días por causa de esos pocos que serán salvados, porque el enemigo quiere incluso llevar al escogido a la tentación, si eso es posible... entonces la espada del castigo aparecerá de repente y matará a los pervertidores y a sus sirvientes.

SAN NILO, Abad y fundador del monasterio de Grota Ferrata (Italia), siglo V. Calabrés versado en todas las ciencias. Enviudó, se encerró a hacer oración y penitencia. Se le unieron muchos discípulos y levantó un monasterio famoso, murió a los noventa y cinco años. En su biblioteca encontraron numerosos escritos espirituales y la famosa profecía “San Nilo, el Ermitaño”, acerca de los tiempos del Anticristo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

SER RELIGIOSA

CON TODO NUESTRO CARIÑO PARA NUESTRA AMIGA MARTITA POR SER EL DOS DE FEBRERO LA JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA... MIL FELICIDADES TODAS LAS RELIGIOSAS...

Martita Religiosa Santa Rosa de Lima
Ser religiosa es pertenecer a la misma estirpe de las primitivas vírgenes cristianas. Es haber mirado una vez fijamente a la Luz y ya no ver fuera de ella apenas otra cosa que tinieblas.

Ser religiosa es poseer un alma de precisión, un corazón de alta fidelidad. Es dar testimonio vivo contra tanto creyente que pretende trabajar en joyería espiritual con mentalidad y manos de un burdo herrero.

Martita con los ancianos
Ser religiosa es dejar a unos posibles hijos, perderse en el vacío bosque de la nada para casarse con Cristo en el Calvario, ese monte donde sólo se engendran almas. Es renunciar a tener una familia como propia con el único anhelo de que todos te llamen: ¡Madre!; de que todos te griten: ¡Hermana!

Ser religiosa es permanecer en constante radioescucha a la espera de cualquier angustioso "S. 0. S.". Es tener el deber de servir sin el derecho a esperar las gracias.

Ser religiosa es formar parte escogida de la reserva espiritual del mundo, es consagrar la vida a inyectar eficacia divina en obras puramente humanas; es, como dijo el Maestro, escoger sencillamente la mejor parte.

Ser religiosa es todo eso. Y por eso, agradezco a Dios la gracia de, además de ser mujer, ¡¡¡SER RELIGIOSA!!!

PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO Y PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA


El 2 de Febrero se celebra la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen María. Se conoce también esta fiesta como "La Candelaria".

Aunque esta fiesta es principalmente de carácter Cristológico, en ella se conmemora un acontecimiento muy importante en la vida de María: su purificación y la presentación de su hijo al sacerdote en el Templo, en cumplimiento de su obligación de consagrarlo a Dios. Y más todavía porque es ésta una fiesta de la luz que es la que le da nombre. La fiesta de la Candelaria se llama así porque en ella se bendicen las candelas que se van a necesitar durante todo el año, a fin de que nunca falte en las casas la luz tanto física como espiritual. Los fieles acuden a la Santa misa de este día con las velas, que son bendecidas solemnemente por el sacerdote y a continuación se hace una corta procesión entre dos iglesias cercanas o por el interior de la misma iglesia, con las velas encendidas. Esta fiesta tenía gran significación cuando la única luz en las casas era la de las velas y candiles.

Esta fiesta cierra el ciclo de Navidad y se celebra exactamente a los cuarenta días del 25 de diciembre. A mediados del siglo V se celebraba con luces y tomó el nombre y color de "la fiesta de las luces"

Hasta el Concilio Vaticano II se celebraba como fiesta principalmente mariana, pero desde entonces ha pasado a ser en primer lugar Cristológica, ya que el principal misterio que se conmemora es la Presentación de Jesús en el Templo y su manifestación o encuentro con Simeón. El centro, pues, de esta fiesta no sería María, sino Jesús. Maria entra a formar parte de la fiesta en cuanto lleva en sus brazos a Jesús y está asociada a esta manifestación de Jesús a Simeón y a la anciana Ana.

Hasta el siglo VII no se introdujo esta fiesta en la liturgia de Occidente. Al final de este siglo ya estaba extendida en toda Roma y en casi todo Occidente. En un principio, al igual que en Oriente, se celebraba la Presentación de Jesús más que la Purificación de María.

No se sabe con certeza cuándo empezó a celebrarse la Procesión en este día. Parece ser que en el siglo X ya se celebraba con solemnidad esta Procesión y ya empezó a llamarse a la fiesta como Purificación de la Virgen María. Durante mucho tiempo se dio gran importancia a los cirios encendidos y después de usados en la procesión eran llevados a las casas y allí se encendían en alguna necesidades.

La ley de Moisés mandaba que toda mujer que diese a luz un varón, en el plazo de cuarenta días, debía acudir al Templo para purificarse de la mancha legal y allí ofrecer su primogénito a Dios. Era lógico que los únicos exentos de esta ley eran Jesús y María: Él por ser superior a esa ley, y Ella por haber concebido milagrosamente por obra del Espíritu Santo. A pesar de ello María oculta este prodigio y... acude humildemente como cualquier otra mujer a purificarse.

Los mismos ángeles quedarían extasiados ante aquel maravilloso cortejo que atraviesa uno y otro atrio hata llegar al pie del altar para ofrecer en aquellos virginales brazos al mismo Hijo de Dios.

Una vez cumplido el rito de ofrecer los cinco siclos legales después de la ceremonia de la purificación, la Sagrada Familia estaba dispuesta para salir del templo cuando se realizó el prodigio del Encuentro con Simeón, primero, y con la ancianísima Ana, después. San Lucas nos cuenta con riqueza de detalles aquel encuentro: "Ahora, Señor, ya puedes dejar irse en paz a tu siervo, porque han visto mis ojos al Salvador... al que viene a ser luz para las gentes y gloria de tu pueblo Israel..." Y le dijo a la Madre: "Mira, que este Niño está puesto para caída y levantamiento para muchos en Israel... Y tu propia alma la traspasará una espada...".

Menudo contraste de la vida: El mismo Niño Jesús está llamado para ser Luz y gloria y a la vez escándalo y roca dura contra la que muchos se estrellarán. 


EL ZAPATERO RICO

Un día bajó el Señor a la Tierra en forma de mendigo y se acercó a casa de un zapatero pobre y le dijo: "Hermano, hace tiempo que no como y me siento muy cansado. Aunque no tengo ni una sola moneda quisiera pedirte que me arreglaras por favor mis sandalias para poder seguir caminando".

El zapatero le respondió: "¡Yo soy muy pobre y ya estoy cansado que todo el mundo venga a pedir y nadie venga a dar!"

El Señor le contestó: "Yo puedo darte lo que tú quieras". El zapatero le preguntó: "¿Dinero inclusive?".

El Señor le respondió: "Yo puedo darte 10 millones de dólares, pero a cambio de tus piernas". -"¿Para qué quiero yo 10 millones de dólares si no voy a poder caminar, bailar y moverme libremente?", dijo el zapatero.

Entonces el Señor replicó: "Está bien, te podría dar 100 millones de dólares, a cambio de tus brazos". El zapatero le contestó: "¿Para qué quiero yo 100 millones de dólares si no voy a poder comer solo, trabajar, jugar con mis hijos y abrazar a mi esposa?"

Entonces el Señor le dijo: "En ese caso, yo te puedo dar 1000 millones de dólares a cambio de tus ojos". El zapatero respondió asustado: "¿Para qué me sirven 1000 millones de dólares si no voy a poder ver el amanecer, ni a mi familia y mis amigos, ni todas las cosas que me rodean?"

Entonces el Señor le dijo: "Ah, hermano mío, ya ves qué fortuna tienes y no te das cuenta".


lunes, 30 de enero de 2012

DEMONIOS

A continuación ofrezco una serie de textos de Klaus Berger, autor del libro “Jesús”, en los que se aborda la actividad de Jesús en contra de los “espíritus impuros” tal como hoy nos presenta el Evangelio.
 Escrito por Paco Sales Casanova 

 «A los exorcismos ─la actividad de Jesús contra los demonios, de la cual dan testimonio los evangelios─ se halla ligada una concepción de la realidad según la cual el ser humano, con su psique, no es el centro de todas las cosas ─este no es más que un mito de moda que ya ha dejado detrás de sí sus mejores días─, una concepción de la realidad según la cual el ser humano está más bien inmerso en relaciones con personas y poderes exteriores a él». El mal habita en mí pero es extraño a mí, no me pertenece por naturaleza, por eso puedo ser liberado de él. «Siempre se trata de la experiencia: “¡Ése no soy yo!”, una experiencia que hay que deslindar claramente de las perturbaciones psicopatológicas». «El mal no es solo violación de preceptos y reglas, sino que, en la experiencia de las personas, es violencia que agarra desde fuera, un poder pérfido, insidioso, refinado, adictivo».

«Seguramente no se debe agobiar a las personas afirmando que están poseídas. El sentido del discurso sobre los demonios en el Nuevo Testamento no radica en atemoriza, ni en humillar a las personas. Jesús quiere combatir estos poderes y quebrar su dominio. Aunque les resulte embarazoso a teólogos y responsables eclesiásticos: en Jesús, el exorcismo es casi una suerte de sacramento (eso es, un signo de salvación que opera lo que anuncia). La praxis de su predicación consiste esencialmente en liberar a las personas del dominio del diablo por medio de palabras autoritarias pronunciadas con poder». En el ritual del bautismo se mantiene la pregunta: «¿Renunciáis a Satanás?», a lo cual se responde: «¡Sí, renuncio!».

«Jesús quiere combatir estos poderes y quebrar este dominio. Es una lucha por cada individuo, cada persona se convierte en un parcela de territorio liberado». «El ser humano siempre tiende primero la mano, y el maligno o el mal se toma el brazo entero». El padrenuestro termina con la petición «líbranos del mal» que en realidad, etimológicamente, quiere decir: «líbranos del maligno».

«A diferencia del difuso y a menudo minimizador discurso sobre el mal, el discurso sobre el diablo tiene la ventaja de que se le da nombre al mal». «Una mirada más profunda a la historia muestra que los abismos del mal, a los que el ser humano se asomó en Auschwitz tanto como en la Ucrania estalinista, transcienden lo humanamente posible (sin querer disculpar con ello al hombre), porque remiten a algo inefable, absolutamente malo».

En el interior de todo ser humano se dirime una lucha por él mismo, entre fuerzas que le son favorables y fuerzas que le son hostiles. «El individuo humano es visto como territorio disputado entre el espíritu inmundo y el Espíritu Santo». Y «el hombre pacta a menudo con los poderes adversos a él». Esta noción de lucha preserva «de la ilusión de que, en un mundo relativamente benévolo, lo que cuenta al final es llegar a ser una persona simpática y discreta. No, en este mundo no se trata de ser más o menos simpáticos, sino que se libra una batalla dramática a favor o en contra de Dios y del ser humano. También en nuestra sociedad hay demasiada gente que no quiere el cristianismo y lo combate llena de odio». Ahora bien, esto no es una visión pesimista y derrotista del mundo y la vida, todo lo contrario, «los textos exorcistas del Nuevo Testamento irradian un increíble optimismo; de los demonios solo se habla porque intervienen en un drama que terminará en su derrota. En la estructura del evangelio de Marcos, los exorcismos son impresionantes testimonios del poder que le corresponde a Jesús en cuanto Hijo de Dios. Y puesto que el Espiritu Santo está en Jesús, el demonio lo llama “el santo de Dios”».

En resumen: «en el mensaje de Jesús ─al hablar de demonios─  no se siembra miedo, sino que se pone nombre y se vence al miedo que desborda al ser humano, que se apodera de él. Esta victoria no procede del hondón del ser humano ─contra muchas teorías de autoayuda─, sino de Dios. Jesús es el liberador y vencedor.»


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