sábado, 19 de abril de 2014

ICONOGRAFÍA MARIANA 19/04/2014

VIRGEN DEL VERDÚN, URUGUAY
En 1901 se pone la piedra fundamental al monumento a la Virgen del Verdún, la Inmaculada, sobre el cerro. Y al año siguiente el papa León XIII concedió indulgencia plenaria a los peregrinos.
La subida al cerro es a pie y por un camino que tiene las estaciones del Vía crucis.
Minas, es una ciudad uruguaya del centro-este del país, es capital del Departamento de Lavalleja. Posee numerosas atracciones turísticas naturales, entre ellas las serranías.
El primer poblador del paraje fue un vasco francés de nombre Juan Bautista Berdum, a quien el gobierno de España donó esos campos en el año 1801; por esa razón los vecinos luego llamaron Verdún.

 “Venimos a ti María, Madre del alma,
venimos a confiarte nuestra plegaria.
Porque tú eres la Madre que escucha.
Porque tú eres la Madre que ama.
Porque tú eres una Madre que atiende,
y nunca nos falla.”


El Presbítero Don José De Luca fue Cura Párroco de Minas desde Noviembre de 1891 hasta abril de 1906. Su espíritu innovador y entusiasta concibió la idea, en el año 1900, de colocar una estatua de la Virgen en uno de los cerros que rodean la ciudad. “La imagen se traerá de Montevideo y se colocará sobre una columna de seis metros de alto…”

En el año 1900 eran propietarios del Cerro Doña Maria Ariza de Dartayete y su esposo Don Pedro Dartayete. El Padre De Luca les solicitó permiso para colocar una estatua de la Virgen en la cumbre. Doña María Ariza secundó y ayudó la Obra del Verdún, facilitando su casa para dejar la estatua conseguida en Montevideo, hasta su colocación. Prestó además su carreta para subir los materiales para el pedestal.

El 2 de Setiembre decía el periódico local: ‘La Paz Católica”: “La estatua de la Virgen que se pensaba colocar en el cerro Arequita, será puesta sobre la cumbre del Verdún. Se proyecta una romería, una gran peregrinación para el día de la inauguración”. El mismo diario algunos días después especifica el motivo que inspirador la colocación de la imagen en la cumbre del Cerro Verdún: “Será un cristiano recuerdo del siglo XIX y en los albores del XX, será un homenaje a Cristo Redendor y a su Inmaculada Madre y el primer acto de esta índole que se realiza en la República y que honra mucho a nuestro Departamento” (7.10.1900).

En la revista “Industria y Comercio” de Montevideo figuraba lo siguiente: “Uno de los panoramas más hermosos que ofrece la ciudad de Minas, es sin duda alguna la vista del cerro del Verdún. con sus 360 metros de altitud . .. Desde la cima se contempla la más hermosa vista de la ciudad de Minas y las sierras que la circundan. Por iniciativa del Cura Párroco, Don José De Luca, el 19 de Abril próximo se inaugurará una hermosa estatua de la Virgen, sobre un pedestal… La importante iniciativa está llamada a influir muy favorablemente en el progreso moral y material de la capital minuana…” Sin embargo, debido a la gran lluvia del día 19, la inauguración se realizó el domingo 21 de Abril de 1901. Vino una gran peregrinación de Montevideo en tren expreso. Entonces no existían carreteras ni autos.

Fueron padrinos de esta ceremonia el doctor Alejandro Gallinal y la donante de la estatua, doña Catalina O’Neill de Fernández.
El mismo día que en la plaza principal de Minas se abrían los cimientos del grandioso monumento a Lavalleja, del Escultor Ferrari, sobre la cumbre del Cerro del Verdún, se colocaban las primeras piedras del sencillo pedestal en honor de María Inmaculada.

La peregrinación fue presidida por Mons. Mariano Soler. Después de la Misa campal, el Arzobispo bendijo el pedestal. Asistieron más de 3.000 peregrinos. Desde entonces se siguieron con algunas interrupciones las peregrinaciones hasta nuestros días. El año siguiente el Papa León Xlll concedía a los peregrinos del Verdún la Indulgencia Plenaria: “Habiéndose colocado, según hemos sabido, la imagen de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada en su Concepción, sobre la cumbre del cerro “Verdún” que mira a la ciudad de Minas en la jurisdicción de la Arquidiócesis de Montevideo… Nos, para aumentar la religión de los fieles y salud de las almas, con piadosa caridad, usando los celestes tesoros de la Iglesia concedemos misericordiosamente en el Señor, “indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados a todos y a cada uno de los fieles cristianos de ambos sexos que visitaren dicha imagen en un día del año elegible al arbitrio de cada cual…” (Dado en Roma el 10-12-1902).


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