sábado, 20 de noviembre de 2010

NUESTRA SEÑORA DE LA PRESENTACION DE QUINCHE...


Fiesta: El 21 de noviembre. 

Nuestra Señora de la Presentación de Quinche es una bella escultura de madera tallada en el siglo XVI por Don Diego de Robles, un artista extraordinario a quien también se han acreditado otras populares y veneradas imágenes de la Virgen María. Nos cuenta la historia  que los que habían pedido la imagen no pudieron pagarla o no quisieron hacerlo, y el escultor la cambió a los indios  oyacachi por algunas tablas grandes de cedro que necesitaba. Poco tiempo más tarde, la imaginación popular enriqueció los hechos diciendo que la Virgen se apareció a los indios  antes en una cueva y que había prometido librarlos de unos peligrosos osos que devoraban niños. Los jefes indios se sorprendieron cuando vieron llegar a Diego Robles, quien llevaba la imagen de la Virgen a la que ellos reconocieron por tener los mismos rasgos que la Señora que se les había aparecido en la cueva y les había hablado. La imagen permaneció quince años bajo el cuidado de los indios, hasta que el obispo del lugar ordenó que se trasladara al pueblo de Quinche del que tomó finalmente su nombre en 1604. La imagen es una  fina talla en madera de cedro que mide 62 centímetros de altura. La bella escultura queda oculta por los gruesos vestidos de brocado bordados con hilos de  oro y plata y las joyas que sólo permiten ver su rostro moreno y sereno. La Virgen sostiene un cetro en su mano derecha y con la mano izquierda abraza al Niño que alza una mano bendiciendo y en la otra  mano muestra un orbe de oro coronado con una cruz. El pedestal a sus pies y la media luna grande de pura plata y  las pesadas coronas hechas de oro y piedras preciosas  que adornan las cabezas de la Virgen y el Niño, evidencian la generosidad de las personas de Ecuador a quienes gusta ver a su patrona resplandeciente, vestida con las mejores galas. La cara del Niño Jesús tiene rasgos que se parecen a los de los niños mestizos de esas montañas. Moreno  también es el color de la madre, la síntesis de las almas incas y españolas. Ella tiene una delicada cara oval con una nariz fina, labios delgados y  boca pequeña; los ojos rasgados y su  triste mirada con los párpados medio cerrados le dan una apacibilidad única. Por esto Ella es tan popular en Ecuador, especialmente entre los indios que afectuosamente se refieren a su protectora celestial como "La Pequeñita". Hay un número asombroso de canciones en el honor de la Virgen de Quinche, en las lenguas quéchua, jibaro y muchos otros dialectos de la región, así como en español; muchas se han cantado durante 300 o 400 años. La imagen fue coronada en 1943 y su fiesta se celebra cada año el 21 de noviembre. El actual templo se declaró Santuario Nacional en 1985. 


Los prodigios de la Virgen nunca dejan de sorprender a los que trabajamos para ella. La advocación de Nuestra Señora de la Presentación del Quinche pertenece al Ecuador, y es considerada la Patrona Nacional de ese país.

Su imagen fue tallada por Diego de Robles en el siglo XVI. Se cuenta que la Virgen se apareció a unos indios oyacachis (una tribu nativa al noreste de Quito) en una cueva y les prometió librarlos de los peligrosos osos que devoraban a los niños. Mientras tanto, los indios de Lumbici habían encargado a De Robles que confeccionase una imagen de la Virgen. 

Sin embargo, al no poder pagarle, aquél decidió cambiarla con los oyacachis por tablones de cedro fino, materia de su trabajo. Al ver llegar a don Diego con la imagen, se dieron con la sorpresa que era la misma que se les apareció en la cueva. Se dice que cuando edificaron un espacio para ella en una peña, aves cantoras empezaron a alegrar el lugar. 

También cuentan que por las noches, un resplandor hermoso circundaba la imagen de María. Poco a poco empezó a visitarla mucha gente de otras comarcas, por lo que decidieron construir una pequeña iglesia para albergarla. Luego se conocieron diversos prodigios que dieron a pensar a los indios que ella quería quedarse, por lo que reafirmaron su decisión.

Otra parte de la historia narra que Diego de Robles volvió a Oyacachi, y los indios le pidieron que construyera allí un altar para la Virgen. Éste se negó rotundamente alegando que tenía que regresar rápidamente. Ya de travesía, cruzando un puente por encima de un caudaloso río, el caballo que lo conducía lo lanzó fuera de su silla. Estando a punto de caer, pero uno de sus pies se atascó en los maderos del puente. Un par de viajeros que pasaban en ese momento lo rescató. Al momento que el accidentado iba a agradecerles, ellos desaparecieron. 

De Robles asumió esto como una señal de la Virgen, por lo que regresó y armó el tan ansiado altar.

En 1604, por orden del obispo la imagen fue trasladada al pueblo del Quinche. La imagen fue coronada en 1943 y su fiesta se celebra el 21 de noviembre.  El templo que la alberga actualmente fue declarado Santuario Nacional en 1985.

Por las tradiciones contadas, podemos notar la protección especial que la Virgen ofrece a sus hijos devotos.

La imagen de Nuestra Señora de la Presentación del Quinche es una hermosa escultura en madera, tallada en el siglo XVI por Don Diego de Robles, extraordinario artista al que se deben otras imágenes de María de gran popularidad y veneración.

Según algunos testimonios, la Virgen se apareció a los indios en una cueva prometiéndoles librarlos de los peligrosos osos que devoraban a los niños.  Por otra parte, los que habían encargado la confección de la imagen a Don Diego, no le pagaron por ella, por lo que decidió entonces dársela en vez a los indios oyacachis a cambio de unos tablones de fino cedro que este necesitaba para sus trabajos. Los caciques quedaron admirados cuando vieron llegar a Diego Robles con la imagen de la Virgen a cuestas y reconocieron en ella los mismos rasgos de la Señora que se les había aparecido y les había hablado en la cueva.  Sin duda, la Virgen quiso visitar primero a sus hijos mas pobres para atraerlos al Señor de los Señores quien ella lleva en sus brazos.

Quince años permaneció la imagen al cuidado de los indios hasta que en 1604, el obispo del lugar ordenó su traslado al poblado del Quinche, de donde finalmente tomó su nombre. La imagen, que es una fina talla en madera de cedro de unos 62 cm. de alto, está revestida por un amplio y hermoso ropaje de brocado cubierto de gemas, y bordado con hilos de oro y plata que sólo dejan ver su rostro moreno y apacible.  La Virgen lleva un cetro en la mano derecha y con la izquierda sostiene el Niño en actitud de bendecir, mientras sostiene una esfera de oro coronada por una cruz. 

A los pies de la imagen, la peana y la gran media luna, ambas de plata pura, y las pesadas coronas imperiales de oro y piedras preciosas, manifiestan la generosidad del pueblo ecuatoriano que gusta ver a su patrona resplandeciente, vestida siempre con las mejores galas. El rostro de Jesús evoca las facciones de los niños mestizos de aquellas sierras. Mestizo es el color de la Madre, síntesis del alma del inca y del español.   Su fina nariz está enmarcada por un delicado rostro ovalado de labios delgados y boca pequeña; sus ojos achinados y su mirada triste con los párpados entrecerrados o caídos le confieren una dulzura única.  Por eso esta advocación es tan popular en Ecuador, especialmente entre los indios que llaman con afecto "la Pequeñita" a su protectora del cielo.

Es de admirar la variedad de cantos que se entonan en honor de la Virgen del Quinche, con textos en quechua, en jíbaro y en otros diversos dialectos de la región y también en castellano; muchos de ellos se cantan desde hace cuatro siglos.  La imagen fue coronada en 1943 y su fiesta se celebra el 21 de noviembre.  El templo actual fue declarado Santuario Nacional en 1985.

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