lunes, 27 de agosto de 2012

¿CÓMO PERSEVERAR EN LA ORACIÓN?



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EL DESÁNIMO Y EL CANSANCIO SON MONEDA COMÚN INCLUSO ENTRE LAS PERSONAS ORANTES
Por: P. Evaristo Sada | Fuente:Iglesia
 
Ideas para "no aflojar" y crecer en la relación personal con Dios
 
"Ya me cansé de mis compromisos de vida espiritual". Esta frase la he escuchado en repetidas ocasiones. Por lo general son personas para las que su vida de oración tuvo un inicio que parecía prometedor pero, al cabo de los años, llegó el cansancio o el aburrimiento. Conversando con ellas veo que las causas de la falta de perseverancia son múltiples. Ahora quisiera detenerme en dos.

1.Cuando los compromisos de vida espiritual se hacen únicamente "porque tengo que cumplir"
 
No está mal cumplir los compromisos asumidos; al contrario. El error está en no hacer los actos de vida espiritual por amor y con amor. Cuando los compromisos de vida espiritual no se viven como actos voluntarios con los que demuestro mi amor a Cristo, se vacían de contenido y por ello se termina por no cumplir más.
 
Un robot hace las rutinas para las que fue programado y sigue ciegamente las instrucciones que recibe; un robot "funciona", pero no tiene convicciones, no tiene libertad, no pone amor. El robot no realiza actos humanos.
 
En la oración hay siempre un yo y un Tú. "Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en su lugar." (Catecismo 357)
 
Cuando te propones algo, lo que te has propuesto debe entusiasmarte, tienes que amar eso que te propones, tienes que tener pasión por aquello que haces. ¿Qué es lo que te debe entusiasmar de los actos de oración? No los actos en sí mismos, la rutina, sino la persona de Cristo, el deseo de conocerle, de estar a su lado y corresponder a su amor. Entonces haces tu meditación diaria por una convicción de fe y por el amor personal que tienes a Cristo. Si es así no sólo te limitarás a cumplir tu propósito, sino que buscarás tiempos de calidad para ello, buscarás crecer, hacerlo mejor cada día.

2. Cuando esperas resultados inmediatos y no los obtienes
 
Cuando se siembra una semilla de bambú japonés, hay que regarla y abonarla constantemente. Durante los primeros meses, no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los siete primeros años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles. Sin embargo durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros.

¿Tarda sólo seis semanas en crecer?
 
No, en realidad, se toma siete años para ello y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que vendrá después.
 
"Pongamos todos mucho interés en esta práctica de la oración, ya que por ella nos vienen todos los bienes. Si perseveramos en nuestra vocación, es gracias a la oración; si tenemos éxito en nuestras tareas, es gracias a la oración; si no caemos en el pecado, es gracias a la oración; si permanecemos en la caridad, si nos salvamos, todo es gracias a Dios y a la oración. Lo mismo que Dios no le niega nada a la oración, tampoco nos concede casi nada sin la oración".(San Vicente de Paúl)
 
Por tanto, ante estas dos dificultades, la respuesta a la pregunta ¿cómo perseverar en la oración? podría ser:

a) Cada vez que inicies tus oraciones dite a ti mismo y dile a Jesús que las haces con amor y por amor a Él. Y luego haz todo con todo el amor del que seas capaz, aún cuando no "sientas" emocionalmente los consuelos espirituales que brinda el Espíritu Santo a los corazones orantes.

b) Busca agradar a Jesús, no busques resultados inmediatos. Los frutos vendrán, pero se requiere mucha paciencia.

domingo, 26 de agosto de 2012

¿QUÉ ES LA FE?



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A través de muchas circunstancias de vida, alguna vez habremos concluido que "el problema es falta de fe"; el Evangelio nos narra la forma en que Jesús le llama la atención a Pedro y le dice "hombre de poca fe"; los discípulos le piden a Jesús que les aumente la fe y el Señor nos enseña que si tuviéramos "fe" como un granito de mostaza, podríamos alcanzar grandes favores de Dios.
Por su parte, los Santos nos han dado ejemplos innumerables del valor de la "fe", y es en este punto donde podríamos mirar al cielo y preguntar ¿Qué es la fe?.
Fuente: Epheta
 
El Padre Gaspar Astete nos enseña lo siguiente:
 
Fe es “Creer lo que no vimos”… “Porque Dios nuestro Señor así lo ha revelado y la santa Madre Iglesia así nos lo enseña.”
 
El Catecismo de la Iglesia Católica define la fe de una forma muy clara:

166: La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de otro, debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a otros de nuestra fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros.

Pues bien, con este numeral, el Catecismo nos enseña que la fe es un acto individual (aceptación y vivencia de las verdades reveladas), y comunitario (dar y recibir), pero, ¿en qué debemos creer?

Podemos comenzar por examinar los catorce artículos de la fe expuestos por el Padre Astete, los cuales se dividen en dos partes; los primeros siete tienen que ver con la Divinidad y los otros siete con la Humanidad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.


Los que tienen que ver con la Divinidad son:
  1. El primero, creer en un solo Dios todopoderoso.
  2. El segundo, creer que es Padre.
  3. El tercero, creer que es Hijo.
  4. El cuarto, creer que es Espíritu Santo.
  5. El quinto, creer que es Creador.
  6. El sexto, creer que es Salvador.
  7. El séptimo, creer que es Glorificador.

Los que tienen que ver con la humanidad de Cristo: 
  1. El primero, creer que nuestro Señor Jesucristo, en cuanto hombre, fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.
  2. El segundo, creer que nació de Santa María Virgen, siendo ella Virgen antes del parto, en el parto y después del parto.
  3. El tercero, creer que recibió muerte y pasión para salvarnos.
  4. El cuarto, creer que descendió a los infiernos, y sacó las almas de los santos Padres, que estaban esperando su santo advenimiento.
  5. El quinto, creer que resucitó al tercero día de entre los muertos.
  6. El sexto, creer que subió a los Cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso.
  7. El séptimo, creer que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos: conviene a saber, a los buenos para darles gloria porque guardaron sus santos Mandamientos, y a los malos pena perdurable porque no los guardaron.

De esta manera, vemos que la fe es un acto serio, que requiere de una madurez tal que no permita desviaciones que nos aparten de estas verdades.

Dios nos ha dado la libertad de creer o no creer en las verdades reveladas, mas no nos es lícito construir o modificar verdades.

La invitación es para que analicemos nuestra vida espiritual a la luz de los artículos antes expuestos, que constituyen fe de la Iglesia que desde siempre Dios nuestro Señor nos ha venido revelando, y que alcanza su plenitud en Jesucristo.
 
La fe inicia nuestra relación personal con Dios. Concilio Vaticano I: Por la fe quedamos habilitados para confiar todo nuestro ser a Dios, le ofrecemos el homenaje total de nuestro entendimiento y voluntad y asentimos libremente a lo que Dios revela. La fe es un don permanente los que la han recibido bajo el magisterio de la Iglesia no pueden tener jamás causa justa de cambiar o poner en duda esa fe.

Debemos:

  • Tener una fe informada. Para ello es necesario estudiar lo que nuestra fe enseña.
  • Retener la Palabra de Dios en su pureza. (sin comprometerla o apartarse de ella)
  • Ser testigos incansables de la verdad que Dios nos ha revelado. 
  • Defender la fe con valentía, especialmente cuando esta puesta en duda o cuando callar seria un escándalo. (Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis Humanae). Mt 10:32_33
  • Creer todo cuanto Dios enseña por medio de la Iglesia (No escoger según nos guste).
  • "La fe es el comienzo de la salvación humana" (San Fulgencio).

¿Tienen fe los cristianos que no están en comunión con la Iglesia? Sí, tienen fe en Dios y conocen muchas de las verdades que El nos ha revelado. Pero no tienen fe en todo lo que El ha revelado.

Fe y cultura
 
"La fe que no afecta la cultura de la persona es una fe no plenamente abrazada..." -Juan Pablo II-

Esta virtud (fe) implica que yo renuncie a la arrogancia, a mi pensamiento, a la pretensión de juzgar por mí mismo, sin confiarme a otros. Este camino hacia la humildad, hacia la infancia espiritual es necesario. -Benedicto XVI, 11 feb, 2009

 

viernes, 24 de agosto de 2012

SATANAS ESTA DERROTADO

“¡…EL HIJO DE DIOS VINO A DESTRUIR LAS OBRAS DEL DIABLO!” 
1 Jn 3,8

¿Has visto alguno de esos programas de la TV donde se aparece el policía, sorprende al criminal y le dice: ‘Te pillé’, luego le pone las esposa y le lleva la cárcel? Pues eso mismo hizo Jesús con satanás. La palabra “destruir” del versículo de arriba implica “deshacer” o “venirse abajo”. Es como el cemento que se resquebraja y entonces se cae la pared; o como el carrete que se queda sin hilo, de manera que cuando se va a usar la prenda, ésta se rompe porque no está bien cosida. ¿Cómo quieres luchar contra satanás? ¿Con la fuerza de tu intelecto o con el poder de la Palabra de Dios? ¿Haciendo tu voluntad o conociendo la voluntad de Dios y obedeciéndola? Si prendes la luz de una habitación oscura donde hay cucarachas, éstas corren a esconderse inmediatamente. ¡Pero si lo único que hiciste fue encender la luz!

Todo muro que satanás construye para mantenerte encerrado se viene abajo cuando es expuesto a la luz de la Palabra de Dios. Ahí la estratagema de satanás se desintegra a gran velocidad, puesto que la luz viaja a 186.000 millas por segundo. El arma más eficaz del diablo es tu ignorancia de la Palabra de Dios. Por eso tratará de impedirte que leas la Biblia mucho más que cualquier otra cosa. Jesús dijo: “…Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8,32). La verdad por sí sola no te hace libre; es “conocerla”, aferrarte a ella en momentos de dificultad y confiar en que Dios hará lo que ha prometido. Esas cosas te permitirán no sólo sobrevivir a los ataques de satanás, sino también tener victoria sobre él.

“…CONOCERÉIS LA VERDAD, Y LA VERDAD OS HARÁ LIBRES”
 Jn 8,32

Satanás es un mentiroso, pero Jesús es la Verdad. Cada vez que haces que Jesús intervenga en una situación determinada, satanás es desenmascarado y sus planes para tu vida son expuestos y frustrados. Las Escrituras se refieren a satanás como “tinieblas” y a Jesús como “luz”. 

En el momento que aparece la luz, se desvanece la oscuridad. Por ello, tu mayor empeño no debe ser vencer al maligno, sino acercarte más a Jesús para que tu voluntad y tu vida estén en consonancia con Su voluntad y Su Palabra. En lugar de quedarte caído, recibiendo los ataques y diciendo: ‘No hay nada que se pueda hacer’, levántate en fe y proclama: “Satanás, está escrito…” Eso mismo fue lo que hizo Jesús en el desierto cuando se enfrentó a un grado de tentación al que ninguno de nosotros estaremos nunca expuestos. La Biblia dice: “El diablo entonces lo dejó, y vinieron ángeles y lo servían” Mt. 4,11. 

No hace mucho tiempo que observamos cómo banqueros y agentes de bolsa usaban el dinero de los usuarios, lo perdían y luego volvían de nuevo diciendo: ‘Aquí tenemos un nuevo plan, inviertan en él.’ Pero ahora ya estamos escarmentados, y ya no creemos que algo es una buena inversión sólo porque ellos lo digan. Así ocurre en la vida espiritual. Cuando conoces la Palabra de Dios y la usas como tu arma, los muros de satanás se derrumban, los planes que él tiene para ti se frustran y sus artimañas se desmoronan. Cuando entiendes quién eres en Cristo, eres un contrincante superior al diablo y éste no podrá controlar tu vida.



¿CUAL ES LA DIFERENCIA?




¿JAMÓN O LECHE?
“Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.”  
Filp. 1, 21

Es un clásico en argentina el sándwich de jamón y queso. A mi me encantan. Escuchaba a alguien que hizo un comentario sobre el libro de Marcos Witt quien escribe sobre esto y mi mente voló a esta rica comida, para entender que a pesar del gusto, estos elementos se diferencian. Todos sabemos que Dios demanda obediencia y santidad. Y que este pedido de Dios no puede ser condicionado por las circunstancias que nos rodean, nuestro estado de ánimo, los éxitos o los fracasos que tengamos, o por nuestra buena intención. Son pedidos absolutos. Pero a pesar de saber esto, a veces no lo llevamos a la práctica. Conocemos la teoría, sabemos que es lo que Dios demanda de nosotros, teorizamos sobre los pedidos divinos, pero no los cumplimos. Señalamos el error del otro, pero no nos hacemos cargo de nuestras desobediencias. 

¿Por qué? La repuesta la tienen el queso y el jamón (en el magistral ejemplo de Marcos Witt). ¿De dónde sale el queso? De la leche. ¿Y de donde sale la leche? 

De la vaca. Cada mañana el tambero ordeña a la vaca quien da leche. Se procesa y se fabrica el delicioso queso. La vaca entrega diariamente su leche para poder tener queso. 

¿De dónde sale el jamón? 

Del costado del chancho. Este hace un único y total sacrificio y da su vida (o se la sacan), para poder entregar el jamón. No hay medias tintas, no hay reservas. El chancho da la vida en cada jamón. No se guarda nada. 

Es la diferencia en las preferencias de los católicos. Algunos son católicos leche. Dan lo que pueden, pero no se comprometen. Dan hasta donde tienen, pero no dan más. Es cierto que dan, y que son generosos. Pero no alcanza. Para Dios no alcanza. 

Algunos son católicos jamón. Dan todo, dejan la vida. Y como Pablo, no se guardan nada. La única elección posible en sus vidas es agradar a Dios. Su única pasión es que Dios se sienta orgulloso de ellos. Para las personas, desperdician su vida. Pero para Dios la ganan.

 ¿Cuál es hoy tu preferencia?




jueves, 23 de agosto de 2012

FENOMENOS SOBRENATURALES



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FENOMENOS SOBRENATURALES QUE VIVEN LOS CRISTIANOS
Al referirnos a fenómenos sobrenaturales hacemos relación a lo que trasciende lo natural, lo que está más allá de las leyes normales.
Fuente: Jorge Enrique Mújica para Virtudes y Valores
 
En la vida de san Juan María Vianney, cura de Ars, escrita por Francis Trochu leemos lo siguiente: «Un joven de Lyon se había apenas confesado cuando el santo le dice:
 
- Amigo, no has dicho todo.

- Ayudadme vos, Padre: no puedo recordar todas mis faltas.

- ¿Y aquellas candelas que robaste de la iglesia de San Vicente?. Era verdad, pero lo había olvidado».

En otra ocasión, una mañana durante la misa, una señora se presentó a recibir la comunión. El santo pasó dos veces cerca de ella sin dársela. A la tercera vez le dice la señora en voz baja:
- «Padre mío, no me has dado la comunión».

- «No hija mía; esta mañana has comido algo».

Entonces la señora se acordó de haber comido un poco de pan.

A fines del s. XIX, el doctor Imbert, profesor de medicina en Clermont-Ferrand, describió ampliamente un testimonio acerca de Luisa de Lasteau, hoy beata, y su facilidad sobrenatural para reconocer los objetos sagrados (ierognosis): «Se le presentaba una reliquia, aunque fuese de un siervo de Dios no beatificado, y sonreía satisfacida, pronta a besarla. Lo mismo hacía con los objetos benditos aunque tuvieran forma profana, mientras se mostraba insensible por los objetos no bendecidos aunque fuesen imágenes sacras. Un sacerdote vestido de civil, le presentó un crucifijo sin bendecir y no le causó impresión. Después, con su mano consagrada, trazó sobre la cruz la bendición y se lo volvió a mostrar; entonces Luisa mostró su característica sonrisa al sacerdote. Los presentes exclamaron: ¡qué sublime es la bendición del sacerdote!»

Es común hallar en librerías una abundante literatura que intenta explicar, acertada o erróneamente, fenómenos sobrenaturales extraordinarios que por su relación con la fe, su impacto real, atractivo o de simple curiosidad, llaman enormemente la atención. Y no es para menos: profecía, poder de sanación, discernimiento de espíritus, don de lenguas, visiones, revelaciones, habilidad infusa para el ejercicio de las artes, ciencia, estigmas, lágrimas o sudor de sangre, privación del sueño, bilocación, levitaciones, sutilezas, luminosidad… son temas que dejan un deseo de profundización mayor.

Al referirnos a fenómenos sobrenaturales hacemos relación a lo que trasciende lo natural, lo que está más allá de las leyes normales como el no poder volar por nosotros mismos o conocer lenguas sin antes haberlas estudiado. La causa sólo puede ser Dios aunque la propia naturaleza o el Demonio pueden imitar algunos de estos fenómenos para confundir cuando en realidad no son tales.

Los fenómenos sobrenaturales se manifiestan con los así llamados fenómenos místicos. Estos de deben a gracias regaladas por Dios que quiere ofrecer una posibilidad de unión más íntima con él al alma que los recibe o manifestar externamente al mundo el misterio de su acción omnipotente no explicable a la ciencia.

Las causas puramente naturales tienen como fuente elementos de orden fisiológico (temperamento, sexo, edad), la imaginación, los estados depresivos del espíritu (trabajo intelectual absorbente, meditación religiosa mal regulada, excesiva austeridad) y las enfermedades. Estas llevan a confundir con fenómenos “sobrenaturales” lo que en realidad se puede explicar naturalmente.

Es de fe que existen los demonios quienes, por permisión divina, influyen sobre algunos hombres. Sin embargo, la voluntad humana permanece siempre libre. El demonio no puede producir verdaderos fenómenos pues es gracia exclusiva de Dios (resucitar un muerto, curar instantáneamente heridas, traslocaciones, profecías, conocer los pensamientos, crear, violar las leyes de la naturaleza como la gravedad, etc.) pero sí puede falsificar visiones, éxtasis, esplendores y rigidez en el cuerpo, ardores en el corazón, curación de enfermedades producidas por él mismo, hacer aparecer estigmas, esconder objetos y moverlos.

La acción divina, que es de donde provienen los auténticos fenómenos, se desarrolla principalmente en el intelecto, en la voluntad y en el organismo de aquellos que la experimentan. De ahí que los grandes fenómenos se clasifiquen en tres grupos: de orden cognoscitivo, de orden corporal y de orden afectivo.

 

FENÓMENOS DE ORDEN COGNOSCITIVO

»  Las visiones, referidas estrictamente al sentido de la vista, son percepciones de objetos mediante los ojos corporales. Hay tres tipos de visiones:
1) las externas o corporales, llamadas apariciones, donde se percibe una realidad objetiva naturalmente invisible al hombre
2) las imaginarias, que son representaciones sensibles internas circunscritas a la imaginación
3) las intelectuales, en las que se produce la visión por medio de la inteligencia, sin impresión o imagen sensible.
»  Las locuciones son fórmulas que enuncian afirmaciones o deseos. Se dividen en:
1) auriculares (percibidas por medio del oído)
2) imaginarias (se perciben con la imaginación durante el sueño o la vigilia)
3) intelectuales (las que se dejan oír directamente en el intelecto sin el concurso de los sentidos) que es como se comunican los ángeles.

»  Las revelaciones son las manifestaciones sobrenaturales de una verdad oculta o un secreto divino hecho por Dios para el bien general de la Iglesia o para la utilidad de quien la recibe. Son de dos tipos:
1) privadas: hechas a un individuo y que no entran en el depósito de la fe
2) universal: la dada por la Sagrada Escritura.
Las primeras nunca contradicen a las segundas si son auténticas. Sólo a la Iglesia corresponde declarar si un mensaje es o no revelación privada.

»  Por discernimiento de los espíritus se entiende el conocimiento sobrenatural de los secretos del corazón comunicados por Dios a sus siervos. Fue el caso del cura de Ars. En esta categoría también entra el descifrar y aclarar si otros fenómenos vienen o no de Dios.

»  La ierognosis es el conocimiento de lo que es sagrado manifestado en el poder o facultad que tuvieron algunos santos para reconocer las cosas santas y distinguirlas de las profanas. Este fue el caso de la beata Luisa Lausteau.

»  Otros fenómenos de conocimiento son la ciencia infusa universal (como el caso de Gregorio López (1562-1596) que sin estudio alguno, poseía un bastísimo conocimiento de la Sagrada Escritura, la historia de la Iglesia y los principios de la vida espiritual), el conocimiento sobrenatural de teología (los casos de santa Gertrudis y santa Catalina de Siena, luminarias de la mística), habilidad infusa para el ejercicio de las artes (por ejemplo san Francisco de Asís y Jacopone da Tordi, compositor del «Stabat Mater», para la poesía; santa Catalina de Bolonia, para la música; el beato Angélico da Fiesole para la pintura, etc.)

FENÓMENOS MÍSTICOS DE ORDEN CORPORAL

El primer caso documentado de una persona estigmatizada fue el San Francisco de Asís, quien recibió los estigmas en un éxtasis que tuvo el 17 de septiembre de 1224. Después de él se han multiplicado los casos. Quizá hubieron estigmatizados antes de San Francisco. No lo sabemos.

En 1894 se publicó en París el libro «La estigmatisation». En él, el doctor Imbert-Gourtbeyre, quien estudió con competencia y atención el tema, enumera hasta 321 casos de estigmatizaciones verdaderas en la historia. De esos 321 estigmatizados 62 fueron canonizados (42 hombres y 9 mujeres). Por el tiempo y por la resonancia, nos es muy cercano el caso de San Pío de Pietrelcina, de cuyas llagas emanaba, además, un olor muy agradable.

Estamos ahora de frente a los fenómenos místicos de orden corporal. Éstos se reflejan principalmente sobre el organismo, en cualquiera de sus funciones vitales o en diferentes aspectos de su actividad y manifestaciones exteriores, como recuerda el P. Royo Marín. Estos son los principales:
»  Los estigmas consisten en la aparición espontánea de llagas sanguinolentas en manos, pies, costado izquierdo, en la cabeza o en la espalda. Pueden ser visibles o invisibles. Muchos han tratado de dar una explicación racionalista al fenómeno atribuyéndolo al fanatismo. Es verdad que la imaginación puede ejercer una posible influencia psíquica, pero jamás será capaz de producir heridas físicas visibles. Bastaría hacer un ejercicio simple para darse cuenta de la imposibilidad: si se fija la vista en alguna parte del cuerpo y se piensa, con todas las fuerzas, que se quiere una herida visible en el costado; se podrá pasar todo un día y no se logrará. Los hechos hablan por sí solos.También existen los estigmas diabólicos. ¡Sí, el demonio es capaz de producirlos! Si en el orden natural, en base a la hipnosis y a la sugestión, se han llegado a producir manifestaciones similares en sujetos desequilibrados, neuróticos o histéricos, cómo no iba a poder producirlos el demonio.

» El sudor de sangre consiste en la expulsión, en cantidad considerable, de líquido sanguinolento a través de los poros de la piel, particularmente los de la cara. Las lágrimas de sangre son una efusión sanguinolenta a través de la mucosa de los ojos.En el caso del sudor de sangre, el hecho histórico por excelencia es el de Nuestro Señor Jesucristo referido por San Lucas en el capítulo 22, versículo 44, de su Evangelio. Tras Jesucristo, un número pequeño de santos y personas pías han tenido sudor de sangre: santa Ludgarda (1182-1246), la beata Cristina di Stumbeln (1242-1312), Magdalena Morice (1736-1769), María Domenica Lazzari (1815-1848), Caterina Putigny (1803-1885).Los casos de lágrimas de sangre son más raros aunque hay registrados dos casos muy famosos, el de Rosa María Andriani (1786-1845) y el de Teresa Neumann a mediados del siglo pasado.

»  La renovación o cambio de corazón es un fenómeno registrado en la historia de la mística y muy sorprendente. Consiste en la extracción del corazón de carne y en la sustitución con otro que es el de Cristo mismo.Son famosos los casos de las santas Catalina de Siena, Ludgarda, Gertrudis, María Magdalena de Pazzi, Caterina de Ricci, Juana de Valois o Margarita María de Alacoque.Así describía el confesor de santa Catalina de Siena el fenómeno de la sustitución de corazón: «Se encontraba un día en la capilla de la iglesia de los hermanos predicadores en Siena… Recuperada del éxtasis se puso de pie para regresar a casa. Una luz del cielo la envolvió y en la luz apareció el Señor que tenía en su mano un corazón humano, verdadero y esplendoroso… El Señor se le acercó, abrió el pecho de ella por la parte izquierda e, introduciéndole Él mismo el corazón que tenía en las manos, le dice: “Querida hijita, como el otro día tomé tu corazón, he aquí que te doy el mío con el cual siempre viviréis”. De lo dicho queda la apertura que le hizo en el costado; en signo del milagro ha quedado en aquel lugar un cicatriz, como me han asegurado a mí las compañeras que han podido verla. Queriendo saber la verdad de lo sucedido, ella misma fue obligada a confesármelo».

» El ayuno absoluto. Está demostrado que el hombre puede sobrevivir naturalmente en una abstinencia total de alimento prolongada sólo por algunas semanas. En 1831 un condenado a muerte, Garnié, rehusó tomar alimentos a excepción de un poco de agua. Murió después de 63 días. Pesaba sólo 26 kilos. En la Iglesia, los casos más notables de ayuno absoluto son los de santa Catalina de Siena (cerca de ocho años), santa Ludovina de Schiedman (28 años), las beatas Caterina de Raconigi (diez años), Domenica Lazzari y Luisa Lasteau (14 años). Todas ellas llevaban una vida normal e incluso muy activa. Sin embargo el ayuno por sí mismo no prueba la santidad pero sí la Iglesia reconoce en algunos de sus santos un privilegio similar dado por Dios como recompensa por sus virtudes.

» La vigilia o privación prolongada del sueño es análogo al precedente. Los casos más notables son los de san Macario de Alejandría quien pasó 20 años continuos sin dormir. Santa Coleta dormía una hora a la semana y una vez en su vida permaneció un año sin dormir. San Pedro de Alcántara dormía hora y media al día por cuarenta años, como testimonió santa Teresa de Jesús. Santa Rosa de Lima limitaba a dos horas el tiempo concedido para el reposo y santa Catarina de Ricci no dormía más que dos o tres horas por noche. Los médicos y los fisiólogos coinciden en el decir que sin salir de las leyes normales de la naturaleza orgánica no se puede privar a una persona del sueño. Las largas vigilias y abstinencias se encuentran sobre todo entre los contemplativos.

»  La agilidad consiste en la traslación corporal casi instantánea de un lugar a otro, a veces remotísimo del primero. Es diferente a la bilocación porque no hay simultaneidad de presencia en ambos lugares sino únicamente traslación de un lugar a otro.En la mismísima Biblia leemos que el diácono Felipe fue trasportado por el Espíritu de Dios a la ciudad de Azoto después que instruyó y bautizó sobre el camino de Jerusalén a Gaza al eunuco Candace (Hechos de los apóstoles 8, 39-40) aunque quizá sea más famosos el caso de Habacuc, trasportado por el ángel de Judea a Babilonia para que llevase alimento a Daniel en la fosa de los leones (Dan 14, 33-39).Otros santos conocidos también la ha tenido: santa Teresa contaba que san Pedro de Alcántara se le aparecía, aún viviente, varias veces. También san Felipe Neri se aparecío muchas veces mientras estaba en vida. San Antonio de Padua llegó a hacer, en una sola noche, el viaje de Padua a Lisboa; y regresó en la misma noche. En la vida de san Martín de Porres se narran prodigios de este tipo.

»  La bilocación es uno de los fenómenos más sorprendentes de la mística y uno de los más difíciles de explicar a menos que se recurra al milagro. Consiste en la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares diversos. Se han dado muchos casos en la historia de la vida de los santos. Entre los más conocidos están los de san Francisco de Asís, san Antonio de Padua, san Francisco Xavier, san Martín de Porres, san José de Cupertino o san Alfonso María de Ligorio.De san Alfonso María se lee en su proceso de canonización que el 21 de septiembre de 1774, mientras estaba en Arienzo, pequeña villa de su diócesis, cae en una especia de desvanecimiento. Permanece cerca de dos días inmerso en un dulce y profundo sueño, sentado sobre un sillón. Uno de sus siervos habría querido despertarlo, pero su vicario general, D. G. Nicola de Rubino, ordenó que lo dejaran reposar. Cuando se despertó, el santo sonó la campana. Acudieron prontamente sus familiares. Viéndolo grandemente agitado le preguntaron:-«¿Qué te sucede?, son dos días en que no has hablado ni dado ninguna señal de vida».

Él respondió asegurando que había ido a asistir al Papa que acababa de morir hace una hora. Poco tiempo después llegó la noticia de la muerte de Clemente XIV, acaecida el 22 de septiembre a la una de la tarde, momento preciso en el que el santo había sonado la campanilla. San Alfonso fue visto en ambos lugares contemporáneamente por una multitud de testigos.

»  Las levitaciones consiste en la elevación espontánea del suelo y en el mantenimiento del cuerpo humano sin ningún apoyo y sin causa natural visible. Por regla, le levitación mística se verifica mientras el paciente está en éxtasis y, si el cuerpo se eleva un poco, se llama éxtasis ascensional; si se eleva a gran altura, recibe el nombre de vuelo extático; y si comienza a andar velozmente a ras del suelo, pero sin tocarlo, se llama marcha extática.En el proceso de canonización de san José de Cupertino se registran más de sesenta casos de levitación. Fue visto volar sobre el púlpito de la iglesia, por los muros y delante de un crucifijo o una imagen pía; aterrizar sobre el altar o cerca del tabernáculo; sostenerse como un pájaro sobre ramas débiles; hacer saltos de grandes distancias. Una palabra, una mirada, la mínima cosa en relación con la piedad, le producía estos transportes. En un periodo de su vida llegaron a ser tan frecuentes que sus superiores debieron exceptuarlo del rezo común en el coro para que, contra su voluntad, no interrumpiera ni perturbase las ceremonias de la comunidad con sus vuelos extáticos de los cuales muchas personas fueron testigos, entre ellos el Papa Urbano VIII y el príncipe protestante Juan Federico de Brunswick, el cual no sólo quedó impresionado sino que se convirtió al catolicismo y vistió el sayal franciscano.Está claro que la simple naturaleza no puede alterar las leyes de la gravedad, siempre fijas y constantes. La Iglesia ha explicado este fenómeno como una anticipación del don de agilidad propia de los cuerpos gloriosos.

»  Las sutilezas consisten en el paso de un cuerpo a través de otro. En el momento del tránsito supone la compenetración o coexistencia de los dos cuerpos en un mismo lugar. Este prodigio se verificó en la persona de Jesús cuando a puertas cerradas se presentó a sus discípulos, como narra san Juan en los versículos 20-26 del capítulo 19 de su Evangelio. También es célebre el caso de san Raymundo de Peñafort que entró en su convento de Barcelona a puertas cerradas.

» Las luces o esplendores son ciertos esplendores que algunas veces irradian los cuerpos de los santos sobre todo durante la contemplación o el éxtasis. Este fenómeno se verificó en san Luis Beltrán, san Ignacio de Loyola, san Francisco de Paula, san Felipe Neri, san Francisco de Sales, san Carlos Borromeo, san Juan María Vianey, etc. Es uno de los más frecuentes entres los grandes santos.

» El perfume sobrenatural (osmogenesia) consiste en un cierto perfume de exquisita suavidad y fragancia que emana del cuerpo mortal de los santos o del sepulcro donde reposan sus restos. Se trata de un aroma singular que nada tiene de común con los perfumes terrenos. Los testigos que lo han experimentado no encontraron analogías para hacer entender la suavidad y fragancia de un aroma inconfundible jamás sentido en la tierra.El perfumero de la corte de Saboya fue enviado un día al convento de la beata María de los Ángeles para que buscase individuar la naturaleza del olor que la sierva de Dios emanaba. Debió confesar que no se asemejaba a ninguno de los perfumes de esta tierra. Las religiosas, sus compañeras, lo llamaban “olor de paraíso o de santidad”.Han exhalado suave olor las reliquias o los sepulcros de san Francisco de Asís, santo Domingo de Guzmán, santo Tomás de Aquino, santa Rosa de Lima, santa Teresa, santa Francisca Romana, etc.

FENÓMENOS DE ORDEN AFECTIVO

Quedan aún por explicar un tercer tipo de fenómenos, los de orden afectivo. Se consideran tales, prevalentemente, dos tipos: los éxtasis místicos y los incendios de amor. Algunos estudiosos llaman a este tercer tipo de fenómenos, psico-fisiológicos pues tienen, en buena medida, su raíz principal en la voluntad; de ahí que algunos autores los clasifiquen entre los fenómenos de orden orgánico.

»  Los éxtasis místicos no son gracias gratis dadas por Dios. Entran en el desarrollo normal de los grados de oración mística y constituyen un fenómeno normal en el desarrollo de la vida cristiana. Pero como su aspecto exterior es espectacular, presenta ciertas semejanzas con los fenómenos de tipo extraordinario que se han mencionado.

»  Los incendios de amor son un hecho comprobado en la vida de algunos santos en los que el amor hacia Dios se manifiesta algunas veces hacia el exterior bajo la forma de fuego que quema, incluso materialmente, la carne y la ropa cercana al corazón. Esta manifestación se produce en grados diversos:
1) Simple calor intenso: es un extraordinario calor del corazón que se dilata; este calor se expande a todo el organismo. Es clásico el episodio de la vida de san Wenceslao, duque de Bohemia. De noche visitaba la iglesia a pies descalzos. Al siervo que le acompañaba le recomendaba meter los pies en los zapatos que él dejaba para no congelarse.
2) Ardores intensísimos: el fuego del amor divino puede llegar a tal intensidad que a veces es necesario recorrer a refrigerantes para poderlo soportar. Se cuenta de san Estanislao de Kotska, que era tan fuerte el fuego que lo consumía, que en pleno invierno era necesario aplicarle sobre el pecho paños empapados de agua helada. Santa Caterina de Génova no podía acercar su mano al corazón sin experimentar un calor intolerable.
3) La quemadura material: cuando el fuego del amor llega a producir incandescencias, las quemaduras se realizan plenamente. Es lo que se llama a pleno título incendios de amor. El corazón de san Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas, ardía de tal manera, que más de una vez su túnica de lana aparecía completamente quemada por la parte del corazón. El beato Nicolás Factor, religioso franciscano, incapaz de soportar el fuego que ardía en su corazón, se hechó un vaso de agua helada en pleno invierno. Consta en su proceso de beatificación que el agua, inmediatamente, se evaporó.

Existe sin duda una estrecha relación entre el amor y el fuego producido.

La naturaleza prodigiosa de todos estos fenómenos exige recurrir a lo sobrenatural para poder ser explicados. Este recurso, indiscutiblemente, demuestra la grandeza infinita de Dios el cual esparce a manos llenas sus tesoros. Es fácil recurrir a lecturas que intentan, acertada o erradamente, para bien o para confusión del lector, explicar estos casos que son verdaderamente atrayentes. Este texto es una buena guía para no perder el norte y tampoco dejarse engañar.

BIBLIOGRAFÍA
 
Introducción a los fenómenos. Gemino. Fenómenos. Arato. Biblioteca Clásica Gredos Ed. Gredos, S.A. Madrid, 1993

Teología della perfezione cristiana. Antonio Royo Marín. 10ª edición 1997. Edición San Paolo. Edizione italiana a cura di G. Pettinati, S. Pienotti, A. Girlanda. Págs. 1026-1132

Dizionario di mística. A cura di I. Borriello – E. Caruana – M.R. Del Genio – N. Suffi

Libreria editrice vaticana 1998

Summa daemoniaca, José Antonio Fortea, Contenidos de Formación Integral. Segunda edición: diciembre de 2003. México.

Compendio de Teología Ascética y Mística, Tanquerey. Ediciones Palabra, Madrid, 1990.

El respeto al misterio. Revista Alférez. Madrid, 30 de abril de 1948 Año II, números 14 y 15 [página 10]

Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana. A. Royo Marin. BAC, Madrid, 1973
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