sábado, 29 de octubre de 2011

IGLESIAS Y SECTAS - APOLOGETICA CATOLICA

El proselitismo religioso en América Latina y la respuesta católica

Análisis del fenómeno sectario y su solución.

Por el P. Flaviano Amatulli Valente, fmap

Aunque el fenómeno de la globalización trate de suavizar las cosas, es un hecho que en América Latina la nota dominante no es el diálogo ni la comprensión, sino el proselitismo religioso más descarado.



Proselitismo religioso de parte de las sectas, los nuevos movimientos religiosos, los nuevaerianos (New Age), las religiones no cristianas y las mismas iglesias históricas, cuya membresía en gran parte está compuesta por excatólicos.



Desfase cultural


Pues bien, teniendo presente todo esto, ¿dónde está la causa más profunda del derrumbe de la Iglesia Católica en muchos lugares de América Latina y al mismo tiempo la razón más profunda del avance de los grupos proselitistas? En una cierta desubicación o un desfase cultural presente en la Iglesia Católica, especialmente en su jerarquía.



En efecto, existe una enorme diferencia entre la manera de ser y actuar del pueblo católico y la manera de ser y actuar de los grupos proselitistas. Mientras en la Iglesia Católica se privilegian el ser, la mente y el conocimiento, en los grupos proselitistas se privilegian el quehacer (la acción), el corazón y la experiencia. Mientras en la Iglesia Católica se aprecian de una manera especial los valores de la verdad y la fidelidad, en los grupos proselitistas se ponen en el primer lugar los valores de la eficacia y el éxito. Mientras nuestro estilo es esencialmente profético, el estilo de los grupos proselitistas es esencialmente empresarial. Mientras para nosotros el mejor católico es el teólogo, el que conoce más profundamente el misterio de Dios y su plan de salvación (casi todos los obispos salen de los teólogos), para los grupos proselitistas el auténtico discípulo de Cristo es el apóstol, el que anuncia a Cristo y conquista almas, utilizando todos los medios posibles, lícitos o ilícitos.



Es suficiente comparar los documentos de la Iglesia Católica con los documentos de los grupos proselitistas para darnos cuenta de que nos encontramos frente a dos mundos profundamente diferentes. En efecto, los documentos de la Iglesia Católica son esencialmente doctrinales y exhortativos, mientras los documentos de los grupos proselitistas son esencialmente operativos, con planes concretos de acción para poder avanzar más. Según mi manera de ver las cosas, aquí está el secreto de sus éxitos y al mismo tiempo la causa de nuestro retroceso. De seguir así las cosas, no será difícil pronosticar el futuro religioso de América Latina.



Teniendo presente todo esto, lo que se necesita en la Iglesia Católica es un cambio cultural profundo en la línea de la modernidad o post-modernidad, buscando un equilibrio entre el pensar y el actuar, exhortar y planear, conocer y experimentar. Es lo que están intentando hacer los Movimientos Eclesiales, cuya membresía está compuesta esencialmente por laicos comprometidos, que por su misma condición humana y eclesial representan un puente entre la sociedad, totalmente metida en el presente, y la jerarquía católica culturalmente ligada al pasado por su misma formación teológico-filosófica.



Actores y espectadores


Cuando la Conferencia Episcopal Mexicana me confió el Departamento de la Fe frente al Proselitismo Sectario, los encargados del Ecumenismo así quisieron definir mi papel: “Su tarea será la de tener informado al Episcopado acerca del avance de las sectas.” ¡Qué bonita tarea, la de ser el testigo oficial de la derrota católica! Ser espectador y nada más, tratando de no influir en el curso de los acontecimientos, como si el avance de los grupos proselitistas obedeciera a un proceso histórico ineludible. Lo que naturalmente rechacé por completo, abocándome a la ardua tarea de buscar las estrategias más oportunas en orden a fortalecer la fe de los católicos ante la embestida de los grupos proselitistas.



Nos preguntamos: “¿A qué se debe una actitud tan pasiva y generalizada de parte del clero católico ante el fenómeno del proselitismo sectario con una acción tan organizada, capilar y arrolladora?” Sencillamente se trata de una lógica consecuencia del desfase  cultural del que hemos hablado anteriormente. Al tener la conciencia clara de la propia incapacidad a reaccionar adecuadamente ante un fenómeno tan hondo y global, opta por ignorarlo (la política del avestruz) o no atribuirle la debida importancia, dando muestra de una enorme insensibilidad ante el sufrimiento del pueblo católico, que se siente abandonado a sí mismo en una lucha sin cuartel desatada por los grupos proselitistas.



En realidad, para poder enfrentar con sano realismo el fenómeno del proselitismo religioso, se necesitan cambios profundos al interior de la Iglesia, que lleven a un nuevo tipo de pastoral, hecha ya no de simpatías personales, humores del momento o improvisación, sino de investigación, planeación y un adecuado manejo de los recursos humanos y económicos.



Pretextos


Ahora bien, al no sentirse capacitado ni dispuesto a un cambio tan radical y al mismo tiempo queriendo dar la apariencia de una actitud abierta y progresista, el clero se refugió en su terreno propio, que es la reflexión teológica, tratando de justificar su decisión de no intervención mediante pretextos sin ningún fundamento en la realidad: 
  •  Cristo no necesita a nadie que lo defienda; sabe defenderse solo.
  •   La fe no se defiende, se vive.

  •   Si muchos dejan la Iglesia Católica, es porque su fe ya no les satisface. Por lo tanto, si en otro lugar encuentran algo mejor, ¿por qué molestarlos?

  •   La apologética es cosa de otros tiempos. Ahora ya no sirve.

  •   Hay que evitar la apologética, puesto que puede entorpecer el proceso ecuménico.



Evidentemente, se trata de puros pretextos. Es desconocer la realidad del proselitismo religioso, que se sirve de todo para “conquistar” al católico: la calumnia, la dádiva, el testimonio falso, la manipulación bíblica, la presión psicológica, etc. No es que uno, al no sentirse satisfecho por las respuestas que le ofrece su fe católica, se pone a incursionar por otro lado, buscando algo que dé sentido a su vida. Más bien, se trata de otros que utilizan cualquier medio para hacerlo dudar y así llevárselo a sus grupos.  



Además, no se trata de defender a Cristo o defender la fe en abstracto. Cuando hablamos de defensa de la fe, nos estamos refiriendo a la fe del católico en carne y hueso, que se encuentra desprotegido frente a los ataques del proselitismo religioso, vengan de donde vengan. Se trata, entonces, de ayudar a ese católico concreto a defender su fe con relación a los que la quieren perturbar, en la línea del buen pastor que no huye frente al peligro, como hace el mercenario (Jn 10, 12-13), sino que está dispuesto a dar la vida por las ovejas (Jn 10, 15).



Apologética y ecumenismo



Así que la apologética no es cosa de otros tiempos; es algo fundamental para el creyente de todos los tiempos, que lo ayuda a mantenerse firme en su fe ante cualquier amenaza. ¿Recuerdan aquella estatua que vio en el sueño Nabucodonosor? Todo perfecto: oro, plata, bronce, hierro... (Dn 2, 31-33). Solamente un punto débil: los pies de barro y hierro. Bastó una piedra para que todo se derrumbara.



Es lo que está pasando ahora con nuestro pueblo católico: catequesis a todos los niveles y con todos los recursos pedagógicos imaginables, diferentes movimientos apostólicos, liturgia, altos vuelos teológicos..., pero falta una cosa: la apologética, que fundamente y fortalezca la fe del católico ante las amenazas presentes en el ambiente que lo rodea. Estando así las cosas, aunque todo parezca bonito y perfecto, a la hora de la prueba no resiste y se derrumba.



Uno de los grandes errores que se han cometido después del Concilio,  ha sido el de apostar todo por el ecumenismo y el diálogo interreligioso, eliminando la apologética, el no haber entendido que no hay oposición entre la apologética y el ecumenismo. Más bien se trata de dos actividades complementarias: ecumenismo con los que están dispuestos a dialogar y apologética con los que no aceptan el diálogo y luchan por conquistar al católico. Dos caras de la misma medalla, que es el problema de la unidad: unidad que hay que preservar (apologética) y unidad que hay que recuperar (ecumenismo).



El no haber entendido esto, ha llevado al abandono del pueblo católico frente a la embestida proselitista. Sacerdotes, seminaristas, religiosas y laicos comprometidos, totalmente aislados del pueblo, ufanándose de sus conocimientos en el plan ecuménico e interreligioso, pero totalmente incapacitados para ayudar al católico ante las objeciones y los ataques de los grupos proselitistas.



En el plan operativo, el error más grande ha sido el haber puesto el asunto de las sectas, los nuevos movimientos religiosos y la religiosidad alternativa en general en las manos de los encargados del ecumenismo. Estos, en lugar de ver qué se puede hacer para ayudar al pueblo católico ante la amenaza del proselitismo religioso, se abocaron a analizar aspectos  marginales y desviantes: si es correcto hablar de sectas y  nuevos movimientos religiosos o es preferible hablar de grupos sectarios y cultos libres: si los grupos pentecostales y neo- evangélicos son iglesias o sectas, etc.



Y cuando vieron que el problema del proselitismo religioso se hacía siempre más grave y la meta de la unidad aparecía siempre más lejana, en lugar de volverse más realistas y cambiar estrategia, brincaron el obstáculo, afirmando que en el fondo todos constituimos la misma Iglesia de Cristo “complementariamente”. Con relación al asunto del diálogo interreligioso, para facilitar las cosas, no tuvieron reparo en negar la unicidad del papel de Cristo y su Iglesia  en orden a la salvación, comparando a Cristo con Buda o Mahoma y hablando de distintos caminos de salvación, igualmente válidos, quitando así todo sentido a la misión.



Las reacciones al documento “Dominus Iesus”  dan razón de cuán lejos se llegó, una vez tomado el camino equivocado, haciendo oídos sordos a la realidad concreta del pueblo católico y a la voz de las Escrituras en sintonía con la Tradición auténtica, presente en la Iglesia Católica y que ahonda sus raíces en Cristo y los apóstoles.



Naturalmente no todos llegaron a estos excesos. De todos modos, esto nos invita a reflexionar sobre la gravedad de la situación que se ha ido creando, al no haber sabido  enfrentar con la debida seriedad y cautela el asunto del pluralismo religioso, la división entre los cristianos y el proselitismo.



Nueva apologética

¿En qué consiste? No en intentar convencer a los grupos proselitistas, cuya única preocupación consiste en “conquistar” a los demás, tratando siempre de hablar sin nunca escuchar,  sino de fortalecer la fe de los católicos de tal manera que puedan resistir ante sus solicitaciones e insidias. ¿Cómo lograr esto? Aclarando nuestra identidad y ofreciendo una respuesta a cada uno de sus cuestionamientos.



Identidad católica


Somos la Iglesia de Cristo. Aquí están nuestro orgullo más profundo y nuestra seguridad. No en largos ayunos, completa integridad moral o enormes conocimientos bíblicos. Para nosotros lo que más vale es obedecer a Cristo, perteneciendo a la única Iglesia que Él fundó personalmente, cuando vivió en este mundo y llegará hasta el final de la historia. En ella reside la plenitud del Evangelio y de los medios de salvación. Sus pastores cuentan con los poderes que Cristo entregó a Pedro y los apóstoles para el bien de su Iglesia.



Todas las demás entidades eclesiásticas  poseen algo, pero no todo ni en la misma medida. En la medida en la cual su patrimonio religioso coincide con el patrimonio de la Iglesia Católica, cuenta con la garantía divina; en la medida en que se aparta u opone, ya no cuenta con la misma garantía.



Además, no cuentan con la nota de la indefectibilidad, propia de la Iglesia de Cristo, que es la Iglesia Católica. Por lo tanto, como empezaron en un determinado momento de la historia de la Iglesia, así pueden desaparecer, sin ninguna garantía de permanecer hasta el regreso de Cristo.



Biblia e Iglesia


Para que la salvación llegara a todo el mundo, Jesús no escribió la Biblia, sino que fundó la Iglesia. Además, la misma Biblia tiene que ver mucho con la Iglesia fundada por Cristo, que pronto se llamó Católica.



En realidad, Jesús mandó  a “predicar” el Evangelio, no a escribirlo. De hecho, los apóstoles y sus sucesores predicaron el Evangelio. Poco a poco se fue escribiendo algo por razones prácticas; no se escribió todo. Pues bien, entre todo lo que se escribió, la Iglesia declaró lo que es “Palabra de Dios”. Así surgió el Nuevo Testamento.



Por lo que se refiere al Antiguo Testamento, la Iglesia escogió la edición que se hizo fuera de Palestina, con la traducción al griego de la edición hecha en Palestina en hebreo y añadiendo siete libros escritos originalmente fuera de Palestina en griego. Es la edición que utilizaron los apóstoles, al predicar fuera de Palestina.



Estando así las cosas, ¿cómo se puede razonablemente aceptar la Biblia y rechazar la Iglesia, que tiene tanto que ver con los mismos orígenes de la Biblia?



Respuesta a las objeciones


Cada grupo cuenta con sus objeciones en orden a confundir al católico y llevárselo (bautizo de los niños, imágenes, virginidad de María, confesión, sábado, etc.). Pues bien, una vez que el católico esté al tanto de esas objeciones y al mismo tiempo conozca la respuesta a cada una de ellas, se siente seguro en su fe.



Por el momento estamos enfrentando el problema de los grupos proselitistas de origen cristiano, que son los más activos y que más gente están apartando de la Iglesia. Poco a poco, pensamos enfrentar el fenómeno de la Nueva Era, la santería, el espiritismo, el satanismo, etc. y el proselitismo que empiezan a ejercer las religiones no cristianas.



Ministerio especial


Puesto que el fenómeno del proselitismo religioso está afectando tan hondamente la vida del pueblo católico, es necesario que se establezca a todos los niveles un ministerio especial, que se aboque a enfrentar este problema. Su tarea será la de intervenir en la catequesis, las asociaciones y movimientos apostólicos en orden a fortalecer la fe de los católicos. Que al momento de la dificultad, en cada comunidad haya siempre alguien que pueda dar una mano de parte de la Iglesia; lo mismo cuando alguien se encuentre en el camino del regreso y necesite apoyo.



Los Apóstoles de la Palabra, ya presentes en todos los países del continente americano, más en Italia, España y Portugal, nos estamos abocando a esta tarea, promoviendo en todos los lugares, en que nos permiten trabajar, Comisiones de Promoción y Defensa de la Fe y distribuyendo material de apoyo: libros, folletos, cassettes, videocassettes, programas de radio, etc. La experiencia demuestra que, donde se ha establecido nuestro método de trabajo, se detiene el proselitismo religioso y empieza un fenómeno de regreso hacia la Iglesia Católica.



En esta línea, vemos necesario que se establezca una cátedra de apologética, juntamente a la de ecumenismo y diálogo interreligioso, en todos los centros de formación para los agentes de pastoral (facultades de teología, institutos teológicos, seminarios, centros catequísticos, etc.). Al mismo tiempo sería oportuno que surgiera una facultad teológica especializada en apologética, destinada a profundizar la problemática del proselitismo religioso con todas las manifestaciones religiosas alternativas, como son la santería, los cultos afro brasileños, el espiritismo, el esoterismo, el ocultismo, el satanismo, la Nueva Era, etc.



Sin duda, un análisis atento de toda esa vasta gama de creencias religiosas sería de suma utilidad, no solamente para la actividad pastoral, sino también a la formación de los mismos agentes de pastoral (sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos), que, por desconocer estos fenómenos religiosos, se encuentran en la más grande incertidumbre. Por eso prefieren no abordar estos temas en la catequesis, las homilías o la consejería espiritual y, cuando se sienten interpelados al respecto, por lo general su respuesta es muy superficial, corriendo el riesgo de perjudicar más que ayudar a los feligreses.



El lugar ideal para establecer este tipo de facultad sería el Estado de California (USA), que representa un verdadero caldo de cultivo para el surgimiento de las más variadas expresiones religiosas.



Biblia y catecismo: un cambio radical en la catequesis presacramental



La Biblia representa el señuelo más grande, que utilizan los grupos proselitistas de origen cristiano para impactar y atraer a los católicos. Frente a ellos, normalmente los católicos se sienten acomplejados precisamente por desconocer la Biblia.



Entonces, me pregunto: “¿Por qué no enfrentamos el problema una vez por todas?” ¿Cómo? Empezando con la Biblia desde la catequesis presacramental, en concreto desde la preparación para la Primera Comunión.



Primero se presenta una panorámica general de la Biblia (Historia de la Salvación), utilizando la Biblia y un pequeño subsidio con todos los recursos pedagógicos posibles. Esto servirá para que el niño se vaya familiarizando con la Biblia. Después se pasa al catecismo, verificando en la Biblia todos sus contenidos. Al final se imparte un breve curso de apologética, fundamentando su fe ante los ataques de los grupos proselitistas. En otras latitudes posiblemente será mejor insistir en el aspecto del diálogo ecuménico o interreligioso, siempre partiendo de la conciencia de la propia identidad.



Lo mismo se tiene que hacer con la preparación para la Confirmación y cualquier otro tipo de catequesis, retiros, etc. Todo con la Biblia y nada sin la Biblia. Que la Biblia recobre en la vida del católico el lugar que le corresponde, como texto básico para alimentar su fe y punto de referencia obligado para cualquier asunto relacionado con la fe. Al llevar a cabo este proyecto, en pocos años el pueblo católico podrá contar con una plataforma y un lenguaje común en orden a la vivencia de la fe, la vida litúrgica y la acción pastoral, saliendo del enorme bache cultural en que se encuentra actualmente, sumido como está en la así llamada “Religiosidad Popular”.



De esta manera, en una forma sencilla y utilizando la infraestructura catequética de la que ya disponemos, será fácil aumentar la autoestima del católico, ofrecerle la herramienta básica para su maduración cristiana y al mismo tiempo crear un puente con relación a los que se encuentran en la línea ecuménica y un dique ante la amenaza de los grupos proselitistas.



Conclusión


Sin duda, el proselitismo religioso nos tomó totalmente desprevenidos, preocupados esencialmente por el diálogo ecuménico e interreligioso. Por eso logró causar grandes estragos en el pueblo católico del continente americano. Tratándose de un pueblo que aún cuenta con enormes reservas religiosas, muchos piensan aprovecharlas para ensanchar sus filas.



Es tiempo de reaccionar de parte de la Iglesia Católica. O pronto el Continente de la Esperanza se volverá en el Continente de la Pesadilla.




 



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