sábado, 22 de noviembre de 2014

PECADO CAPITAL V

LA GULA

El Sol, la Luna y el Viento, que eran hermanos, fueron invitados por sus tíos, el señor Trueno y la señora Relámpago, a un banquete. Los tres fueron muy contentos, pero su madre, una Estrella, tuvo que quedarse sola en casa.

Cuando llegaron a casa de sus tíos, los tres se quedaron alucinados con los exquisitos manjares que habían preparado sus tios. Las mesas estaban llenas de toda clase de comida, así que se sentaron a disfrutar del banquete. Comían, comian, comian ahora un poco de aquí y luego un poco de allá, venga a comer, y cada plato era mejor que el anterior. 

Pero mientras que el Viento y el Sol solo pensaron en comer, comer y comer todas las exquisiteces que les servían, sin acordarse ni un poco de su madre, la dulce Luna no la olvidó. Así que cada vez que les servían un nuevo plato, la Luna escondía un poco debajo de sus largas uñas para que su madre también pudiese comer algo del banquete. 

Cuando volvieron a casa, su madre, la Estrella, les preguntó: ¿Cómo ha ido el banquete? ¿Os lo habéis pasado bien? ¿Qué me habéis traído? 

El Sol, que era el mayor, contestó primero: No te he traído nada mamá. Yo he ido al banquete a comer todo lo que podía. Para que te iba a traer comida pudiéndomela comer yo. 

A su madre no le gustó nada esa respuesta, pero esperó a que su otro hijo, el Viento hablara:- Yo tampoco te he traído nada mamá. Con lo que me gusta comer dulces.... había un gran conejo de chocolate... que mientras estaba comiendo los primeros platos estaba pensado en empezar a comerme ese conejo por la oreja ¿cómo esperabas que me sobrara algo para traerte?

La Estrella estaba cada vez más enfadada. 

Pero entonces la tierna Luna habló, alegrando el corazón de su madre: ¡Madre no te preocupes! ¡Mira lo que te he traído!. 

La Luna cogió un plato y empezó agitar las manos. Entonces, los manjares más apetitosos aparecieron delante de todos. La Estrella estaba contenta por lo que su hija menor había hecho, pero seguía enfadada con sus dos hijos mayores, así que decidió castigarles. 

Y le dijo al Sol: Hijo, como solo has pensado en comer y comer, sin acordarte para nada de tu madre, te castigaré con una maldición: de ahora en adelante todos tus rayos serán ardientes y quemaran todo lo que toques. La gente te odiará y se darán protección cuando aparezcas.Luego le dijo al Viento:- Tú también te has olvidado de mí mientras te atiborrabas a comer. Por eso cuando soples serás un gran destructor y la gente te odiara por destrozarles sus propiedades, y la naturaleza se marchitará a tu paso.
 
Por fin, se dirigió a la Luna: Hija mía, tu has pensado en mí. Has compartido el banquete conmigo te estoy agradecida. A partir de ahora serás siempre tranquila y brillante. La gente quedará encantada con tu presencia.




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