sábado, 17 de enero de 2015

SANSÓN Y DAVID

EL ARREPENTIMIENTO

Sansón fue demasiado lejos. Estaba atado con cadenas, le habían sacado los ojos y sus captores se burlaban de él en una mazmorra filistea. 

¿Por qué? A causa de dos áreas en las que estaba desprevenido: el orgullo y el sexo. David también tuvo una irresistible tentación. En un momento de debilidad fue víctima de la lujuria y lo pagó muy caro. Pero él no murió en la prisión como Sansón. 

En lugar de eso, siempre se lo recordará como a “…varón conforme a mi corazón [el de Dios]…”. ¿Qué fue lo que marcó la diferencia? ¡El arrepentimiento! En quebranto y humildad David clamó al Señor y encontró la misericordia y la gracia para poder levantarse. Para aquí y pregúntate: ¿Vivo una vida secreta de la cual sólo Dios y yo sabemos? ¿Me he permitido habituarme tanto a mi pecado que temo que no hay ninguna posibilidad de dar vuelta atrás?.
 
Nunca es demasiado tarde para empezar a hacer lo que es correcto. No puedes hundirte a tal profundidad que Cristo no pueda sacarte. Debes empezar por arrepentirte. “Arrepentimiento “quiere decir volverte de tu pecado”, confesando tu fracaso y reconociendo tu incapacidad de cambiar por ti solo.

Eso significa: pedir la fuerza del Señor. Deja de racionalizar lo que estás haciendo; sólo te estás engañando a ti mismo. Es posible que hasta ahora lo hayas guardado como un secreto, pero en última instancia será descubierto.

No sigas ningún día más sin caer de rodillas ante Dios y ora: “¡Lávame… de mi maldad…! ¡Crea en mí, Dios, un corazón limpio…!” (Sal. 51). ¿Has orado así? Si lo has hecho, ve a los que pueden fortalecerte y animarte. No trates de luchar tú solo; no lo conseguirás. ¿Y ahora qué? Pues, ¡incorpórate a la “carrera” y corre como nunca antes!


PAZ Y BIEN


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