viernes, 12 de septiembre de 2014

DEL TERCERO

«SANTIFICARÁS LAS FIESTAS» 
Para saber cuándo tenemos un motivo razonable que nos excuse de ir a Misa lo mejor es consultar con un sacerdote. Si no tienes un sacerdote a mano, y te urge solucionar tu duda, puede ayudarte la norma siguiente: Puedes dejar la Misa si, dadas las circunstancias en que te encuentras, dejarías también prudentemente un negocio de cierta importancia para ti . Si en esas circunstancias en que te encuentras tuvieras una ocasión única de cobrar cien mil pesetas, dejarías pasar esa ocasión? Pues la Misa vale más de un millón. Tiene valor infinito.
Son días de precepto: Todos los domingos del año. Santa María Madre de Dios (1 de enero). Reyes (6 de enero). San José (19 de marzo). Santiago (25 de julio). Propia de España. Asunción (15 de agosto). Todos los Santos (1 de noviembre). Inmaculada (8 de diciembre). Navidad (25 de diciembre). Ésta es la lista de las fiestas de precepto comunes. Pero en algunos sitios habrá que modificarla según las fiestas locales determinadas por el Obispo de la Diócesis.
Quedan excusados de ir a Misa los que tienen algún impedimento: una enfermedad que no permita salir de casa, un viaje que no te dé tiempo de oírla, el vivir lejos de la iglesia más cercana, una ocupación que no puede abandonarse, por ejemplo: los que cuidan enfermos y no tienen quien los sustituya.

Los cristianos santifican el domingo y las demás fiestas de precepto participando en la Eucaristía del Señor y absteniéndose de las actividades que les impidan rendir culto a Dios, o perturben la alegría propia del día del Señor o el descanso necesario del alma y del cuerpo. Se permiten las actividades relacionadas con las necesidades familiares o los servicios de gran utilidad social, siempre que no introduzcan hábitos perjudiciales a la santificación del domingo, a la vida de familia y a la salud.  

Que en no pocas Iglesias locales descristianizadas un 50, un 80 % de los bautizados viva habitualmente alejado de la eucaristía es un espanto, es una inmensa ceguera, es algo que no es posible sin una inmensa y generalizada falsificación voluntarista del cristianismo. Por eso a todos los cristianos alejados les exhortamos, como el apóstol San Pablo, «con temor y temblor» (1Cor 2,3), y «con gran aflicción y angustia de corazón, con muchas lágrimas» (2Cor 2,4). «En el nombre de Cristo os suplicamos» (2Cor 5,20): «no os engañéis» (1Cor 6,9; 15,33; Gál 6,7), pensando que la eucaristía no os es necesaria, «no recibáis en vano la gracia de Dios» (2Cor 6,1). «Miremos los unos por los otros, no abandonando nuestra asamblea, como acostumbran algunos» (Heb 10,24-25). 


Quiera Dios que estas páginas sean una ayuda para los cristianos que «perseveran en oír la enseñanza de los apóstoles y en la fracción del pan», y un estímulo también para aquellos cristianos que viven, que malviven, alejados de la Eucaristía, donde Cristo se manifiesta y se comunica a sus fieles.



DIOS LES BENDIGA


 

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